El medio campo "canalla" no elabora juego ni tiene la pelota, y eso deriva en problemas defensivos y ofensivos. El director técnico Miguel Russo podría hacer cambios para enfrentar a Chicago
Russo venía manejando un discurso en el que notaba cierto crecimiento desde el funcionamiento. Lo veía partido tras partido. Lo ratificó tras el empate ante Huracán, donde notó que el equipo había mostrado algunos indicios de mejoría. Pero este Central tiene un pero. Por eso es saludable reconocer que lo ocurrido en Banfield se trató de un verdadero retroceso.
Hasta el choque con el Globo incluido, el equipo, aún estando lejos del ideal futbolístico, evidenciaba algunos atisbos de solidez defensiva. Ni más ni menos que lo que el DT tantas veces hizo referencia en la previa del campeonato.
Sarmiento no le generó demasiado, contra Boca Unidos sucedió algo similar, mientras que con Huracán prácticamente no hubo sofocones.
En algunos de estos casos, como lo ocurrido en Corrientes, esos desajustes que existieron fueron maquillados por la eficacia en el arco de enfrente. Pero esa es la otra pata del análisis.
Ya con Banfield la cosa fue distinta. Porque el Taladro manejó las riendas durante la mayor parte del partido. Central sufrió varias ocasiones en su propio arco, aun cuando la cosa estaba once contra once (más allá de que con la expulsión de Lalo Pérez la cosa se complicó). Antes de eso el equipo también sufría.
Pero, se sabe, gozar de cierta solvencia en el fondo no es una cuestión que concierne estrictamente a los cuatro de atrás. Hay otros diques de contención que deben funcionar como tal y que en este equipo no funcionan.
Teniendo la pelota no sólo se le acotan las chances al rival, sino que es a partir de esa consigna donde comienzan a nacer las posibilidades propias. Ese trabajo este Central tampoco lo cumple. Al menos en su totalidad. Ahí entra en acción la otra arista analítica del porqué de este momento futbolístico, que muestra cierta falta de gol.
Sería un facilismo caerle con toda la dureza a Héctor Bracamonte porque hasta aquí no convirtió, insistiendo con que el ex Boca juega demasiado lejos y de espaldas al arco. Pero no es el caso.
La contundencia de un equipo no hace la puntería de su jugador de área, aunque eso ayude y mucho. Son otros los componentes que deben conjugarse para facilitarle la labor no sólo al 9, sino a la del resto de los futbolistas con vocación ofensiva.
Conclusión: tres goles en cuatro partidos (en dos de ellos el equipo no pudo convertir) es demasiado poco para un equipo con pretensiones serias.
Del medio hacia arriba se llevan probadas varias fórmulas. También más de un esquema. Pero la resultante no arroja datos positivos ni convincentes.
Hoy el andamiaje defensivo no es un bastión y lejos está de serlo. Pero no se trata de un equipo que camina rengo porque cuenta con inconvenientes en una de sus patas. La otra también debe ser atendida.
Las cuentas de este Central todavía están en descubierto. Que el camino sea aún demasiado largo aplaca en cierta medida la desazón, pero el saber equilibrar las finanzas futbolísticas debe ser una tarea de rápida resolución. Atrás y adelante hay cuentas por saldar.
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