En el centro reinan balcones endebles con mampostería a punto de caerse

Un recorrido por la zona céntrica devela que el accidente que sufrió Marta C. el martes, cuando un trozo de mampostería le cayó en la cabeza en Mitre 821, podría repetirse en otras direcciones. La Capital detectó inmuebles que a simple vista al menos intranquilizan por el grave deterioro de aleros, cornisas y balcones.
   La directora del Programa de Preservación y Rehabilitación del Patrimonio, María Laura Fernández, indicó que siempre que exista la posibilidad de un daño a un tercero es motivo de preocupación, “así sea un caso aislado”. Y aclaró que es el propietario quien tiene la responsabilidad civil sobre los problemas que pueda causar los inmuebles sin mantenimiento.

   La funcionaria detalló que la Municipalidad tiene subsidios disponibles para asistir a los propietarios en el arreglo de frentes deteriorados, e indicó que “las construcciones de cierta antigüedad a veces dan una impresión a la vista y no siempre responden a problemas estructurales, porque fueron hechas con técnicas y materiales nobles”. Claro que la situación se agrava si al paso del tiempo se le suma la falta de mantenimiento. En ese escenario es donde juega la responsabilidad civil del propietario.

   ¿Cuánto más resistirá la mampostería de un balcón que ya tiene varios tramos caídos? ¿Y las volutas que sostienen cornisas sobre las que crecen pequeñas plantas y formaciones vegetales? ¿Será que inquietan más de lo que amenazan las ornamentaciones que tienen más de un siglo sobre las fachadas vetustas?

   Por lo pronto, y según el relevamiento realizado por este diario, no son pocos los lugares en los que convendría al menos cruzar de vereda antes que pasar por debajo de los balcones.

   En Maipú 1029 el deterioro impresiona con tres balcones que ya perdieron varios trozos de material. En la cuadra siguiente, al 1026, un edificio de dos pisos también refleja el paso del tiempo y el abandono.

   En Rioja 1076 falta mampostería, el deterioro es profundo y el único signo vital es el de las plantas que crecen a porfía entre los ladrillos desnudos. “El filtrado del agua es una acción preocupante en los edificios sin mantenimiento”, corroboró la arquitecta Fernández.

   También intranquilizan los frentes de los inmuebles ubicados en Maipú 1128 y Zeballos 843, Buenos Aires 1152 y San Luis 659. En todos los casos hay balcones o cornisas con un importante grado de deterioro.

   En la lista de esquinas en las que se nota el paso del tiempo se anotan las ochavas noreste y sudeste de Maipú y Córdoba y Laprida y Rioja, respectivamente.

   También reclaman atención urgente la fachadas de Santa Fe 1296 y 1292. Además de Santa Fe 947, donde hay rastros de haberse desprendido un revoque muy antiguo.

   La casa de planta baja sin número situada en Entre Ríos al 600 al lado de una obra en construcción, muestra que con el paso del tiempo ya perdió varios de los ornamentos del techo. Parece que fue cuando nadie pasaba por allí, o tal vez algún milagro los hizo caer hacia adentro.

Experiencia. Hace un año, la locutora de LT8 Graciela Enriquez caminaba por calle Mitre al 700, a una cuadra del incidente del martes, cuando un trozo de mampostería le cayó sobre la parte derecha del cuerpo. “¡Cómo habrá sido la fuerza que traía que dejó un pozo en la vereda!”, recordó y dijo que se salvó porque el desprendimiento se anticipó con la caída de polvo de ladrillo que la alertó.

   “Si no hubiese sido por esa advertencia, ahora no estaría contando el hecho”, aseguró Enriquez y evocó la angustia del hecho, que la dejó aturdida y sentada en el cordón mientras era socorrida desde comercios vecinos, donde le aseguraron que era un accidente frecuente.

   Distinta actitud tuvo en cambio una empleada del lugar donde se desprendió el bloque, que le dijo en tono airado que allí no había pasado nada . l

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