Por Daniel Fernández CanedoFinalmente el Banco Central logró contener el precio del dólar y brindarle a la Presidenta una llegada a las elecciones del 23 de octubre con tranquilidad cambiaria .
Si bien la salida de capitales sigue a ritmo elevado, a partir de mediados de septiembre el dólar se mantiene clavado en $ 4,24.
El resultado no es producto de magia ni de una estrategia heterodoxa en materia monetaria sino de la vieja y tradicional venta de dólares y suba de tasas de interés para aquietar las aguas.
El mes pasado, la entidad que conduce Mercedes Marcó del Pont, se desprendió de US$ 1.500 millones de las reservas para abastecer la demanda de divisas.
Fue una cifra importante y este mes podría igualarla: en los primeros seis días hábiles el Central debió poner sobre la mesa más de US$ 600 millones para que todo siga en calma.
Pero no sólo de billetes vive el mercado y el Central decidió complementar su táctica con la venta de dólar futuro al mismo precio que al contado.
Así, le ofreció a los mayoristas (principalmente bancos) comprar dólares a fin de octubre a $4,21. Y a fin de febrero a $4,32 y lo planchó ; todo sea por la calma cambiaria.
En forma simultánea, la tasa para depósitos en los bancos comenzó a escalar posiciones aceleradamente: en diez días subió más de un punto y medio .
En otros términos, el depositante que hace dos meses le costaba conseguir 11,5% anual por una colocación a 30 días, ahora puede lograr más de 15%.
Y ayer, por depósitos superiores a un millón de dólares, había bancos que ofrecían hasta 18,5% para que los clientes dejasen los pesos en la entidad.
Cuando la tasa se acerca a 20% anual, los ánimos cambiarios tienden a serenarse y lo que se consideraba una suba probable del dólar después del 23 de octubre, comienza a perder fuerza .
Aunque con contradicciones y bastante demora, el Gobierno puso en práctica una política para frenar al dólar.
Sólo basta considerar que este año la salida de capitales supera los US$ 14.000 millones y el ritmo no frena. En septiembre se fueron cerca de US$ 3.500 millones y este mes no se nota un cambio en la intensidad.
La contradicción oficial surge de que si bien el Central vende dólares y permite la suba de la tasa de interés, por otra parte, ve como semana a semana tiene dificultades para colocar letras en los bancos y así vuelca más pesos al mercado que lubrican la compra de divisas.
De alguna forma es como si cerrase dos compuertas pero por una tercera dejase salir los pesos para alimentar al crédito pero, también, al mercado cambiario.
Con un resultado electoral definido, frenar la inercia de la salida de capitales pasa a ubicarse en el tope de los temas para empezar a resolver a partir de noviembre.
Mientras tanto, el mercado comenzó a sacar cuentas sobre la cantidad de reservas que tiene el Banco Central para hacer frente a los pagos externos, como lo prevé el proyecto de presupuesto del año próximo, y atender las demandas cambiarias.
Si bien es un concepto relacionado con los tiempos de la convertibilidad y desde lo práctico poco efectivo, la duda sobre si el Gobierno tiene o no “reservas de libre disponibilidad” vuelve a discutirse.
Esas reservas serían los dólares que sobran si se pudieran destinar todos los pesos a la compra de divisas.
El trasfondo es que si un Gobierno tiene muchos más dólares que los pesos existentes, siempre el Banco Central tendrá poder para frenar una corrida cambiaria .
El Banco Central tiene más de US$ 48.000 millones de reservas que convertidos a un supuesto dólar de $4,40 a fin de año darían más de $ 210.000 millones .
Con una base monetaria de $ 200.000 millones a fin de año y con la intención oficial de destinar US$ 5.600 millones de las reservas del Central al pago de la deuda, las supuestas reservas de libre disponibilidad serían cero o un número bastante cercano .
Desde ya que es sólo un cálculo, que la definición de reservas de libre disponibilidad puede ser cambiada y que esa definición sirve de poco con un esquema flexible para el dólar, pero marca que en algunos temas la abundancia quedó atrás .
En ese aspecto no faltan los que apuestan a que aprovechando la crisis en Europa y EE.UU. y la certeza de que el mundo crecerá menos el año próximo, el Gobierno aprovechará a alinear las principales variables económicas para adaptarlas a una realidad más austera .
Pero no todos piensan lo mismo. Desde el Gobierno, al ver ayer que la soja subía y superaba US$ 450 la tonelada y que los bonos argentinos daban un salto de importancia (el bono Bogar 18 de la provincia de Buenos Aires subió 20% en tres días) apostaban a una nueva era de bonanza aunque, se sabe, que ni una ni dos golondrinas hacen verano.

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