El centenario de Estudiantes y la pobreza estructural del deporte olavarriense

Los albinegros anunciaron el pasado viernes los actos con motivo de los 100 años de vida. Golpearon muchas puertas para concretar otra propuesta y ninguna se abrió. Otro síntoma de una porción importante de la sociedad que no acompaña a su deporte ni a sus entidades deportivas.

Más allá de las sonrisas de ocasión, los agradecimientos protocolares y las frases de circunstancia observadas en la rueda de prensa del último viernes, Estudiantes tendrá un festejo de su centenario acorde con los tiempos que transcurren para el deporte olavarriense: es lo que hay y no lo hubiesen pretendido para un club de la gloria y la historia que se concentra en el Parque Carlos Guerrero.

Salvo la cena show prevista para el 28 de enero, la comisión del centenario hasta el momento sólo ha podido aglutinar una serie de eventos y episodios domésticos para darle sustancia al marco de un festejo único e irrepetible para la institución más imponente de la provincia y una de las más grandes del país.

No es lo que hubiesen querido ese esforzado, aunque reducido, grupo de trabajo que encabeza Silvia Pérez de Albéniz. No lo dijeron ni lo dirán públicamente, pero pensaron en otro contexto, que requería de otra respuesta de la sociedad olavarriense y de las fuerzas económicas de la Ciudad.

Pensaron en la selección de básquetbol, en Los Pericos, en Las Leonas jugando en el flamante piso de césped sintético; golpearon puertas y ninguna se abrió. En realidad sí, una se abrió, la de la Municipalidad de Olavarría, que no debe ni puede estar para sostener este tipo de eventos, ni de otro tipo, como asistir a los clubes de fútbol para que logren pagar los honorarios de loa árbitros de divisiones inferiores.

No existe un deporte, ni instituciones fuertes, sanos y pujantes sin un compromiso de la sociedad, y esencialmente de los más beneficiados. En este ejemplo que surge del centenario albinegro también sale a la luz la necesidad de un cambio de paradigma que ayude al deporte y a las instituciones deportivas olavarrienses a salir de esta decadencia.

Y el cambio de paradigma no saldrá de las actuales autoridades de la Dirección de Deportes, por incapacidad, por comodidad o por miedo a plantear una opción distinta a la vigente; tampoco de los dirigentes deportivos, demasiado necesitados de la ayuda municipal para satisfacer las necesidades mínimas para la supervivencia.

Tendrá que ser entonces el intendente Eseverri que se disponga a escuchar otras voces, atender otras ideas, analizar otros modelos. Olavarría se debe otra realidad para su deporte y sus instituciones deportivas.

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