Mientras las negociaciones con el gobierno de Sebastián Piñera continúan en un punto muerto, miles de estudiantes chilenos volvieron a protagonizar ayer marchas multitudinarias en una jornada que había sido considerada decisiva para observar su fuerza o desgaste, tras 35 manifestaciones y cuatro meses de protestas.
La marcha tuvo un carácter festivo y pacífico hasta el final, cuando unos 500 encapuchados provocaron destrozos en la vía pública, lanzaron bombas molotov y se enfrentaron a Carabineros, que empleó bombas y gases lacrimógenos para disuadirlos.
También se manifestaron unas 10.000 personas en Valparaíso, sede del Legislativo, y unas 3.500 en Concepción, la tercera ciudad más poblada del país, así como unos 2.500 jóvenes en Talca y 1.000 en La Serena, según informan medios locales.
Esta jornada se consideraba
crucial para medir la fuerza del movimiento, que en su última manifestación, el 14 de septiembre, convocó a entre 10.000 y 20.000 personas, lejos de las más de 80.000 que logró reunir en las marchas realizadas en julio y agosto.
Los jóvenes iniciaron en mayo estas movilizaciones para exigir una reforma del sistema impuesto durante la dictadura, que obliga a los estudiantes a endeudarse para financiar sus estudios, y avanzar hacia una educación pública, gratuita y de calidad.

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