El Centro Mandela denuncia un avance de la droga y la violencia en las escuelas

El Centro de Estudios Nelson Mandela dio a conocer un documento en el que traza un preocupante panorama sobre la situación en escuelas del sistema educativo provincial que la ONG dice que están penetradas por el consumo de drogas entre los estudiantes y la violencia de unos grupos sobre otros, todo como parte de un contexto de “degradación social y exclusión educativa”.
El documento, firmado por el coordinador del Centro Mandela, Rolando Núñez, advierte que “la violencia y las drogas están en todos lados”, con la diferencia de que en algunos colegios los directivos y docentes buscan combatir esa realidad y en otros renunciaron a frenar el proceso.

“Entraron y se quedaron”

“Es un fenómeno, evidente e innegable que la violencia y las drogas entraron y se quedaron en las escuelas. Están tomando dimensión soberana. Todo apunta a que el fenómeno se concentra en las escuelas periféricas, fundamentalmente en aquellas en donde la matrícula de alumnos se nutre de los sectores más desposeídos y excluidos. El sistema funciona ciego y sordo ante estos flagelos o no ha elaborado el diagnóstico apropiado y las soluciones”, dice el documento de la organización.

A ese cuadro, dice, “se agrega, desde hace bastante tiempo, la exclusión educativa que deriva no sólo de la violencia y de las adicciones, sino de las dificultades o impedimentos para aprender como consecuencia de que mayoritariamente estos sectores acarrean desnutrición, mal nutrición o anemia, además de profundos conflictos familiares, escolares y personales”.

“Este es el panorama en las escuelas pobres, lo que pone en evidencia el fracaso del Estado, que compromete a toda la comunidad educativa, a los niveles administrativos y a los de máxima jerarquía institucional y política de nuestra provincia. Como contrapartida, las escuelas ricas, especialmente las privadas, funcionan bajo los efectos de matices diferentes de violencia y de adicciones. Aunque gozan de un alto capital cultural, comparadas con las escuelas pobres, entraron en crisis por su escaso o nulo compromiso social”, marca.

“Lo más inquietante de este panorama desolador es que el tráfico y consumo de drogas en la escuela se ha transformado en una circunstancia normal para la comunidad educativa, que parece abatida o impotente. Los niveles administrativos superiores permanecen indiferentes al flagelo. Las estructuras institucionales y políticas no escapan a este panorama. El vacío de soluciones es completo”, afirma.

Combo nefasto

El informe considera que “producto de los fenómenos negativos que se reproducen en las escuelas, se ha deteriorado el sistema educativo aunque se persista en la negación de la actual crisis en los establecimientos escolares. Las situaciones de violencia, agresividad, acosos, adicciones, hambre, pobreza y exclusión, conformaron un combo que generaron un ambiente escolar negativo, con un nivel muy degradado de convivencia, hasta la etapa actual de vacío de contenido por el no aprendizaje”.

“Muchos de los chicos que forman parte del mundo de las deserciones y de las repitencias, que es lo mismo que decir el universo de adolescentes y jóvenes que forman parte de la exclusión social, económica y educativa, terminarán sus recorridos en los establecimientos penitenciarios”, advierte.

“Si fueran a la alcaidía de Resistencia, ingresarán a un territorio de violencia, delitos, tráfico y consumo de drogas y crimen organizado, del que forman parte funcionarios y agentes del Estado. No escapa a nuestra mirada que esto se nutre de la impunidad y del negocio de las excarcelaciones por dinero. Estas rutas explican porque vivimos en un escenario de total y absoluta inseguridad”, sostiene la ONG.

Como ejemplo del cuadro descripta cita los casos de cuatro establecimientos del Gran Resistencia que afrontan situaciones muy complicadas, y también el reciente intento de secuestro que sufriera el hijo menor del jefe de Redacción de NORTE, Sergio Schneider, en las puertas de la Escuela Normal. Sobre esto última señala que pese a la gravedad de lo ocurrido, un mes después del episodio la actuación investigativa de la justicia provincial se reduce a prácticamente nada, y apunta que ni siquiera las propias autoridades del establecimiento educativo parecen haberle dado a lo ocurrido la dimensión que merecía.

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