En El Chañar hay poca agua y, según un estudio, en algunos lugares está contaminada

Un informe del Siprosa, realizado el 13 de marzo pasado, revela que hay pozos perforados que no cuentan con un sistema de cloración. En los tribunales se tramita una denuncia contra el comisionado rural Carlos Salazar (PJ).
Utensilios oxidados y con sarroLa comuna es un pueblo de 7.000 habitantes perteneciente al departamento Burruyacu. Desde hace varios años, los lugareños denuncian que la escasez de agua se produce porque las cortadas de ladrillos que proliferan en la zona consumen un gran porcentaje del vital fluido. LA GACETA estuvo en el lugar y dialogó con los vecinos.

¿CAUSANTES DE LA FALTA DE AGUA? Los vecinos de El Chañar están convencidos de que las cortadas de ladrillos dejan sin agua al resto de la población. LA GACETA / FOTOS DE ENRIQUE GALINDEZ

¿CAUSANTES DE LA FALTA DE AGUA? Los vecinos de El Chañar están convencidos de que las cortadas de ladrillos dejan sin agua al resto de la población. LA GACETA / FOTOS DE ENRIQUE GALINDEZ | Ampliar

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Juan Pablo Durán

LA GACETA

jduran@lagaceta.com.ar

Twitter: @jpduran75

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"No tengo nada que ver con el tema del agua"

Pasaron nueve meses desde aquella bochornosa madrugada del 29 de agosto cuando, en la localidad de El Chañar, la democracia tambaleó herida. La destrucción de urnas durante las elecciones provinciales del año pasado dejó en evidencia que en algunas ciudades del interior, las instituciones tienden a debilitarse, en la medida que más se alejan del control de la Casa de Gobierno. Y a nueve meses de ese incidente, la localidad de 7.000 habitantes que se erige en el departamento de Burruyacu volvió a ser noticia. Muchos vecinos denuncian que cada vez se les hace más difícil aprovisionarse de agua potable, y que el poco líquido que logran conseguir contiene elevados niveles de contaminación.

La falta de agua potable no es un capricho ni una obsesión de los habitantes del lugar. Un reciente informe del Sistema Provincial de Salud (Siprosa) reflejó que en algunos lugares de la comuna, los vecinos consumen agua contaminada. El informe fue firmado el 13 de marzo por la jefa del Departamento Saneamiento Básico, Graciela Ojeda, y revela que El Chañar cuenta con tres pozos perforados, dos de los cuales poseen un tanque de almacenamiento y equipos de cloración automática. Pero el tercer pozo de provisión de agua inyecta directamente a la red sin cloración. El estudio del Siprosa es contundente. Establece que en tres muestras de agua realizadas se determinó la presencia de bacterias indicadoras de contaminación "en número superior al permitido para agua potable". En la vecina localidad de "Cañada de Alsogaray" también se encontraron bacterias en dos muestras de aguas realizadas.

Pero los lugareños de El Chañar no sólo beben agua contaminada. La escasez del fluido, que se agudiza durante el período estival, también es un grave problema que las autoridades comunales todavía no pudieron resolver. Según los vecinos, la falta de agua se produciría a raíz de una actividad industrial que caracteriza a la zona: las cortadas de ladrillos. Los residentes de la localidad aseguran que estos emprendimientos comerciales ocupan casi toda el agua de la zona.

Esta situación, que fue denunciada en reiteradas ocasiones por los habitantes de la zona, motivó al peronista disidente, Enrique Romero, a denunciar penalmente al comisionado rural, Carlos Salazar, por presunto abuso de autoridad e incumplimiento de los deberes de funcionario público, malversación de caudales públicos, peculado y exacciones ilegales. La causa se tramita en la Fiscalía IX, a cargo de María de lasMercedes Carrizo.

El Chañar es una comunidad netamente rural ubicada en Burruyacú, al noreste de la provincia. La producción de cítricos y caña de azúcar sobresalen entre otra actividades. Apenas se ingresa por la ruta 304, El Chañar muestra el aspecto de un pueblo que no gozó -durante las últimas décadas- de los beneficios de la modernidad. Con casi la totalidad de las calles sin pavimentar y con poca iluminación, los habitantes deben pelearle además a la escasez de un elemento vital para su subsistencia: el agua.

LA GACETA realizó un recorrido por el lugar y dialogó con los vecinos de la localidad de El Espinillo, perteneciente a la comuna. A la vera de la ruta, Elizabeth Acosta accedió a conversar con este diario. "Desde hace una semana, más o menos, que estamos sin agua. Esta situación es cosa de todos los días, pero no sabemos bien a qué se debe. Todos dicen que es porque toda el agua va para las cortadas de ladrillos. Ya nos cansamos de protestar sobre la ruta pero nunca obtenemos respuestas", afirma la joven mujer. Explica que ante este cuadro de situación, los vecinos debieron recurrir a un servicio privado. "Todos los meses le pagamos $ 15 a una mujer que tiene una bomba y que se encarga de la distribución", agrega Elizabeth. Marcela Gómez se suma a la conversación y se queja de que el problema se vea agudizado también en invierno. "Si hoy estamos así, no queremos imaginar lo que nos deparará en el verano", pronostica, y seguidamente lanza una crítica en contra del comisionado rural (Salazar). "La mayoría de la gente tiene una pequeña bomba pero quiero aclarar que no es agua potable, nos mancha el baño y las ollas para cocinar debido a la gran cantidad de sarro. Hasta renacuajos hay. Al pozo lo maneja una señora, de manera privada, porque el delegado comunal no hace nada. Cuando falta el agua en verano, manda un tractor con un tanque, pero no podemos seguir viviendo así. Aquí es vox populi que el agua se la llevan las cortadas de ladrillos y que Salazar tiene varias cortadas que son de él. No sé si estarán a su nombre, pero es lo que toda la gente habla. También tenemos que pagar el alumbrado público, que es deficiente", se queja Marcela. José Marino Gómez ya superó con creces la barrera de los 80 años, pero maneja, con la destreza de un samurai, el machete que lleva en la mano. Cada vez que elabora un concepto, revolea 360 grados el filoso instrumento. "Aquí la provisión de agua es mala. Yo crío animales y es un problema para mí. En El Espinillo somos unos 600 vecinos los que estamos en problemas. El delegado comunal no vive en El Chañar y viene una vez por semana a trabajar", criticó don Gómez. Mientras LA GACETA dialogaba con los vecinos, se acercó Ana Ayala de García. Llevaba en su mano un jarro oxidado y cubierto de sarro en su interior. "Miren, así es como quedan los utensilios de cocina. Si así queda el jarro imagínese como deben quedar nuestros intestinos", graficó la mujer.

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