Con una angustiosa paridad, en varios estados cada sufragio es determinante
Demócrata de alma, no tiene tiempo ni de mirarlos; está concentrada en lo que será su tarea durante las próximas tres horas: recoger a otros demócratas y llevarlos a los centros de sufragio anticipado, donde ya votan, desde hace días, miles de norteamericanos.
Es un servicio de "buena ciudadana" orientado a ayudar a Barack Obama a conseguir, el 6 de noviembre, otro mandato, algo que ella sabe que, en una campaña monopolizada por la mala economía, no es nada fácil. "Esto ya no se pelea estado a estado, sino casa por casa, y cada voto cuenta", dice Sanders a LA NACION.
Colorado, con sus nueve delegados en el Colegio Electoral, es un buen territorio para medir la angustiosa paridad entre Obama y el republicano Mitt Romney. El estado ofrece una especie de radiografía en pequeño de la guerra que se libra a nivel nacional. Allí se concentran los votantes clave -los hispanos, los jóvenes y las mujeres- y allí Romney aventaja a Obama por apenas medio punto.
Si las encuestas siguen así de apretadas, con una paridad a nivel nacional en la que un día gana Obama y otro Romney, lo que se proyecta para el 6 de noviembre es una larga noche de incertidumbre en lugar de un ganador claro. Una pesadilla como la que deparó la elección de 2000, entre George Bush y Al Gore, que tardó varios días para dilucidarse hasta que la vía institucional consagró el triunfo de Bush frente a un Gore que, sin embargo, había obtenido más votos, pero no en los lugares precisos.
"Hay que estar listos para todos los escenarios", dice Thomas Neale, un experto en temas de gobierno del reconocido Centro de Estudios del Congreso (CRS, por sus siglas en inglés), en una conversación en Washington, con corresponsales extranjeros, entre ellos, LA NACION.
Aquí, tierra adentro y rumbo al Oeste, donde el invierno pega sus primeros latigazos de nieve, el gélido fantasma de esa posibilidad se ve más de cerca.
"Obama ganará y lo hará en español", sintetiza, a modo de eslogan, María Walters, una nieta de inmigrantes mexicanos que trabaja en el hotel Doubletree, cerca del moderno centro de convenciones y que, en sus ratos libres, es voluntaria demócrata.
"Sólo en Colorado, somos más de un millón de potenciales votantes hispanos, una fuerza enorme. Pero el problema es que no están muy convencidos de ir a votar. Si nos movilizamos, podemos mover la aguja", dice.
Lo que aquí ocurre es prueba de cómo puede llegar a darse vuelta todo y de lo decisivo que pasan a ser estos dos ingredientes: un puñado de estados clave, entre ellos, éste y los votantes hispanos. Son 12 millones de personas que tienen enorme peso en esos territorios en pugna, como Colorado (el 14% de los votantes), Florida (el 16%) o Nevada (el 15%).
Es un doble valor estratégico que se lee en mapas electorales más minuciosos, capaces de decidir a último momento una visita relámpago de Romney o de Obama para levantar los ánimos allí donde sus campañas ven peligro.
Acompañado por su segundo, Paul Ryan, Romney estuvo por aquí el martes pasado y montó un show con roqueros y todo al que asistieron 10.000 personas enloquecidas con un candidato al que, hasta hace poco, no conocían mucho. Rápida de reflejos, la campaña de Obama montó una visita relámpago del presidente para el día siguiente. "Vamos a hacer historia otra vez, vamos a terminar lo que empezamos", prometió el presidente. Esta vez, unas 16.000 personas le dijeron que era posible.
La historia muestra, también, cómo se pueden dar vuelta las cosas. Hace cuatro años, Obama empezó aquí su camino formal hacia la Casa Blanca al lograr su nominación partidaria como candidato. Fue el viento fresco de una propuesta innovadora que conquistó a jóvenes, a la clase media y a las llamadas "minorías".
Arrebató así un estado que llevaba cuatro décadas de triunfo republicano. Pero hoy, todo eso está en juego. La última encuesta aquí da una leve ventaja del 0,4% a Romney con el 48,2% frente al 47,8% para Obama.
"Colorado es la prueba, en pequeño, de lo que está pasando en el nivel nacional. Es el estado que Obama tendría que estar usando como modelo de su proyecto. Y la verdad es que, a estas alturas, a su campaña le tendría que estar yendo mucho mejor", diagnostica Floyd Ciruli, un estratega político.
Los republicanos están convencidos de que lo que hace cuatro años fue el modelo de la victoria de Obama, hoy puede ser el de la suya. Para dar fuerza al simbolismo, montaron su fiesta de la noche electoral en el mismo sitio donde hace cuatro años Obama empezó formalmente su camino a la presidencia con la nominación como candidato demócrata: el enorme estadio deportivo Mile High.
"Es nuestra manera de anticipar cómo se termina el ciclo de Obama. Será una gran victoria republicana", pronostica el titular del partido republicano local, Ryan Call.
La historia se repite en los estados clave. El término viene de la noción de que la gran mayoría de los estados tienen un color político difícil de cambiar. Por ejemplo, las Dakotas se suelen considerar un bastión republicano, en tanto que Maryland lo es para los demócratas.
Otra es la historia en una decena de estados que pueden cambiar de color, incluso, dentro de un mismo proceso electoral. Otros estados se mantienen en el filo de la navaja. Esta vez entre ellos figuran Nevada, Colorado, Virginia, Ohio, Iowa y Florida, con sus codiciados 29 electores.
A eso se suma el hecho de que, en los casos específicos de Colorado, Florida y Nevada, el voto hispano es determinante para decidir el color electoral de un estado y así puede inclinar la balanza hacia un lado u otro.
Eso explica por qué Emily Sanders sale dos días a la semana a buscar votantes. "¿De verdad quieres saber cuál es mi sitio favorito de proselitismo?", se ríe, y luego confiesa: "La peluquería que una amiga mía montó hace un año, en Westwood [un barrio con mucha población hispana]".
"Allí apunto a un doble público: mujeres y votantes hispanos. Ellos son vitales para esta elección", dice. A sus 24 años, esta laboriosa hormiga de campaña parece tener todo un futuro como estratega.
LAS MUJERES, CODICIADAS
El electorado clave
En 2008 las mujeres votaron por Obama. Ahora, están indecisas, sobre todo las más jóvenes y de menos ingresos, que son el crítico 10% del padrón.
LOS ESTADOS CLAVE
11
Colorado es uno de los 11 estados que podrían decidir el nombre del próximo presidente. Encabezados por Ohio y Florida, esos estados tienen dos rasgos críticos: la campaña es allí pareja e incierta y cuentan con un buen número de delegados en el Colegio Electoral
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Del editor: cómo sigue.
La carrera es tan pareja que podría depender de dos condados de Ohio. Dos millones de personas decidirían por 310 millones, una debilidad del sistema electoral.



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