El cerco sobre la manzana

El cerco sobre la manzana
La ausencia por unos días, por motivos particulares, del Gobernador, no arrojó muchos comentarios, con una oposición un tanto aquietada por el receso invernal y con muchos problemas domésticos de armado interno y de proyecciones de cara al 2011.
Pero en los días en que Scioli dejó de estar en la pantalla televisiva con su infernal ritmo de cinco actos por día en promedio, el kirchnerismo, en la acción de algunos de sus operadores, activó algunas alarmas con lanzamientos y versiones que nunca dejan de ser descartadas de plano en las redacciones.

La presentación en sociedad de la ministra de Desarrollo Social Alicia Kirchner, como una nueva referente en la Provincia, y nada menos que de la mano de su hermano Néstor, abrió conjeturas. Una de ellas alude al cerco de la manzana que se puede estar construyendo en torno a la figura del mandatario, quien pese a su alineamiento incondicional, no renuncia a los pocos retazos de autonomía política personal.

Desde su círculo quieren resaltar que ya no hay delegados personales del kirchnerismo en el gabinete provincial, que todos son de molde provincial, por así decirlo. No parece ocurrir eso, con algunos ejemplos de funcionarios de una situación empática por encima de los patrones esperados.

Pero aún en el caso que se resalte la figura de ese gabinete autónomo e independiente (lo cual sólo sería un reconocimiento de una situación que debiera ser así de natural por tratarse de una Provincia), estos lanzamientos kirchneristas, que a todas luces parecen inconsultos, habla a las claras del status de subordinación al que permanentemente se somete al sciolismo.

Las palabras del Jefe de Gabinete provincial, Alberto Pérez, saliendo a respaldar esta nueva acción política de laboratorio confirmó este rol de reparto del oficialismo provincial, de ofrecer apoyos cuando no se los pidieron, o estos resultan obvios y no estar, al menos coparticipando, la usina que sigue siendo verticalista y centralistas, sin más lugar que para un poderoso matrimonio.

Por fuera de toda lógica que implicaría la importante proyección que prometen las encuestas con respecto a Scioli, Kirchner quiere mostrar poder a través de mostrar un futuro con o sin su otrora vicepresidente. Al menos en el lugar que este último quiere.

A manera de teorema político, el mayor alineamiento de Scioli con Kirchner fue inversamente proporcional al mayor respaldo que se esperaba de éste último. Cabe recordar que en 2007, la decisión del sureño de elegir a Scioli como candidato, hizo bajar al menos a cinco o seis ocasionales rivales. Hoy en día, en cambio, si bien se espera que haya una apuesta por su reelección, nadie hoy apuesta un pleno a que sea el único candidato o, lo que es más sorpresivo, su posible continuidad en la Provincia, ante otros planes que se tengan para él.

Ocurre que empiezan a sonar más nombres en aquellas discusiones en que Scioli era nombrado en soledad. A Massa se le suma Alicia Kirchner (quien suena como eventual compañera de fórmula provincial). Y la duda esta en si Néstor y Cristina extremarán recursos para el crecimiento en imagen de estos nuevos candidatos, ya no para prescindir de Scioli, sino para que éste colabore desde otros ámbitos para el triunfo del denominado "proyecto nacional".

Mucho ruido trajo por estas horas la versión de una ocasional e imprevista mudanza de Scioli hacia la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, de donde es nativo para recuperar allí terreno perdido y que ofrece importantes expectativas ante una debilitada figura de Mauricio Macri.

En ese distrito quien se dice kirchnerista también se presenta como "independiente" o "crítico" en apoyo al gobierno nacional, términos estos que suenan desafinados al patagónico. Por otra parte, si esos apelativos hubieran suscitado alguna emoción para generar más adeptos ante un perfil de votante muy exigente, todo hubiera quedado en suspenso. Pero, hoy por hoy, es mucha la ventaja electoral que se le concede a la oposición, aún dividida, y que luego se paga ante la hegemonía mediática y cultural.

Scioli podría aportar un kirchnerismo sin medias tintas que permita ir a todo o nada ante un público electoral que muchas veces, más allá de su politización, exige y mucho servicios de calidad a nivel municipal. Nadie asegura "a priori" que lo garantice, pero sí que podría instalar fácilmente ese tipo de discurso en agenda social y de los medios.

La otra versión que respalda la conjetura de la exclusión bonaerense es la de una virtual participación de Scioli en la fórmula presidencial del 2011, algo que podría, dicen, incrementar alguna intención de voto, a través de la llegada a un votante de clase media más independiente y menos politizado.

Para Scioli, la Ciudad Autónoma fue un amor no correspondido. Cuando iba a hacer su declaración, fue convocado para hacer su jugada política en Provincia, con final electoral feliz. Vicepresidente ya fue, con todos sus etapas de suertes y desdichas.

Ninguna de esas dos posibilidades le provoca gracia a Scioli, quien las niega en su entidad. Como tampoco le ha gustado su experiencia de candidato testimonial.

El interrogante es si realmente, ante esta eventualidad, Scioli está en condiciones de negarse sin sacar los pies del plato.

Muchos señalan que ya pasó ese momento en que se podían tomar determinaciones propias sin arriesgar toda una cosecha personal. A esta altura sólo resta el recurso de esperar a que terceros influyentes tomen sus decisiones.

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