El caso Ciccone, motor de la nueva ofensiva de Olivos contra Scioli

Por Eduardo Aulicino

Entre los muchos ruidos políticos que provoca, el caso Ciccone comenzó a exponer cada vez con mayor evidencia alarmantes estribaciones en la interna del poder.

En ese rubro, el dato más significativo pasó a ser la renovada ofensiva contra Daniel Scioli, disparada abiertamente por el propio Amado Boudou, con aliento de Olivos, y montada además sobre otras movidas kirchneristas. Las últimas acusaciones apuntadas al gobernador expresan, al mismo tiempo, necesidades de coyuntura y cálculos sobre las lejanas elecciones de 2013 y 2015, reflejo inocultable de la profundidad del impacto generado por el escándalo que envuelve al vicepresidente.

El monólogo protagonizado por Boudou ante la prensa y algunas reacciones de apoyo desde el círculo kirchnerista expresaron centralmente un intento de cambiar como sea el eje : se repiten en el ensayo para colocar el caso como parte de una conspiración contra el Gobierno y, en paralelo, acusan a la firma Boldt no sólo en relación con el caso Ciccone, sino también por maniobras con el negocio del juego en la Provincia. Por ese camino llegan a Scioli y lo señalan, para completar, como parte de una operación para esmerilar la figura presidencial.

Desde las filas kirchneristas niegan el peso de las pruebas que se acumulan en el expediente Ciccone, aunque al mismo tiempo dejan trascender preocupación creciente por el volumen que fue tomando la causa y la debilidad de los dichos del vicepresidente, que no dudó en castigar al juez Daniel Rafecas y golpear a Esteban Righi – con onda expansiva hacia el interior del oficialismo , en los dos casos–, pero no logró responder y menos aún despejar los alcances de las denuncias en su contra.

Esos malhumores se vinculan con el costado que abrió el vicepresidente en términos de imagen. Al menos dos encuestas que circulan en medios políticos y empresariales volvieron a alimentar inquietudes oficialistas. Una de ellas registra una caída de alrededor de 15 puntos en la imagen positiva de Cristina Fernández de Kirchner, respecto de fin de año, aunque con registro por encima del 50 por ciento . La otra amplía el descenso y ubica la marca por debajo de los 50 puntos . Esas cifras, siempre en movimiento y lejanas a juicios definitivos, se explican por distintos motivos, desde las idas y vueltas con los subsidios hasta la tragedia de Once, sin desantender el caso Ciccone.

Pero al momento de concretarse tales relevamientos, el escándalo que involucra al vicepresidente no había alcanzado los decibeles de los últimos días y, por supuesto, su reacción no había trepado al nivel de la semana pasada. Aún así, uno de los sondeos señala que la imagen de Boudou se deterioró de manera notoria: más de 20 puntos . No ocurre lo mismo con otras figuras del oficialismo, entre ellos varios gobernadores y en particular Scioli, que mantienen sus posiciones o exhiben bajos niveles de deterioro.

Esas cifras alimentan las preocupaciones oficialistas y el libreto sobre lo que Boudou y algunos voceros K intentan presentar como una operación para desarmar los planes futuros de la propia Presidenta. Ya antes, los sectores más alineados con Olivos habían dado muestras de su intención de mantener las cargas contra el gobernador bonaerense, considerado un rival para 2015 , aunque cerca de Scioli consideraban que se trataba de embestidas menos planificadas en las que coincidían además, por intereses propios, distintos dirigentes, lo cual al mismo tiempo tornaban imprevisibles y riesgosas las jugadas.

El antecedente más notorio fue el pedido de informes en la Legislatura provincial por los contratos con la empresa Boldt. El proyecto fue motorizado por legisladores que responden a Gabriel Mariotto, al vicepresidente y a La Cámpora. Los representantes alineados con el gobernador, como los que reportan a Florencio Randazzo –también apuntado en esta movida–, eludieron la polémica y acompañaron la iniciativa para evitar mayores ruidos .

De todas maneras, la situación escaló con los dichos de Boudou. Y de ese modo, quedaron afectados el gobernador de la principal provincia del país, la Justicia y el procurador General, entre otros, además del vicepresidente. El escándalo, lejos de amainar, suma así densidad y crece como problema político para el Gobierno .

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