Cóctel peligroso: la economía crece menos y la inflación va para arriba

Por Alcadio Oña

No es una buena noticia que la desaceleración de la actividad económica, ya ostensiblemente instalada, vaya acoplada a un proceso inflacionario que tiende a empinarse.

En principio, no es una noticia alentadora para la gente. Y tampoco debiera serla para el Gobierno, porque, llegado un punto, será difícil taparla con anuncios espectaculares que más de una vez intentan correr el eje de la realidad. Se sabe, la gente piensa con la cabeza y también con el bolsillo .

La consultora Ferreres y Asociados acaba de calcular que en el primer trimestre la economía creció un magro 2,5 %, respecto del mismo período del año pasado. Otras proyectan 3,5 % en todo 2012.

Sería un ejercicio inútil contrastar cifras con las que el INDEC cantó para 2011, porque están infladas: en el relato oficial, ese año la suba del PBI fue del 8,9 %. Según la mayor parte de los institutos privados alcanzó, en realidad, al 7 % o poco más del 7 %.

Esta temporada arrancó con los motores del consumo y la inversión bastante apagados. Y si se diese por cierto el 3,5 %, el resultado es que en 2012 la economía crecería la mitad que en 2011 . Primera parte de una noticia poco estimulante.

Segunda parte. Estadísticas privadas y el relevamiento que hace la oposición, en base a datos aportados por las consultoras, arrojan un salto del 2,3 % en el índice de precios de marzo, el quinto aumento mensual más alto desde 2007 . Mendoza y Chubut, dos provincias K, informaron 2,5 y 1,8 %, respectivamente.

Los datos están mostrando que, en efecto, el proceso inflacionario tiende a empinarse. Y más los de San Luis: 3,4 % para marzo y 24,7 anual.

Hace un tiempo que la inflación aparece entre las primeras fuentes de preocupación de la gente. Hasta ahora, tiraban la actividad económica y el empleo relativamente abundante, pero puede estar pasando, ya, que estos factores dejen de amortiguar la inquietud por el proceso inflacionario .

Medido por el INDEC, el índice de precios anual apenas llega al 9,8 %. Esto ya es cosa juzgada, pues nadie toma en cuenta varios indicadores de un organismo cuya credibilidad ha sido dañada definitivamente.

Queda a la vista que a veces patina feo el discurso oficial que levanta la bandera del papel del Estado en la economía. Por si no se sabe, el INDEC es un organismo del Estado, no del Gobierno .

Curioso modelo el kirchnerista, que por un lado niega la inflación y por otro la reconoce. Fueron autorizados aumentos para los peajes en ciertos casos del 22 % y en otros hasta del 33 %, con el argumento de que eran necesarios para compensar los mayores costos : ¿cuáles mayores costos, si la inflación es del 9,8 %? Sin embargo, en el mismo INDEC sobrevive un índice más cercano a la realidad: el costo de la construcción. En los últimos doce mes trepó 21,1 %, con algunas variaciones notables: 28,6 % en sanitarios; 27 % en mesadas de granito; 26,5 % para las instalaciones eléctricas y 23,6 % en la grifería.

Un trabajo de Alfonso Prat Gay, ex presidente del Banco Central y actual diputado por la Coalición Cívica muestra, por otra vía, la relevancia del proceso inflacionario: En septiembre de 2004, con 100 pesos era posible comprar 78 kilos de azúcar. En enero de 2011, el poder adquisitivo del billete había caído a 17 kilos y en abril pasado, a 11.

Otro ejemplo, la cerveza. Aquí la secuencia arroja 53,5 litros; 19 y 12.

En el caso del asado, en septiembre de 2004 con 100 pesos podían comprarse 16 kilos. En enero de 2011, poco más de 3 y en abril de este año, apenas 2,4 kilos.

Ultimo ejemplo, el la leche. Esta vez, la secuencia da 73,5 litros; 27,4 y 21,4.

Vale aclarar que el informe fue elaborado con precios de un supermercado bien de clase media o de clase media para abajo. Y revela cómo se fue achicando la capacidad adquisitiva de estas capas sociales.

Con alzas de precios como las de los últimos doce meses, cuesta imponer aumentos salariales inferiores al 20 % o del orden del 20 %, tal cual pretende el Gobierno para las paritarias que empiezan a definirse. Aún en aquellos gremios que pueden ser considerados cercanos al kirchnerismo, las demandas andan entre el 23 y el 25 %.

Asesores de empresas dicen que la desaceleración económica todavía no le pegó al empleo formal, o sea, aquél donde las normas laborales son respetadas. Pero en ramas antes muy activas, han desaparecido por entero el trabajo en los días sábado, las horas extras y los turnos que habían sido incorporados. Además, rige a pleno la regla contrato que se termina–contrato que no se renueva .

En el panorama completo también pesan ahora las restricciones a las importaciones, aunque en algunos sectores más que en otros.

Un consultor cuenta el poder de persuasión de los sindicalistas en ciertas trabas. “Llaman a Moreno, le dicen que tienen problemas con el trabajo y Moreno da vía libre a la importación. Entre peronistas se entienden”. Lo afirma un hombre que militó en el PJ.

Claro que, trascartón, el Gran Controlador le pega un reto al empresario del caso: “Qué hiciste, me mandaste al gremio”.

Seguro que algo de razón tiene .

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