La celebración de lo que ya fue

Por: Néstor O. Scibona.

El mensaje presidencial ante la Asamblea Legislativa tuvo a la economía en un rol protagónico, aunque al mejor estilo de Cristina Kirchner: con un atractivo relato de los brillantes logros socioeconómicos del período 2003-2011 y una omisión casi absoluta de los problemas que podrían empañarlos a futuro.

No hubo ningún sinceramiento de la inflación de dos dígitos ni de la necesidad de tornar útiles y creíbles las mediciones del Indec. Tampoco de revertir el paulatino deterioro de los pilares (superávits gemelos y tipo de cambio real alto) que cimentaron el éxito del "modelo". La única concesión fue admitir la última oleada de fuga de capitales, que la Presidenta atribuyó a cinco imprecisas corridas cambiarias, generadas por las "corporaciones", sin tener en cuenta que las propias cifras del Banco Central indican que 70% de la demanda de divisas en el tercer trimestre (antes y después de las elecciones primarias) correspondió a montos inferiores a los 10.000 dólares. Aun así, del 10.000 dólares. Aun así, del mensaje pueden decodificarse varias pistas de lo que será en lo económico el "modelo nacional y popular" del segundo mandato, con las decisiones centralizadas en la Presidenta y su ejecución delegada en ministros y secretarios ultraverticalistas, con Guillermo Moreno en un papel estelar.

El plato fuerte no será un plan macroeconómico coordinado entre distintas áreas, sino una suerte de ensalada mixta con ingredientes similares a los actuales, pero en otras proporciones. La única variante dialéctica es la "sintonía fina", eufemismo para justificar ajustes selectivos y medidas heterodoxas (como la quita de subsidios o frenos informales al giro de divisas).

Seguramente habrá más Estado (intervencionismo y regulaciones) y también políticas caso por caso (en sectores formadores de precios y exportadores), a ser concertadas por "mesas sectoriales" tripartitas. Allí podrían pactarse concesiones estatales a cambio de mayores inversiones. La virtual alianza con la UIA es un hecho.

En principio, esto aleja la idea de un pacto social generalizado. Pero deja sin definición si la actual inflación será un techo o un piso para 2012; y si se reducirá o no la indexación de la economía, cuyas principales variables (excepto dólar y tarifas) se movieron este año por encima del 35% anual.

Al destacar que no adherirá "al club de devaluadores ni de endeudadores", CFK produjo otras dos definiciones que tampoco despejan dudas. Si se desconoce la alta inflación, mal se puede hablar de la revaluación del peso y del alza de costos en dólares. Pero eso no quita que la relación peso-dólar se ubique hoy en niveles similares a la convertibilidad. A su vez, la saludable intención de no endeudar al Estado para financiar gastos corrientes no alude a la desaparición del superávit fiscal (ni a la financiación del déficit con emisión y reservas del BCRA), ni tampoco al postergado acuerdo con el Club de París, que podría aliviar el presupuesto de obras de infraestructura.

Más bien habría que suponer más controles cambiarios para cuidar reservas; un tipo de cambio moviéndose por debajo de la inflación; un mayor cierre de importaciones y comercio exterior compensado, especialmente con el Mercosur y América latina. En cambio, quedaron fuera del mensaje el déficit comercial de la balanza energética y la necesidad de sustituir importaciones crecientes con un shock de producción.

Otro dato clave es el encumbramiento de Moreno al frente de la nueva Secretaría de Comercio Interior y Exterior, que compartirá con su álter ego Beatriz Paglieri. Salvo para los empresarios ya habituados a negociar con el polémico funcionario, no se trata de una buena noticia. Sobre todo cuando CFK la presentó bajo la premisa de que "no puede haber reglas generales para todas las empresas" a la hora de mejorar la competitividad. El problema es que las reglas de Moreno no son generales ni escritas, sino telefónicas, discrecionales y arbitrarias. Y que esta repotenciación puede convertirlo en un virtual "superministro", ya que supone un aval a sus avances sobre otras áreas como Agricultura, Industria, Planificación, Cancillería, Indec, AFIP y hasta el BCRA.

También acota el margen de maniobra del flamante ministro de Economía, Hernán Lorenzino, un especialista moderado y conectado con el mundo, que quedará en medio de los métodos "barrabravas" de Moreno y la postura ideológica del viceministro Axel Kicillof, economista de La Cámpora proclive a defender políticas expansivas para impulsar el consumo y la actividad sin reparar en su efecto inflacionario.

Con esta ensalada de gestión y la economía operando casi al tope de su capacidad, las inversiones serán la clave para sostener la suba del PBI, que para 2012 apunta a desacelerarse debido a las restricciones internas y al impacto aún incierto de la crisis externa. Las políticas caso por caso pueden ayudar a algunos, pero no a todos..

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