La mediación judicial pedida por el fiscal de Instrucción, Oscar Obregón, para encontrar una solución alternativa a la ocupación masiva de terrenos de Castelli, comenzó ayer a la tarde, pero la posición de unos y otros hace difícil vislumbrar un acuerdo definitivo
La visión del intendente
El intendente de Castelli, Leonardo Yulán, y su equipo de gabinete reconocen el déficit habitacional, pero consideraron que estas ocupaciones están destrozando la posibilidad de tener un crecimiento ordenado de la ciudad.
Es que los ocupantes directamente atentaron contra un plan acordado para instalar en Castelli, una delegación del Senasa, del Pami, dos extensiones áulicas de la UNNE y de la Universidad Austral, un escuela, un instituto de celíacos y hasta un estadio deportivo.
Yulán se queja de las críticas dela provincia y considera que tanto el gobernador Jorge Capitanich como el vicegobernador, Juan Carlos Basileff Ibanoff, deberían tomar en cuenta todos los aportes que hace la comuna para contener socialmente a la población local.
El intendente repite los mismos conceptos de los otros jefes comunales radicales: el gobierno no distribuye en forma equitativa la ayuda social rozando el uso político de las mismas.
Durante una entrevista con NORTE aseguró que en parte las ocupaciones se dieron cuando la Policía del Chaco debió reducir su presencia en el interior para brindar seguridad a la presidenta Cristina Fernández que encabezó los actos del 25 de Mayo.
Señaló que “hay más de diez predio privados en conflicto, de los cuales 3 son privados y los 7 restantes públicos. Los tomaron gente con plata, ex funcionarios judiciales, policiales, de la provincia e indigentes”.
Dos tandas de ocupaciones
Sin embargo, las denuncias y expedientes que hay en sede judicial ilustran un panorama diferente. No comenzaron cerca del 25 de Mayo como aseguró, sino en abril y continuaron hasta esta semana.
El primer expediente se inició por una llamada telefónica a la comisaría de Castelli que inmediatamente comprobó los hechos y comunicó a la Justicia para que inicie la instrucción penal.
Los investigadores determinaron claramente que hubo dos tandas de ocupaciones masivas que se sumaron a las tantas que se vienen registrando desde hace varios años, más de cuatro para algunos, más de 10 según otros.
Pero en las últimas se afectó espacios reservados para instituciones públicas tanto nacionales como provinciales y se generó una polémica porque estalló en un momento político muy diferente: las elecciones.
Un cordón de okupas
La avenida Güemes de Castelli es el corredor de los okupas que asentaron de punta a punta y en poco tiempo más podría llegar a traspasar los límites comunales invadiendo el ejido de Miraflores.
Esta vía de circulación se abrió en forma paralela a la vía del tren y con el paso del tiempo quedó en medio de la ciudad. Al recorrerla se pueden observar las excelentes construcciones del ferrocarril conviviendo con carpas improvisadas y nuevas casas de materiales.
Estas últimas pertenecen a aborígenes que llegaron a los límites de la urbanización hace casi un lustro. Con el paso del tiempo consiguieron planes de viviendas, unas 50 según los caciques del barrio.
Uno de los que accedió a hablar con NORTE admitió que aprovecharon las últimas ocupaciones para llamar “a otros hermanos” que montaron sus precarias casas en los lugares libres, unas 20 aproximadamente.
En medio de estos asentamientos sorprende un chalet de materiales con techo de paja a dos aguas y un acondicionador de aire. Cabe la pregunta cómo una persona sumamente necesitada pudo construir una casa con todas las instalaciones.
El gringo
A pocos kilómetros del lugar, atrás del nuevo hospital de Castelli-un complejo enorme complejo edificado por el programa Sueños Compartidos aparece el asentamiento que dirige el gringo Oscar Acosta.
Acosta fue uno de los que se animó a ubicarse en el lugar tratando de conseguir una parcela para concretar su sueño vendiendo su auto, un Polo usado pero en muy buen estado.
Él tiene 5 hijos, uno con síndrome de down. Desde que regresó a Castelli está buscando un lugar para su hogar. Asegura que habló con todo el mundo, le prometieron de todo pero hasta ahora solo tiene una tienda protegida por una imagen del Gauchito Gil.
Con orgullo relató que cuando era chico dormía en los vagones del ferrocarril y por eso conoce como la palma de su mano el lugar donde está. “Acá era el patio de maniobras que formaba una suerte de triángulo, nosotros estamos en el medio”, dijo.
En el predio hay varias familias, entre ellas una que vive en un auto como lo hacían los hippies, pero en vez de usar una Volkswagen combi , tiene un Renault 12 de la década de los 80. Muy cerca se ven las primeras paredes de ladrillo.
Las 100 chicos
Cerca del mediodía, manejando el ciclomotor Zanella apareció Ignacio Garnica, el delegado de otra toma enclavada a pocas cuadras del centro. Con cara de pocos amigos comenzó a charlar y casi de inmediato entró en confianza.
Confesó que “él como el resto tomaron esos lugares porque todos los años alguien hace una ocupación y ellos no se querían quedar a fuera de este movimiento que cobró auge en las últimas semanas”. Aprovechó la ocasión para denunciar “a otros comerciantes chicos ubicados a la misma distancia de la vía, pero como son amigos de la municipalidad son considerados legítimos propietarios pese a estar en terrenos fiscales”.
Cuando terminó su declaración destacó que “en su asentamiento viven 100 chicos que necesitan comer y tener cubiertas sus necesidades básicas por lo que pidió la ayuda del Estado.
Sin palos, ni rostros tapados
La mayoría de los ocupantes poco se asemejan a los piqueteros de Resistencia porque ninguno de ellos está armado con palos ni tiene el rostro encapuchado, quizás todos los conocen y no es necesario apelar al anonimato. No se consideran desocupados, menos aún militan en organizaciones sociales. De los cientos entrevistados sólo uno mencionó trabajar con los planes sociales de la Nación, pero no quiso dar sus datos personales.
Todos tienen motos para movilizarse, la mayoría son modelos antiguos que seguramente transitaron las calles de grandes ciudades y por una cuestión del destino terminaron en las calles de Castelli.


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