Desde la división Bromatología de Salud Pública advierten que ningún restaurante de la provincia tiene en su menú platos especiales para celíacos como lo estipula una ley nacional. Además, sólo hay dos establecimientos autorizados para fabricar pastas y productos panificados.
La ley nacional 26.588 estipula que cada restaurante debe ofrecer dos platos para celíacos en su menú y un postre. Bromatología es el ente encargado de verificar que los establecimientos que quieran adaptarse a preparar comidas para celíacos, ya que las mismas además de tener ingredientes libres de gluten, deben cocinarse en un sitio diferente adonde se preparan los platos para que no haya contaminación. Éste es el principal problema por el cual muchos locales prefieren no prepararlos. Además, desde la repartición sólo registran dos establecimientos autorizados para fabricar productos panificados y pastas frescas para celíacos. “Aunque la demanda es mucha, la oferta de productos para celíacos por ahora seguirá siendo poca. Los restaurantes o empresas dicen que no pueden afrontar la inversión de tener maquinaria paralela destinada a hacer estos alimentos. Además, los celíacos no se van a arriesgar a comer en un lugar que no tenga las garantías porque eso puede perjudicar su salud”, explicó el licenciado Raúl Tomba, jefe de Bromatología.
En lo que se refiere a la venta de productos, en el centro de la Ciudad hay dos locales que se dedican a la venta de alimentos aptos para celíacos. Y también en la mayoría de los grandes supermercados hay góndolas especiales con estos productos. Pero en este caso, los precios y la falta de variedad son otros ítems que dificultan la alimentación de los celíacos. “Un kilo de premezcla barata de las harinas que sí podemos utilizar cuesta $15 y sólo alcanza para hacer dos panes. El medio kilo de fideos cuesta sobre los $25 y una cajita de galletas de 200 gramos puede llegar a valer hasta $12”, contó Nancy Rojas, presidente de ACELA, Asistencia al celíaco de la Argentina, filial San Juan. “Ése es un problema con el que debemos lidiar siempre. Además, muchas obras sociales no reconocen los $215 para hacer frente a la compra de las harinas”, agregó Nancy. Es por esto que desde ACELA trabajan constantemente dictando talleres para que las mamás y las personas celíacas puedan preparar sus alimentos.
“A los que más les cuesta adaptarse es a los niños, porque ellos concurren a cumpleaños y allí abundan alimentos que no pueden comer. Por eso, le recomendamos a las mamás preguntar a los organizadores qué comida van a servir y llevar su plato adaptado”, aseguró. “En las escuelas también se hace difícil porque no hay en los kioscos de las escuelas nada que los chicos celíacos puedan comer”, señaló. Nancy tiene dos hijos celíacos. Javier, que nació con este diagnóstico, y Carolina, a quien la enfermedad se le declaró cuando tuvo su segundo bebé. “Nosotros pasamos muchos años en casa sin comprar semitas o facturas hasta que yo aprendí a prepararlas. Es la única opción que encontramos hasta que la sociedad y los comercios estén listos para atender a nuestros hijos”, concluyó.
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