Se repiten los asaltos cometidos por delincuentes que portan estos implementos. Los usan tanto para hacerse pasar como policías, como para protegerse ante un eventual tiroteo. En Jefatura buscan frenar las “desapariciones” de estos pertrechos.
En este 2012 que termina en horas, la vedette sin dudas de muchos delincuentes fue el chaleco antibalas, a la hora de cometer violentos atracos y enfrentarse con la Policía. En algunos casos, los ladrones los usan para disfrazarse como uniformados y así engañar a sus víctimas, pero en otros episodios directamente lo hacen para protegerse de un eventual balazo durante un tiroteo.
Desde Jefatura de Policía se apuran en decir que “no son policías de verdad y que no son chalecos de la fuerza”. Sin embargo, en varios allanamientos realizados este año por personal de Investigaciones Criminales se lograron recuperar estos chalecos, armas y uniformes que eran de policías cordobeses.
Fuentes policiales, pidiendo reserva de identidad, confirmaron la preocupación por la seguidilla de casos de ladrones “blindados”.
Hace pocos días, hubo un violento asalto contra una fábrica de calzados en San Vicente. El grupo de pistoleros se había hecho pasar por policías. El dueño alcanzó a llamar al CAP, fueron los móviles y se suscitó un tiroteo que terminó con uno de los oficiales herido. En la persecución, fueron detenidos cuatro hombres y se les secuestraron pistolas 9 milímetros y chalecos antibalas.
En estos 12 meses se registraron graves episodios armados entre ladrones y policías en calles de la ciudad. El saliente jefe de la fuerza, Sergio Comugnaro, lo reconoció a radio Mitre a horas de su partida: si bien dijo que el delito se mantuvo “normal”, aceptó que hay mayor violencia, y mencionó que 14 efectivos fueron baleados al tirotearse con delincuentes.
El último caso tuvo por víctima a un joven agente que iba de civil y que recibió cuatro tiros cuando se resistió al robo de su moto en Las Palmas. El uniformado se recupera.
Chalecos. Volviendo al punto de arranque, este año sobresalieron los episodios de golpes cometidos por bandas provistas con pistolas 9 milímetros, chalecos y hasta handies de la Policía.
En octubre pasado se registró un feroz asalto que, por fortuna, no dejó saldos fatales.
Una banda de delincuentes, varios con chalecos, uniformes y armas de grueso calibre, asaltó a un productor rural que llevaba 2,5 millones de pesos, sin la menor medida de seguridad, en un auto por barrio Talleres. El plan fracasó porque una vecina llamó a la Policía, que copó la zona y, tras un violento tiroteo, logró recuperar el botín. Si bien hubo detenciones, todos quedaron libres. Sin embargo, un sospechoso firme fue atrapado dos meses después.
A buscar en “el bajo fondo”. Ahora, ¿de dónde salen los chalecos? ¿Quién los facilita al hampa? ¿Quién los vende? ¿Se alquilan? ¿A cuánto?
“No son nuestros. Son de otras fuerzas policiales”, respondió tiempo atrás un jefe policial a este diario. Ahora bien, ¿cómo se explica que varios chalecos de la fuerza fueron recuperados en allanamientos en aguantaderos? “Sí, varios fueron chalecos nuestros, de los viejos, pero todavía sirven. Creemos que fueron robados a policías o bien alguno de los nuestros se pasó de bando y los vende o alquila. No sabemos”, confió un pesquisa.
Cuando se produjo el golpe de los 2,5 millones de pesos, el comisario general Ramón Frías (hoy titular de la fuerza) dijo que a los sospechosos se les secuestraron dos chalecos que habían sido “robados” a policías de Córdoba. “En el bajo fondo se compran este tipo de cosas y la ropa azul la tiene cualquiera. Eso hizo que parecieran policías”, señaló el exjefe del CAP.
La Provincia invirtió este año unos 18 millones de pesos para comprar 3.000 chalecos, a seis mil pesos cada uno.
Ahora bien, en “el bajo fondo” estos implementos se consiguen a precios mayores, según estimaciones oficiales.
¿Cómo llegan los chalecos a elementos del hampa?
Este año fueron detenidos varios policías por múltiples ilícitos. Pero sobresale el caso de un oficial por su presunta vinculación con asaltos domiciliarios. Este hombre directamente iba vestido de azul.
Desde Jefatura se empeñan en decir que son “varios” los casos de policías que fueron asaltados, ya sea en sus casas o bien en la calle cuando iban a trabajar. En esos hechos, fueron despojados de armas, prendas y chalecos: la figurita difícil.
También es cierto que se incautaron chalecos pertenecientes a otras policías y hasta del Ejército. Vale decir que en otros puntos álgidos en inseguridad –Buenos Aires y Rosario– operan bandas que actúan con estos implementos.
Desde hace tiempo, en la Jefatura se analiza que los policías tengan que dejar el chaleco antibalas en la dependencia donde trabajan, antes de volver a casa. “El arma tienen que tenerla, siempre, estén trabajando o no. Pero, el chaleco, a raíz de las desapariciones que hubo, va a tener que ser dejado en la base”, opinó un comisario.
Un valioso implemento
Qué son. Los chalecos a prueba de bala son el principal componente del equipo de protección personal de los efectivos de las fuerzas armadas, fuerzas de seguridad, policías, servicios penitenciarios y hombres de transportadoras de caudales.
Confección. Según el Renar, la mayoría de los chalecos funciona atrapando el proyectil en una red de fibras muy resistentes. Para la confección del tejido balístico se usan fibras poliaramídicas, que se comercializan bajo nombres como “kevlar” o “twaron”. Cuanto más capas de este tejido utilicen, mayor será la resistencia balística lograda.
Sobrevivieron. Varios policías salvaron sus vidas este año por llevar puestos sus chalecos.
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