El culebrón del ciudadano ilustre que quiere dejar de serlo colocó a Maidana en la cornisa. De pasado frepasista y presente K, Iván es señalado como el responsable de haber levantado la muestra. Dolor de cabeza para el intendente.
Dicen que el culebrón protagonizado por José Luis Mac Loughlin -que en respuesta al atropello decidió devolver su título de Ciudadano Ilustre- arrojó más leña sobre una relación que ya de por sí era inflamable: la del intendente Pablo Bruera y su secretario de Cultura, Iván Maidana, que obviamente era el responsable final de la exhibición que tenía lugar en el emblemático edificio.
Fuentes con acceso directo al jefe comunal admiten que el fotógrafogate lo sacó de las casillas. Es que Mac Loughlin no se privó de nada a la hora de expresar su descontento. Difundió su desventura, habló por radio y contó -en diálogo con Hoy- que un empleado del Concejo Deliberante no lo dejó entrar al recinto, “por orden” de su presidente, Javier Pacharotti.
Como todo artista, Mac Loughlin es un tipo sensible. Y ofendido por el atropello pedirá hacer
uso de la banca 25 para preguntar por qué descolgaron sus cuadros un día y por qué no de lo dejaron presenciar la sesión en la misma semana.
Como diría Néstor, Bruera está nervioso. Teme que una vez que se acomode frente a los ediles, el artista se despache de lo lindo contra él y los suyos. Está claro que hará todo lo posible por bloquearle el camino.
¿Se cae?
Los voceros oficiosos del intendente señalan al ex frepasista Maidana como un hombre en la cornisa. El secretario “no tiene cobertura de grupos que le interese preservar a Bruera”, apuntan tratando de explicar la fragilidad del funcionario, y recuerdan que el titular del Ejecutivo municipal “se ha bancado todo este tiempo la militancia kirchnerista de Iván, que no aflojó ni en los peores momentos de la relación con Olivos”.
Ahora está contra la cuerdas y aquellos que lo quieren afuera se animan a arriesgar que madura el nocaut.
Mejor le va, en cambio, al jefe de Gabinete, Santiago Martorelli. Kirchnerista hasta la médula, se mantuvo firme junto al intendente cuando sus jefes políticos del ultra K Movimiento Evita (Emilio Pérsico, fundamentalmente) lo apretaron para que rompiera cuando Bruera se despegó del Gobierno nacional y jugó al vecinalista en las elecciones del año pasado.
La muestra de amor de Martorelli le permitió al bruerismo retener a dos concejales en el bloque oficialista (Lorena Riesgo y Silvana Soria) y mantener una importante capacidad de movilización, tesoro muy preciado para un peronista.
En las cercanías del despacho mayor del Palacio Municipal y en el segundo piso del Pasaje Dardo Rocha crece la versión de que Bruera analiza pagarle a Martorelli su lealtad. Y que lo haría dejando la dirección de Educación, que acaba de quedar vacante por el fallecimiento de Nicolás Dalesio, en manos de un dirigente del grupo de su jefe de Gabinete.





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