La valorable lealtad es algo que se paga bien en el kirchnerismo, y la flamante embajadora en Londres, Alicia Castro, lo sabe muy bien. El vicepresidente Amado Boudou fue uno de los primeros en salir a respaldar el nuevo destino de la ex azafata: “La Presidenta estima que va a hacer un gran trabajo, así como lo llevó a cabo también en Venezuela”.
La embajadora Castro también cargó con diplomacia las denuncias del ex embajador en ese país Alberto Sadous, quien denunció que los empresarios argentinos que querían extender sus negocios a Venezuela eran invitados cortésmente a pagar “coimas”. El caso sigue siendo investigado a paso lento por la Justicia local.
La designación de Castro en Caracas no había sido una decisión antojadiza del entonces presidente Néstor Kirchner. La presencia de Alicia había sido solicitada por el propio Chávez en abril de 2006. Pero la relación entre la ex azafata y el ex militar venezolano era de larga data. Alicia formó parte en 2004 del equipo de campaña por la reelección de Chávez; pocas personas ingresaban a algunos círculos del ex golpista.
La Justicia de los Estados Unidos aún reclama la extradición del oficial de inteligencia del ejército venezolano José Antonio Canchica Gómez, por una causa por espionaje y conspiración para el fraude. En enero de 2008 PERFIL publicó una foto en la que el buscado espía está al lado de Castro.
Una de las tantas iniciativas de Castro fue el famoso proyecto de la creación de una línea ferroviaria que uniese la capital venezolana con Buenos Aires. El plan se frustró en Brasil.
La llegada de Castro al Reino Unido no es casual, es parte de una estrategia que había sido adelantada por PERFIL en la edición del pasado 4 de diciembre. Ayer, Boudou aseguró que la elección de Castro “tiene que ver con poder plantear con toda claridad la posición argentina y la necesidad argentina de que se discuta en una mesa la recuperación efectiva de la soberanía sobre las islas Malvinas”.




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