Son 190 hectáreas e incluyen un centro turístico.
En 2006, Carlos Alfredo Vidal y Juan Carlos Vidal (padre e hijo) iniciaron el trámite formal, con una nota ante la por ese entonces dirección provincial de Tierras, a cargo de Luis Martínez. La referencia a tope de página, como en la barra de "asuntos" de los correos electrónicos, indicaba la solicitud de tierras fiscales del perilago Mari Menuco.
Se trata de tierra virgen ubicada en la margen centro/sur (que luego deberían medirse en fino), "en el remanente de mensura del criancero de apellido Sáenz", uno de los tres puesteros que están asentados en los límites -o incluso dentro- de las tierras que fueron cedidas a los Vidal. Como contrapartida, el compromiso es invertir 1.478.664 dólares en cinco años para "desarrollar un proyecto vitícola con variedades aptas para obtener vinos de alta calidad". Juan Carlos Vidal afirmó que no tienen previsto pedir créditos al Estado.
Los trámites de la adjudicación, después de Martínez, se completaron ante funcionarios de menor rango, entre ellos Gustavo Celayes, a cargo de la subsecretaría de Tierras. El permiso de ocupación se otorgó en 5 meses.
El proyecto hizo base en una península arbolada conocida como "Bahía de los Pescadores". El camino para llegar no es el que podría imaginarse cualquiera que haya visitado proyectos similares: el contexto es poco amigable y el viento desafía cortante desde el oeste, arrastrando a su paso lo que las picadas petroleras removieron del piso. Así, en tierras todavía agrestes en el pozo 44 del yacimiento Lindero Atravesado y luego de pasar por la boca toma del canal Mari Menuco, a orillas del lago ya hay obreros trabajando, alambres y tranqueras. Prolijas y firmes tranqueras, que se distinguen de las de los puestos vecinos, son el primer signo de que se está frente a las tierras donde en poco tiempo habrá viñedos. Allí se instalará Bahía de los Pescadores.
Detrás de las tranqueras -tan recientes que los herrajes ni siquiera se han oxidado- construyen un galpón donde se acopiarán materiales. A un costado, en un predio que podría equipararse a una cancha de once en sus dimensiones, asoma el césped que crece a fuerza de riego. Enfrente se construye un quincho o casa pequeña. Del resto del proyecto, por el momento se ven las varillas de mensura desde el alambre a la costa.
En límites poco claros, un par de kilómetros al sur este están los hermanos Castillo, Primitivo Enrique y Ramón. Hace cinco años llegaron al lugar y desde ese entonces intentan trabajar la tierra. Ramón, como no tenía los papeles que los Vidal consiguieron, llegó a un acuerdo con sus nuevos vecinos -le prometieron una porción de 8 hectáreas- y convive en armonía. Su hermano, sostuvo Ramón, está dispuesto a presentar resistencia.
El más rebelde de los vecinos está un poco más al sur: Carlos Machado, quien dice que está dispuesto a repeler "a los tiros" a quien ponga un pie sin autorización sobre su tierra. En realidad, el predio pertenece a su suegro, José Sáenz, que de todos los que aspiran a las preciadas tierras, es el único propietario.
Todos los vecinos coinciden en que funcionarios de la subsecretaría de Tierras siguen de cerca lo que ocurre en el lugar.

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