En coincidencia con un nuevo aniversario por la masacre de Napalpí y con la edición 2010 de la Bienal de Esculturas, ayer se inauguró el primer congreso internacional de sobre lenguas en el Bicentenario. Lingüistas, docentes, escritores e indígenas acompañaron el acto de apertura en el remozado Domo del Centenario de Resistencia y las ponencias de destacadas figuras de Argentina, Colombia y Benin, África.
“Ninguna identidad se debilita en la diversidad, sino que todas las identidades se fortalecen en ella”, definió el escritor e impulsor de los foros de promoción del libro y la lectura, Mempo Giardinelli en su exposición de anoche.
Sentado junto al historiador Felipe Pigna, fueron los dos únicos conferencistas invitados para exponer sobre “Lenguaje y poder en la historia argentina”, presentados por el ministro de Educación Francisco Romero.
En el centro de su exposición, el presidente de la fundación que lleva su nombre insistió en la importancia de cultivar una comunicación de calidad: “En la coexistencia idiomática los intercambios son ineludibles y cuando una lengua es fuerte no hay invasión que la invalide, y una lengua es fuerte cuando está arraigada en los ciudadanos y más poderosa es cuando además la hablan bien”.
Para el consagrado escritor chaqueño el castellano americano está vivo y en permanente renovación porque es un idioma que lo hablan y escriben más de 400 millones de personas reparó que la creación literaria es en sí misma una marca de identidad idiomática.
Con semejantes conceptos, las exposiciones del lingüista africano Olabiyi Yai y del asesor gubernamental colombiano Jon Landaburu (ver aparte) delinearon el sentido y finalidad del encuentro. El panel inaugural que integraban también incluyó al presidente del Instituto del Aborigen Chaqueño Orlando Charole y el investigador y docente de la Universidad de Buenos Aires, Roberto Bein, que no pudo asistir.
Pero fue Susana Schlak, por la subsecretaría de Interculturalidad y Bilingüismo quien definió los objetivos del congreso: “Proponemos celebrar el Bicentenario con el debate de las lenguas de herencia y extranjeras, su problemática educativa y social y cómo replantear prácticas docentes para favorecer la integración”, planteó.
En el acto de apertura, el orador central fue el jefe de la cartera educativa Francisco Romero y entre los conceptos salientes consideró la fecha escogida para el debate, repasó las acciones con que el Estado chaqueño comenzó a reconocer los derechos de los pueblos indígenas en los últimos dos años y bregó por la necesidad de transitar por un camino de “descolonización cultural”.
“No es posible seguir hablando de respeto sin un pleno reconocimiento de la lengua”, dijo al argumentar la trascendencia de la oficialización de las lenguas qom, wichí y moqoít por la Cámara de Diputados de la provincia.
Romero también señaló que el congreso es un espacio concebido para bregar por una política lingüística de hermandad e instó a leer más libros en las escuelas donde los chicos sepan que la Masacre de Napalpí tiene que ver con ellos y con su historia.
“Somos sangre de los criollos, de las colectividades y también qom, wichí, abipón, vilela; es fundamental que en la tierra del chacú nos digamos que éste no es un evento más sino un hito para convertir la injusticia en justicia, los sonidos en memoria y lo monolingüe en plurilingüe”, definió.


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