Los medios brasileños señalaron al ex canciller y flamante ministro de Defensa como uno de los impulsores del acercamiento a los regímenes de Irán, Cuba y Venezuela
Luego de eso, ocupó varios cargos diplomáticos. Fue el representante de Brasil ante la Organización de las Naciones Unidas y embajador en Londres (2001-2002), entre otros puestos.
En 2003, con la llegada de Lula da Silva a la presidencia del país, Amorim volvió a ser nombrado canciller. Ocupó ese lugar durante los ocho años de mandato del líder del Partido de los Trabajadores.
Durante ese lapso estructuró una política exterior basada en la "independencia" de las potencias mundiales. Así construyó alianzas con los países de la región para fortalecer el Mercosur o poner en marcha la Unasur, pero también tejió algunos lazos que generaron grandes polémicas.
"Fue el artífice del alineamiento brasileño con alguna de las peores dictaduras del planeta", sostiene la Revista Veja. "Guió la política exterior para una embarazosa proximidad con el régimen nuclear de Irán, cuyo ápice de insensibilidad fue la negativa a condenar el apedreamiento de mujeres en ese país", agrega la publicación en su edición online. En ese sentido, Folha coincide en que Amorim protagonizó varias polémicas en torno al rumbo de la política exterior "como la proximidad con el régimen de Ahmadinejad".
El columnista de Veja Ricardo Setti fue muy duro con el recuerdo de Amorim como canciller. En un artículo publicado minutos después de la noticia sobre el regreso del funcionario al gobierno, el periodista sostiene que "su designacíon trae la peor parte de la herencia de Lula".
"Fue uno de los artífices, y el principal ejecutor, de una política exterior que con frecuencia avergonzó a los brasileños, con gestos como recibir con alfombra roja a un paria internacional como el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad", sostiene Setti.
El columnista también señala que esa política provocó frecuentes roces con Estados Unidos y Europa. Además, lo acusa de "frotar la cabeza de dictadores africanos y abstenerse, de manera vergonzosa, en sucesivas condenas de la comunidad internacional por violaciones a los derechos humanos en países como Sudán, Cuba, Siria e Irán". Por último, señala que "mantuvo relaciones calurosas con regímenes detestables como el de los hermanos Castro en Cuba o el de Chávez en Venezuela".
Su salida de la cancillería obedeció a un intento de la presidente Dilma Roussef de darle un perfil más moderado a esa cartera. Para ello, escogió a Antonio Patriota, actual ministro de exteriores.

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