Central falló en varios de los conceptos que parecían estar claros en la previa

Central falló en varios de los conceptos que parecían estar claros en la previa
La mirada global es muy fácil de enmarcar. Central jugó un muy mal partido y por eso recibió el primer cachetazo. Pero ese traspié, que se dio en la presentación del equipo y nada menos que ante su gente.
La mirada global es muy fácil de enmarcar. Rosario Central jugó un muy mal partido y por eso recibió el primer cachetazo. Pero ese traspié, que se dio en la presentación del equipo y nada menos que ante su gente, encerró unas cuantas aristas, que por supuesto se congeniaron para que al canalla no le saliera una sola. Porque intentar buscar o apuntarle a una sola cosa, a un solo argumento en el cual tratar de encontrar la explicación de la derrota sería un error grosero. Los jugadores y el entrenador pensaron y diseñaron el debut de acuerdo a como lo imaginaron. De ambas partes hubo errores.

Un fondo desatento. Si hay algo que caracteriza a Miguel Russo es su insistencia porque sus equipos mantengan solidez en la parte defensiva. A partir de ahí es donde el DT considera que se puede edificar el resto. En la puerta del vestuario de la cancha de Los Andes, luego de un amistoso, el técnico fue claro en sus declaraciones. "Es cuestión de estar atentos y no dar ventajas porque si te hacen un gol después todo te cuesta el doble, más en esta categoría". Palabras más, palabras menos, fue la idea que intentó graficar. Desde esa base, difícil explicar los primeros 20 minutos de su equipo. Porque los dolores de cabeza en la última línea fueron muy elocuentes. Talamonti estuvo inseguro, Peppino se movió de la misma forma y los laterales no sólo no pesaron en ofensiva sino que no cumplieron con su primer postulado: defender. Más por el lado de Rafael Delgado. Encima, la salida de Paulo Ferrari obligó a mover fichas y ya nada fue igual.

Se sabe que cuando un equipo defiende tan mal como lo hizo Central en ese lapso del partido no es sólo culpa de los tres o cuatro del fondo. Generalmente son ellos, salvo alguna falla individual, los que se exponen cuando el primer dique de contención también presenta grietas.

Demasiado adelante. Recién comienza el torneo y ya suena un tanto recargar las tintas sobre la paciencia a la que Russo tantas veces hizo referencia. Pero el gol de Sarmiento sirve como ejemplo de que todo lo que se predicó falló en la puesta en escena. Si la idea era hacer circular la pelota, moverla con calma y atacar cuando la ocasión se presentara propicia, ¿cómo se entiende que a los dos minutos una pelota perdida en el mediocampo tomara a los puntas juninenses mano a mano con los centrales canallas? Otra tarea difícil. Después, la falla de Talamonti en el intento por impedir que Cerutti envíe el centro, y la pérdida de la marca de Peppino que provocó que Cuevas recibiera con total libertad y eligiera a qué palo ponerla son indisimulables. ¿Pero quién auxiliaba? Nadie. Delgado llegó con los justo, prácticamente sin la capacidad de entender qué posición cubrir. El resto, bien gracias. Un equipo partido al medio con apenas 60 segundos en el lomo. Así es imposible.

Generación, cero. Si la pelota no circula el juego no aparece. Una ecuación que se cumplió al pie de la letra. Partiendo desde que el uruguayo Freitas nunca pudo hacerse dueño del anillo central (habría que preguntarse porqué tuvo que pelearla casi siempre en inferioridad numérica), el mediocampo canalla fue una sombra. Hasta aquí Gagliardi había sido de lo mejor que había mostrado el canalla en los amistosos de pretemporada. Cuando Ferrari debió salir, Russo no encontró una variante mejor que retrasar al ex Instituto, quien no sólo demostró que le cuesta la marca en la última línea, sino que el recorrido de área a área se le hizo demasiado largo. Igual se las ingenió para llegar a posición de gol en la agonía del partido. Carrizo no fue solución, al igual que Lagos y el Sapito Encina, a quien la responsabilidad de la generación le quedó grande. Por supuesto con prácticamente nulo apoyo de sus compañeros.

Los nervios. Arrancar perdiendo tan temprano condiciona a cualquier equipo. En Central eso se potencia. La gente no entiende de diferenciaciones de procesos. Mide todo con la vara de la angustia acumulada y se pronuncia en consecuencia. Conclusión: ese nerviosismo modificó la hoja de ruta con la que el equipo había salido a la cancha y se notó. Y la aceleración se transformó en imprecisiones.

El gran atenuante es que se trató apenas de la primera fecha y que el camino es demasiado largo. Que va a tener "demasiadas piedras", según dijo Russo también en la previa. Ello no vulnera la idea de que es mucho el trabajo que hay por delante.

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