Hay quienes están convencidos de que si Catamarca se organiza en lo turístico, podremos seguramente hacer la diferencia y pasar al frente. Las provincias vecinas, donde el turismo funciona y deja millones anualmente, comenzaron precisamente imponiéndose un orden de prioridades.
De todas formas, este solo dato asusta. Las demás jurisdicciones largaron hace rato y nos llevan años de diferencia, al cabo que nosotros recién estamos buscando cómo incorporarnos. Por tanto, el tema o la pregunta crucial es: ¿las provincias vecinas, quieren sumar a Catamarca a las prácticas y destrezas puestas en marcha en el NOA en materia de políticas turísticas?
No pueden esperarnos
Con la velocidad y la competitividad que hay, nadie quiere un socio que no camine solo o que siempre venga tan atrasado. Paulatinamente, la provincia fue perdiendo oportunidades de integración. A esta altura, cuesta remontar y, por más apuro oficial que manifiesten nuestros funcionarios, pedir que nos sigan esperando da hasta cierta vergüenza.
De manera que, aunque las gestiones gubernamentales fueron realizadas y el planteo formalizado en reiteradas ocasiones, a los distritos vecinos les preocupa sobre todo el lento andar en materia de política turística de los gobiernos catamarqueños. Esto explica por qué nos esquivan o directamente nos dicen que no pueden esperarnos. En todo caso, me parece que lo mejor será que nosotros nos apuremos.
Lo grave es que mientras el NOA está siendo elegido como destino turístico, Catamarca se está quedando fuera. Lo malo es que los intérpretes de este fenómeno emergente suelen consolarse con contabilizar los turistas que pasan por nuestra provincia con destino a otra.
Por descuido, negligencia, desidia, flojera, indiferencia, apatía, inoperancia, inutilidad, incompetencia, ineptitud, el hecho puntual es que no participamos del buen momento que atraviesa la región.
Si no tomamos decisiones políticas importantes, vamos a tener que viajar a otras localidades para ver lo que es el desarrollo turístico porque aquí sigue siendo un discurso vacío y una proyección ilusoria. Lo queramos ver o no, la realidad es que estamos afuera.
Aliarse con la producción
En este marco, y bajo esta preocupación, consideremos que la belleza natural es un polo de atracción turística a explotar o desarrollar, pero también los centros de producción lo son o pueden llegar a serlo.
No hace falta ir muy lejos para comprobar cómo en tierras colindantes, las empresas locales tienen estructuras especialmente diseñadas para recibir y hasta hacer degustar productos de elaboración propia.
¿Sin vueltas? La producción le atrae al turista, pero en nuestro caso, salvo notables excepciones, la mayoría de las fábricas y empresas radicadas en Catamarca permanecen con las puertas cerradas a las escuelas o visitantes.
Las razones de la falta de apertura y colaboración entre la producción y el turismo no están del todo claro, a pesar del abordaje interdisciplinario e interinstitucional de la contemporaneidad. Incluso los emprendimientos olivícolas podrían revalorizarse desde el punto de vista turístico.
El sector relacionado al olivo, hoy en crisis, tendría un rol central en lo turístico mientras espera que las cosas mejoren. Las fábricas de aceites y productos relacionados con la aceituna son un verdadero atractivo para los turistas de cualquier parte del mundo. Empero, insisten con clausurarlas al público o son reticentes a mantenerlas abiertas.
¡Abran las bodegas!
La articulación entre el Estado y los privados es crucial para los tiempos que corren. Las empresas y bodegas tendrían que abrir sus puertas. Cabe señalar que Mendoza, La Rioja y San Juan, por ejemplo, lo hacen.
Por alguna cuestión, la estrategia de atar la producción con el turismo no fue considerada seriamente en nuestra provincia. ¡Abramos las bodegas catamarqueñas al turista! ¡Abramos las fábricas y los diferimientos para que se vean por dentro! Estamos a tiempo de que las actividades se apoyen mutuamente.
La casa es chica, pero
el corazón es grande
Lo bueno es que la Virgen del Valle siempre está, sobre todo cuando más la necesitamos. Lo que llamamos turismo religioso se mueve principalmente por gracia de la fe, y la Morenita no nos deja solos en este tema pues, con sobradas razones, Ella es la Patrona del Turismo.
Cabe recordar que nuestros abuelos y padres durante 10, 15, 20 años seguidos, y más todavía, contuvieron a los visitantes, en una relación con los devotos tan estrecha que llegó a ser casi familiar. (Aspecto tanto o más importante que contar actualmente con WI-FI, si consideramos que es lo que viene a buscar el turista en Catamarca).
Con un trato maternal, además de brindarles cama, comida y agua caliente, la dueña de casa recibía a los inquilinos y los atendía como a sus propios hijos. El regreso de las visitas podía repetirse varias veces al año por distintos motivos.
El punto es que como anfitriones, nuestros mayores mantuvieron la hospitalidad típicamente catamarqueña, y aunque no vivían de esta sana actividad gratificante, con actitudes movidas fundamentalmente por la fe, ayudaban al prójimo y se ayudaban.
Con estas costumbres, ratificaron año tras año a Catamarca como la “residencia de la simpatía” y, por supuesto, como gente de profunda religiosidad. Fue la verdadera reserva turística que se mantuvo por décadas, mientras los gobiernos se perdían en laberintos oficiales y los privados permanecían con la mirada extraviada.
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