Por qué no cede la compra de dólares tras el 50% de Cristina

Desde las elecciones primarias del 14 de agosto a la fecha la dolarización de activos que afecta a la Argentina se incrementó. Según datos que manejan en el mercado, el mes pasado la salida de capitales habría orillado los u$s 2.700 millones y el Central terminó agosto como vendedor neto de divisas por casi u$s 1.150 millones (aún no están los datos definitivos). La consultora M&S estima que de este monto, el 40% los vendió antes de las primarias y el restante 60% después.
¿Cómo se compatibiliza el hecho de que un Gobierno arrasa en las elecciones primarias ganando con el 50% y la gente responde comprando más dólares? Es posible plantear dos hipótesis de respuesta a este aparente contrasentido. La primera, que quienes compran dólares son mayoritariamente “el otro 50%”, que no votó a Cristina Fernández. La segunda, que la dolarización de activos que aqueja a la Argentina es un fenómeno aislado del proceso político local y altamente correlacionado con las turbulencias financieras internacionales.

Con respecto a la primera hipótesis, es posible que entre los minoristas que adquieren cobertura en dólares predominen “anti Ks”. Pero no son pocos quienes aún habiendo votado a Cristina reconocen que el modelo requiere un “service” y que mientras no se contenga la inflación, se impone tarde o temprano un reacomodamiento cambiario. Y obran en consecuencia adquiriendo divisas estadounidenses. Ni hablar si el real brasileño finalmente comienza a depreciarse como tendencia de fondo y desanda parte de la excesiva apreciación de los últimos años.

Si aún funcionarios del propio riñón K admiten por lo bajo que el peso “se quedó un poco atrás” ¿por qué no habría la gente de actuar en consecuencia y administrar sus ahorros de manera de maximizar los rendimientos y evitar eventuales riesgos? Con tasas de plazo fijo (la tradicional opción de inversión alternativa al dólar) negativas en términos reales (descontado la inflación) nadie podría tildar de “irracional” la adquisición de “verdes”. O la compra de un cero kilómetro, que ajusta su valor por los ascendentes precios del mercado.

En su último informe, la consultora Federico Muñoz & Asociados considera que la demanda de dólares no es “temporaria” sino que tiene “visos estructurales”. Afirma que la brecha entre la inflación y la tasa de devaluación transformó al dólar en un activo “relativamente barato”, por lo que “el público cree que ha llegado la hora de atesorar divisas” estadounidenses.

A diferencia de los cuadros políticos, no cabe esperar que en el gran público predomine la ideología por sobre el pragmatismo. Ni en materia económica ni en el plano electoral. El voto en la Ciudad hacia Mauricio Macri y Cristina Fernández, casi al mismo tiempo, deberían conformar evidencia suficiencia de esto.

Paradójicamente, inclusive para un amplio segmento de votantes K no radicalizados el imprevisto 50% obtenido en las primarias podría actuar como disparador de compras de dólares para cobertura, preventivas, ante un resultado electoral que consideran podría ser leído por sectores oficiales como respaldo para extremar ciertas actitudes de intransigencia.

En lo que se refiere a la segunda hipótesis planteada, ¿la fuga de capitales local depende exclusivamente del contexto económico mundial, dado que hoy ya es imposible aducir elevada incertidumbre sobre el resultado electoral?

Esta argumentación podría explicar ciertamente la salida de fondos de este año (rondará los u$s 17.000 millones) y del bienio 2008-2009 (anterior crisis mundial) por otros u$s 17.000 millones en conjunto, según datos del propio Indec. Pero en el mejor de los casos se trata de un fenómeno “asimétrico”: si bien explica la salida de fondos durante las turbulencias global, no logra responder la pregunta de por qué esos capitales no regresan en los “años buenos”, como 2006 o 2007. O lo hacen a cuentagotas.

Tampoco es plausible concebir la dolarización como una maniobra digitada por grandes inversores o importantes players del mercado. Según datos del BCRA, las compras de dólares son básicamente producto de una demanda minorista, extremadamente atomizada. El 45% de las adquisiciones de dólares son por montos de hasta u$s 10.000 en cada operación. Las compras importantes (superiores a u$s 100.000) no llegan a representar el 18% del total.

Como la economía no es una ciencia exacta, y está lejos de serlo, lo más probable es que la respuesta a la pregunta del millón (¿quién compra dólares en la Argentina?) sea un mix de ambas hipótesis aquí esbozadas. En el mejor de los casos...

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