El 73% de casos de VIH se debe a relaciones heterosexuales sin protección

Este año se consiguió que en ninguno de los 31 partos de embarazadas seropositivas en Entre Ríos, se registrara transmisión del virus de madre a hijo. Las relaciones sexuales sin protección siguen causando estragos.
Una relación heterosexual sin protección, o sea sin uso del preservativo, explica hoy en Entre Ríos el 73% de los casos de pacientes diagnosticados con el virus de inmunodeficiencia humano (VIH).

La proporción ha ido variando de modo sostenido a lo largo de las últimas dos décadas de análisis de la evolución del sida en la provincia, al punto que en la actualidad la pandemia se ha “feminizado” de modo pronunciado: este año las cifras dan cuenta que el 63% son hombres, y el 37%, mujeres.

Los datos están contenidos en un informe elaborado por el Programa Provincial VIH Sida de la Provincia a propósito de la recordación que tendrá lugar este jueves, Día Mundial de Lucha contra el Sida.

Los datos muestran que los casos diagnosticados en Entre Ríos marchan en una curva ascendente, en las dos primeras décadas de estudio de la pandemia, cuyo conteo comenzó en 1988.

Las autoridades sanitarias estiman que en la provincia hay alrededor de 3.500 personas contagiadas por el VIH, de las cuales se cuenta con 1.478 diagnósticos; en tanto, en tratamiento en los hospitales públicos, 850 personas.

Eduardo Elías, jefe del Programa Provincial VIH Sida, observa eso mismo, que los diagnósticos, obtenidos por las notificaciones brindadas desde los distintos puntos de atención en hospitales públicos de la provincia, “han ido en aumento en estos últimos años, desde el año 2008 al año 2011 principalmente. Esta situación se debe a la buena dinámica en la comunicación con los sitios de atención, a la promoción del testeo, al trabajo continuo con la comunidad en general y a la comunicación intersectorial, favoreciendo así la notificación de cada caso nuevo que se presenta”.

En la primera década de la pandemia –el sida es eso: una enfermedad que ataca todos a todos, en todos lados, sin discriminar–, de 1988 a 1998, se diagnosticaron 157 casos en Entre Ríos, apenas un 11% del total de la población considerada, 1.478 diagnósticos.

En la segunda década, de 1998 a 2007, hubo 689 diagnósticos, notificados, lo cual corresponde a un 46% de la población estudiada. O sea, se cuadruplicó. En el último periodo, casi la mitad de la tercera década, de 2008 a noviembre de 2011, hubo 630 diagnósticos notificados, lo cual corresponde a un 43% de la población estudiada.

Sólo a lo largo de este año, se diagnosticaron 158 casos nuevos.

Elías está convencido de algo. Dice que habrá que esperar que concluya la tercera década de la pandemia en Entre Ríos para observar qué ocurre en esta tercera fase, aunque está convencido de algo: “Faltan seis años para completar esta década, pero la evolución en estos últimos años muestra esta tendencia de crecimiento, que seguramente va a encontrar un techo en la medida que se siga trabajando igual. Creo que estamos empezando a ver el resultado del trabajo que empezamos y fortalecimos desde el 2008 hasta hoy”.

Por lo pronto, aún cuando haya hoy diagnósticos pediátricos de VIH, este año ocurrió algo que permitiría acordar con aquel pronóstico halagüeño para los años por venir: de 31 partos de madres seropositivas que se sucedieron en 2011, no hubo ningún registro de detección positiva, lo cual muestra que la transmisión vertical ha ido disminuyendo en forma sostenible, asevera Elías.

Respecto de los diagnósticos que hay, se destaca un dato: el 40% de la atención a los pacientes se concentra en el Hospital San Martín, de Paraná. En el 73% de los casi 1.500 pacientes diagnosticados con VIH desde el inicio de la pandemia, en 1988, a la fecha, la vía de transmisión fue una relación heterosexual sin protección, esto es sin el uso del preservativo; le siguen, muy lejos, la relación homosexual, con el 13%; luego, la transmisión vertical, de madre seropositiva a hijo, con el 8%.

Una peculiaridad es común a casi todos: son jóvenes. La mayor parte de ellos, el 61%, tiene menos de 45 años.

El 35% está entre los 36 a 45 años; el 26%, de 26 a 35 años; el 6%, entre los 16 a 25 años.

Claves

Cuando el VIH entra al organismo, se dice que la persona está infectada, aunque se sienta completamente sana y no se le note nada.

El sistema inmunológico produce anticuerpos contra el virus, que sólo pueden detectarse con un análisis de sangre, entre los tres y los seis meses después de la infección. Es lo que se conoce como período ventana.

Cuando la persona todavía no muestra síntomas, se les llama seropositivos asintomáticos.

Cuando los síntomas finalmente aparecen, se manifiestan en fiebre prolongada, sudores nocturnos, diarrea, pérdida de peso, cansancio, ganglios inflamados, erupciones en la piel, neumonía.

Cuando la persona empieza a sentirse mal y a tener síntomas de enfermedades marcadoras, ya se le considera enferma de sida.

Cuando el VIH se introduce y se multiplica en células de defensa del organismo, destruyéndolas y dejando a la persona sin la capacidad de defenderse de enfermedades específicas, convierte al paciente en vulnerable a las denominadas enfermedades oportunistas.

Esas enfermedades que usualmente no son una amenaza a personas con sistemas inmunológicos normales, se conocen como oportunistas y marcadoras, porque necesitan la oportunidad que ofrece un sistema inmunológico debilitado para prosperar.

Ser seropositivo es estar afectado por el virus VIH, pero no significa padecer sida. La estadística dice que 60 de 100 personas desarrollan el sida en los siguientes 10 años desde la infección.

De ahí la importancia del testeo.

La otra importancia radica en la desmitificación de la enfermedad. Y eso se logra con información, sin tabúes.

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