"Son errores infantiles y es lo que más irrita. Si el rival me hace un golazo es una cosa, pero si el error lo cometo yo es mucho peor, y más en este momento. El primero en hacerse cargo soy yo...
En el cuerpo técnico saben a la perfección cómo se dieron las cosas. Y el fastidio es muy grande. Alguien deslizó por lo bajo que en el fútbol moderno y más si se tiene en cuenta la experiencia de los futbolistas en cuestión, no debiera ser necesario ensayar ese tipo de jugadas. Entienden que los movimientos de pelota parada en la previa de cada partido siempre existieron y van a seguir llevándose a cabo porque de esa forma es donde se puede achicar el margen de error. Pero se sorprenden con las fallas cometidas en estas jugadas puntuales.
Vale el repaso. En el último partido, ante Douglas Haig, el primer gol nació de un pelotazo del arquero Guillermo Alvarez que Javier Yacuzzi cortó en la medialuna canalla, pero su sector quedó descuidado y por ahí llegó el gol del equipo pergaminense. En el segundo lo mismo, sólo que Miguel Alba eludió a Carlos Casteglione con un caño y después tuvo la fortuna de que su remate se desvió en la pierna de Nahuel Valentini y descolocó a Mauricio Caranta. ¿El tercero? También. Alvarez sacó largo, Leonardo Talamonti cortó de cabeza y Casteglione intentó asistir a su arquero pero la dejó muy corta para que otra vez Alba volviera a hacer de las suyas.
Pero no es todo. El último gol que le habían convertido a Central antes de este partido fue contra Independiente Rivadavia de Mendoza. Allí el pelotazo nació nuevamente desde el área rival y terminó con Peppino perdiendo en la marca contra Píriz Alves, Ferradas le ganó en carrera a Casteglione y remató. El rebote que dio Caranta quedó ahí nomás, muy cerquita del punto penal, y el uruguayo otra vez se impuso sobre Peppino.
Para que haya un gol es prácticamente necesario un error del rival. Pero a este Central se le está yendo la mano en ese sentido. Es tal la ventaja que entrega en cada pelotazo que llega de manera frontal que le cuesta demasiado caro.
Russo habló de contar con un mayor grado de concentración. La explicación no parece demasiado complicada ni mucho menos. Forma parte del abecé del fútbol.
Y el dato puede tomarse como "curioso", pero es visible y, lisa y llanamente, objetivo. Los achaques lo sufren, indefectiblemente, los defensores. El tema es si es sólo cuestión de nombres propios. Es que los futbolistas involucrados en esas jugadas fueron varios. Prácticamente todos los que tuvieron minutos en cancha.
Podría ponerse sobre la mesa también todos los otros goles en contra sufridos y que también le costaron puntos. Patronato le convirtió en el último minuto del primer tiempo de córner; Olimpo lo hizo a los 2' de iniciado el partido y algunos más. El tema es lo ocurrido en los últimos cuatro cachetazos. Todos con una concepción casi calcada.
Es tiempo de achicar el margen de error, como a Russo le gusta decir. Claro que los errores que se cometen en la definición también cuentan en el resultado final de un partido y también merecen corregirse, pero si de entregar ventajas se trata, Central hace lo posible y un poco más para sentirse el principal responsable de su mal momento.
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