Las empresas que dependen del transporte aéreo son las más golpeadas; problemas para Grecia
Pensemos en el caso de TUI, la mayor agencia de viajes de Alemania. Con todos los aeropuertos del país clausurados debido al peligro causado por la nube de cenizas volcánicas, la empresa, con sede en Hannover, tuvo que adoptar costosas medidas extraordinarias para traer de vuelta a sus clientes después de sus vacaciones en el Mediterráneo.
El sábado a la noche, TUI llevó en un vuelo a 540 clientes desde la isla española de Mallorca hasta Barcelona. Después de permanecer esa noche en hoteles pagados por TUI, los turistas abordaron una docena de ómnibus para viajar 20 horas hasta Fráncfort. Desde allí continuaron el camino a su casa en tren.
Los economistas han empezado a considerar cuándo y en qué grado los costos extras afrontados por empresas como TUI -por no hablar de las líneas aéreas- empezarán a afectar la ya tambaleante economía europea. Casi todos dicen que los efectos no serán catastróficos si el cielo se despeja pronto. Hubo algunos signos de esperanza en las últimas horas, cuando los aeropuertos de Fráncfort, Berlín y otras ciudades europeas fueron reabiertos parcialmente.
Pero un período más prolongado de clausura de los aeropuertos -o de alteraciones intermitentes en las próximas semanas y meses, mientras el volcán sigue en erupción y los vientos llevan las cenizas hacia Europa- podría empezar a tener un costo alto. "Dado que la recuperación de la economía de la eurozona es tan débil, ese hecho podría ejercer cierto impacto", dijo Daniel Gros, director del Centro para el Estudio de la Política Europea, de Bruselas.
Aunque la mayoría de los economistas no predicen que el volcán volverá a sumir a Europa en la recesión, existe el riesgo de consecuencias inesperadas que podrían agravar el perjuicio económico.
Por ejemplo, si la ceniza cae a tierra en mayores cantidades de las esperadas y crea un riesgo real o percibido para la salud, el ánimo de los consumidores podría experimentar una grave declinación.
"La gente se asusta y después ya no quiere hacer nada", dijo Jacques Cailloux, del Royal Bank of Scotland, en Londres. Aunque esa perspectiva es improbable, según dijo Cailloux, "es algo para tener en cuenta".
Aun cuando los efectos macroeconómicos sean limitados, las empresas que dependen del transporte aéreo ya sienten el golpe. Los productores kenianos, que producen el 35% de las importaciones de flores de la Unión Europea (UE), están perdiendo hasta dos millones de dólares diarios de ganancias porque no pueden enviar sus flores por avión a los mercados.
Los agricultores del norte de Africa y de Israel sufrirán el mismo efecto. Casi todos los productos frescos viajan por aire, por tratarse de artículos perecederos. "Europa es el mercado en el que obtienen mayores ganancias", dijo Aliza Fleischer, especialista en los efectos económicos del cambio climático de la Universidad Hebrea de Jerusalén.
Los fabricantes de productos de alta tecnología, como semiconductores y teléfonos celulares, podrían sufrir el desequilibrio de sus operaciones logísticas finamente coordinadas. "Donde más se podría sentir el impacto es en los artículos críticos para la producción: teléfonos, partes que son esenciales para las manufacturas", dijo Cailloux.
Como si Grecia no tuviera ya suficientes adversidades para hacer frente a su deuda, ese país podría contarse entre los más perjudicados si los problemas continúan durante un tiempo e interfieren en el punto más alto de la temporada turística. "Eso podría empeorar las cosas para Grecia, que, obviamente, necesita cada centavo que pueda conseguir del turismo", dijo Cailloux.
Potencialmente significativo, pero difícil de evaluar, es el efecto que tendrá sobre la productividad la interrupción de los viajes aéreos. "Cientos de miles de personas no podrán trabajar por encontrarse varadas en alguna ciudad extranjera", dijo Peter Westaway, desde Tokio, donde miraba fútbol inglés en un bar, a las 3 de la mañana, mientras esperaba noticias sobre su regreso a Londres. El efecto no será drástico si el cierre de aeropuertos no es duradero, pero sería significativo si la situación se prolongara.
"Si espero regresar el viernes y no regreso hasta el domingo, se trata de una molestia irritante, pero que no afecta al PBI -dijo Westaway-. Pero si no vuelvo hasta el miércoles, eso ya empieza a ser algo diferente."
No todo el mundo está disgustado porque los cielos estén vacíos. Los ómnibus, los autos de alquiler y las empresas ferroviarias se están beneficiando gracias al tráfico extra. Los hoteles colmados de pasajeros varados, también. "Hablé con algunos de mis estudiantes que están haciendo pasantías en hoteles -dijo Fleischer-. Están felices. Los huéspedes no se van."
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