Código genético

Por Alfredo Leuco

Máximo Kirchner, en el nombre del padre, se convirtió en la única persona sobre la faz de la Tierra capaz de refutarle una idea o de imponerle una acción a la presidenta de la Nación. Cristina es la mujer más poderosa de la Argentina pero su hijo la puede. Lo ama profundamente.

Es su preferido, como ella misma lo confesó. Florencia era la consentida del padre. Pero ella confía plenamente en ese grandote tan desalineado y parco como Néstor, que le cuida las espaldas. Es el poder en las sombras. No llega a la categoría de monje negro pero difícilmente alguien brille en el firmamento kirchnerista sin su autorización y, si su pulgar apunta hacia abajo, cualquier dirigente debe empezar a rezar. El que no lo crea, le puede preguntar al ya no tan “Amado” Boudou, que cayó en desgracia. O a cualquier dirigente de La Cámpora, la agrupación que fundó como guardia de hierro de la Presidenta. Están obligados a ser incondicionales, austeros, disciplinados y evitar cualquier tipo de diálogo con algún periodista que no sea tropa propia. Nadie puede concurrir a ningún programa de televisión sin el permiso de un nuevo personaje: Hernán Reibel Maier.

El domingo 2 de octubre, en este diario, en una columna titulada “De delfín a tiburón”, en las líneas finales me preguntaba lo siguiente: “Amado Boudou creció en dimensiones insospechadas. Genera admiración y envidia. Juega fuerte y sus ambiciones no tienen límites. ¿Alguien podrá frenarlo?”. La respuesta hoy es clara: lo frenó Máximo Kirchner. Le borró la sonrisa y le sacó la guitarrita. Los pibes de Máximo lo chicanean jugando con las palabras y la música: “¿Escuchaste La Mancha de Amado?”. El primer disgusto de Máximo también se describió en aquel texto: “A Boudou se lo ve hiperkinético, eufórico, altanero y un poco pasado de vueltas, como un potro desbocado. Varios intendentes del Conurbano carraspearon y se miraron cómplices al finalizar una cena en el quincho del Ministerio de Economía, cuando Boudou les dijo que lo consideraran como el nuevo Néstor Kirchner (…)”. Aquel comentario imprudente y hasta irrespetuoso, Boudou lo repitió en por lo menos dos ocasiones más en conversaciones con empresarios y gente de su entorno. No imaginó que Máximo Kirchner lo iba a escuchar. El jefe de los servicios de inteligencia, Héctor “el Chango” Icazuriaga, se comporta como un miembro más de La Cámpora. Fue el que le acercó a Máximo la cinta que grabaron los espías. Dicen que Máximo, en eso, también salió a su padre: consume con voracidad las escuchas clandestinas de todos y todas pero, especialmente, de los ministros del gobierno de su madre. Tiene los radares siempre abiertos para detectar traidores.

Amado y odiado, salpicó en su caída a Juan Cabandié. El legislador era el niño mimado de Néstor Kirchner. Todos los viernes iba a la Quinta de Olivos. Y si cometía algún error, Néstor le propinaba alguna de esas cachetadas que pegaba, y le decía “dejate de boludear, Juan y ponete a laburar”. Pero con Cristina es distinto. Néstor te cascoteaba, Cristina te fulmina. Nada grave hizo Cabandié. Sólo seguirle el tren a Boudou con el tema de los recitales. Pero cuando Amado fue a Sábado Bus, se terminó todo. Fue la gota que colmó el vaso: “Frívolo, noventista”, fueron las dos palabras letales que pronunció Máximo Kirchner. Su enviado en la Tierra es Andrés “el Cuervo” Larroque, pero el control obsesivo que exige de los medios de comunicación lo delegó en un ex cronista de la radio cordobesa LV2, recibido en el Colegio Universitario de Periodistas, ligado a la Iglesia católica. Hoy se gana la vida comunicando las novedades internas de Aerolíneas Argentinas. Hernán Reibel Maier se llama el cruzado contra los medios destituyentes pese a que hace tres años nomás escribió una columna en La Voz del Interior de la provincia mediterránea, que es propiedad de Clarín.

Pero la lucha es cruel y es mucha no sólo contra los tigres de papel de los diarios. Hay un plan aceitado para que Gabriel Mariotto y José Ottavis salgan a construir kirchnerismo auténtico en toda la Provincia, como publicó ayer PERFIL con la firma de Rosario Ayerdi. Tienen la orden presidencial de romper concubinatos y negocios sucios de los barones del Conurbano. Intentan una renovación generacional que les hace levantar la guardia a los viejos pejotistas atornillados en las intendencias. Mariotto ya la emprendió contra un dirigente de Hugo Curto pero dicen que es sólo el comienzo. Los dirigentes más importantes del Movimiento Evita y de La Cámpora aseguran que Cristina quiere sangre joven en las intendencias y entre las autoridades legislativas. Ella misma prepara su retiro. Lo aseguran con extraña certeza. La Presidenta dijo dos veces en forma contundente y pública que no intentará un tercer período. Y en privado, lo confirmó con un par de miembros de la Corriente Nacional de la Militancia.

Otra vez tienen una jefa y un jefe apellidados Kirchner. Cristina y Máximo. Lo único que le quita el sueño al hijo que administra el capital real y simbólico del padre es la insistencia de su madre en el discurso religioso. Estas palabras fueron escamoteadas por los medios K pero Cristina, entre llantos, en Las Parejas, dijo: “Quiero recordar en este momento el párrafo en el cual se refirió a mí, él siempre hablaba de mí y me miraba, es lo que más extraño, su mirada cuando yo hablaba, y él vino a contarles que esta compañera de toda su vida que era yo y que era la candidata a presidenta iba a ser una buena presidenta, que iba a tener mucho coraje y mucho valor, porque además era su mayor crítica, lo cual es cierto, cómo nos peleábamos, cómo extraño también esas peleas y espero que desde donde esté, que seguramente está con nosotros, se sienta orgulloso de mí. Es lo único que le pido a Dios todos los días, yo le prometí que iba a tratar de hacerlo quedar bien y que iba a hacer las mejores cosas que pudiera, espero que desde donde esté me escuche y me siga mirando como me miró toda su vida”.

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