La fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, María Isabel Chorobik de Mariani, dialogó con REALPOLITIK sobre la búsqueda que lleva adelante para hallar a su nieta Clara Anahí, desaparecida el 24 de noviembre del 1976, luego del ataque a la casa Mariani Teruggi. En ese marco, “Chicha” también hizo referencia a la causa que investigaba a la dueña de Clarín, Ernestina Herrera de Noble: “Hicieron un análisis incompleto, pero para mí no está cerrado el caso”, aseguró.
RP.- Es sorprendente que todavía hoy haya gente que no sepa lo que pasó en la casa Mariani Teruggi.
Ocurre que es tanto lo que se ha trabajado y se ha adelantado, que es bastante difícil hablar de forma sintética. Y es cierto lo que dijiste, todavía hay gente que no sabe lo qué pasó en la casa. Es increíble pero no hay que olvidarse que hubo mucho silencio, generalmente por dinero, no tanto por convicciones, sino por miedo a hablar y que pasara algo.
La prueba está en que de los vecinos de la calle donde está la casa de mi hijo, apenas ahora han comenzado a contar uno o dos de ellos. Y son 36 años. Eso te dice que el terror estaba ligado a todas las familias, sobre todo en los papás con hijos adolescentes que no querían que les pasara algo. Ese era el temor más grande. Eso justifica para mí, aunque me da mucha pena, pero justifica, porque he conocido a la gente con miedo y su silencio.
Yo estoy ahora pidiendo a aquellos soldados que estuvieron haciendo el servicio militar en el 76 y 77, en el regimiento 7 de La Plata, que cuenten lo que saben.
Yo sé que por lo menos veinte soldados que hacían el servicio militar en ese momento, saben todo lo que hoy sé yo: que la nena salió viva de la casa; aunque esto lo supe siempre, pero siempre me salía también con el decir “la sacaron muerta para dejar fuera de contexto la búsqueda de Clara Anahí”.
RP.- ¿Vos tuviste conversaciones con algunos de estos soldados?
Sí, ahora, recién ahora.
RP.- ¿Y qué dicen?
Uno dice que él vio cuando la sacaban en brazos viva. Ojalá que a esa persona que la sacó en brazos yo la pueda ubicar, y no la puedo ubicar porque no tengo el nombre. Sí tengo la descripción, y la quiero hacer si te parece: era un hombre alto -de 1,80 más o menos-, flaco -muy flaco, y la cara más flaca aun-, con pelo largo -que yo pienso es que podía ser una peluca- un poco rubio y con rulitos. Y llevaba en sus brazos una criatura envuelta en una cortina o mantel o sabana, de color fucsia, con dibujos verdes, azules y blancos. Pero eso no lo sabíamos.
Pasó a pocos centímetros de este soldado, el 24 de noviembre del 76, que es el día del ataque a la casa. La saca inclusive otro hombre, que tiene como característica la corta edad, atraviesa la calle con ella en los brazos y la mete en una camioneta azul, supongo que era de la policía o de las patotas -más bien pienso de las patotas-. Ahí la pusieron a la bebita y salieron a gran velocidad hacía el hospital Italiano.
RP.- Este es un dato que te contó uno de los soldados…
Nos costó muchísimo, yo sabía que había un soldado por lo menos que había estado allí en ese momento, pero tardamos muchos años y no lo podíamos encontrar. Sin el nombre, sin saber dónde vivía, sin saber cómo era, al final él vino desde el exterior y llegó a la casa a verla por la ubicación y consejo de un hermano de él. Contó muchas cosas pero se fue sin dejar la dirección o no se tomó la precaución de tomarla.
A partir de ese día pasaron seis años hasta que al fin pude localizar el nombre, la dirección de este ser humano que ha sido tan beneficioso para mí. Declaró hace quince días por teleconferencia desde Bolivia. Yo esperaba que dijera lo que había visto con mi nieta, lo que sabía. Actuó de una manera tan respetuosa, tan veraz, que no se puede dudar que es una declaración totalmente verdadera, que no oculta ni tapa nada.
Unos días después le hicieron un reportaje en un diario, donde contó algo que me emocionó muchísimo, y aun ahora. Dijo que llevó un peso en el corazón terrible por lo que había visto y no podía contarlo. Se sintió dolorido por lo que le había tocado presenciar. Hasta que un día llega la notica de acá y yo habló con él y la familia insiste en que tiene que decir la verdad y se va armando toda la conferencia de prensa y la transmisión.
Ahora me entero, porque él se lo dijo a uno de los diarios del país, que se convirtió a la religión evangélica y se bautizó unos días antes de la conferencia de prensa. A ésta, en realidad, fue el juez a Bolivia, se tomaron todas las medidas y dijo todo lo que pudo decir, lo que recordó en el momento.
Y eso de que se quiso bautizar unos días antes, a mí me llegaba al alma. A partir de ese momento se siente más aliviado porque se sacó un peso del corazón, está tranquilo y está bien e invitó, y también yo, a los soldados de aquel momento que saben perfectamente que la nena salió viva porque lo comentaron en el grupo que comandaba el cabo Bazán de Enfermería.
Yo quiero que esos veinte soldados -por lo menos- que formaban la compañía de Bazán digan lo que ahora sé, que el milagro era que Clara Anahí salió auténticamente sana y entera.
RP.- ¿Qué pasó con la causa que ponía los ojos en Herrera de Noble, que entendía que su hija adoptiva podría ser tu nieta?
Nada, hicieron un análisis incompleto a pedido de los chicos de Noble que cerró el caso. Pero ese análisis no fue completo. Así que está esperando, aunque no está cerrado; incluso por Abuelas. Pero, repito, para mí no está cerrado. (www.REALPOLITIK.com.ar)
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