El terrible final que ayer tuvo el drama que paralizó y conmovió al país, como fue el secuestro y la muerte de una niña de 11 años (ver Trama Urbana), no hace más que mostrar el estado de indefensión en el que vivimos los argentinos, especialmente los bonaerenses. Todos los sectores de la sociedad se involucraron en esta búsqueda, ya que en Candela se reflejaba algo que también les puede ocurrir a nuestras hijas o a nuestras nietas.
Realmente es preocupante cómo los autores de este aberrante crimen lograron burlar el accionar de la Policía, cuando había 1.500 agentes revisando casa por casa. También se burlaron de los investigadores, de las escuchas, de los operativos de seguridad y hasta de las decisiones políticas que, ante la conmoción que provocó el caso, ordenaban ir a fondo para intentar salvarle la vida a Candela.
El simple hecho de que el cuerpo haya aparecido a 35 cuadras de la casa de la familia, y que haya sido encontrado por una humilde cartonera en un lugar que ya había sido rastrillado por la Policía, indica que se trata de un accionar premeditado, ideado por mentes siniestras capaces de burlar todo el sistema de seguridad de la Provincia y del Gobierno nacional.
De nada sirvió que haya tomado intervención hasta la propia Presidenta, quien se reunió con la madre de la niña, como así tampoco que las máximas autoridades políticas del gobierno provincial siguieran paso a paso la búsqueda. En definitiva, algo está fallando.
Pese a los esfuerzos que todos los días hacen aquellos que arriesgan la vida en cumplimiento del deber, aún hay que transitar un largo camino para lograr fuerzas de seguridad profesionalizadas, capaces de poder enfrentar con éxito este tipo de organizaciones mafiosas y criminales.
Ni siquiera existe un protocolo para actuar, de forma coordinada entre las fuerzas de seguridad provinciales y nacionales, cuando se debe encontrar personas con paradero desconocido. Es más, ayer mismo se conoció que nada se sabe, por ejemplo, de una adolescente que el año pasado desapareció de Villa Gesell, como tampoco se sabe lo que sucedió con el piloto que, a bordo de un helicóptero que sobrevolaba la zona de Magdalena, el año pasado desapareció sin dejar rastro.
Este diario fue el primero en alertar que detrás de la desaparición de Candela se escondía el accionar de grupos mafiosos, a partir de la información que circulaba en el seno del Ministerio de Justicia y Seguridad. Lamentablemente, no nos equivocamos, como tampoco lo hicimos con el diagnóstico: la Argentina se ha convertido en un terreno fértil, debido a los elevados niveles de pobreza e indigencia que se registra a lo largo y ancho del país, para el desarrollo de la mafia y del crimen organizado.
Un claro ejemplo de ello es el accionar de las redes de trata de personas que reclutan y secuestran a niños y niñas, por lo general de sectores socialmente postergados, en un negocio multimillonario que obviamente no podría llevarse a cabo sin el aval de sectores de la propia Policía, de la Justicia y del poder político.
Lo que le sucedió a Candela es un caso más de un flagelo que no para de crecer. Según Missing Children, hay un total de 204 menores de edad desaparecidos por múltiples causas: abandono de hogar, casos de violencia familiar y trata de personas. Pero el origen de casi todos los casos es el mismo: el grave estado de fragmentación que existe en la sociedad, y que las autoridades se niegan a reconocer.
Para el poder político, seguramente se trata de un caso más y apelarán, en los próximos días, a las típicas frases hechas, prometiendo medidas que siempre terminan siendo parches, hasta que aparezca otra Candela que mostrará, nuevamente, que nada cambió. Por eso sólo la persistencia de la indignación y del reclamo popular de justicia que generó el brutal asesinato de una niña de 11 años podrá llevar a que comience a escribirse otra historia.
La Iglesia, preocupada por las redes de trata
El caso de Candela Sol Rodríguez, la nena hallada muerta ayer, puso nuevamente en escena el tema de la trata de personas, pese a que finalmente este caso, en principio, habría estado relacionado a un secuestro extorsivo. Horas antes de que el cadáver de Candela aparecira, el cardenal Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, lamentó que “haya tantos chicos que engrosen las redes de trata”.
El giro que dio el caso de Candela, que hasta ayer se presentaba como otro hecho más de una red de trata de personas, no modifica la dura realidad que atraviesan los niños más indefensos, aquellos que viven en los sectores más postergados del país, como el Conurbano bonaerense o las provincias norteñas, donde la pobreza gana cada día más terreno. Es por eso que la Iglesia, más allá de casos puntuales, instó a la sociedad a tomar conciencia porque, según entendió Bergoglio, “nadie puede hacerse el desentendido” frente al secuestro de chicos en el país, muchas veces para “engrosar” redes de trata de personas.
“Nadie puede hacerse el desentendido frente a tantos casos de chicos víctimas de la maldad o arrancados del seno de la familia”, aseveró el cardenal primado de la Argentina en las inmediaciones de la parroquia San Ramón Nonato.
Bergoglio lamentó, además, que “haya tantos chicos que engrosen las redes de trata” en el país. La prensa en el lugar le pidió al máximo referente de la Iglesia en el país una reflexión sobre el caso Candela, quien, hasta ese entonces, no había aparecido.
“El de Candela es sólo un caso de cientos de niños desaparecidos, pero, como todos, hay que atenderlo, y con urgencia. Un pueblo que no cuida a niños y ancianos es decadente”, remarcó el arzobispo de Buenos Aires.
Postura crítica
La Iglesia, desde hace tiempo, mantiene un duro discurso acerca de la situación de la pobreza extrema en un país donde uno de cada cuatro argentinos vive (o sobrevive) en esa condición. Y la trata de niños es otra de las consecuencias de este flagelo. “Hoy no me puedo hacer el desentendido de cuántos chicos son víctimas de la maldad, cuántos chicos son arrancados del seno de sus familias para ser explotados vaya a saber dónde”, remarcó ayer Bergoglio.
El arzobispo de Buenos Aires pidió a los fieles que miren “la cantidad de nenes y nenas que no sabemos dónde están”. “No es un caso, sino cientos de casos de chicos que desaparecen, y vaya uno a saber adónde van. ¡Posiblemente a engrosar las redes de los tratantes! Las redes de los tratantes... Chicos que son vendidos como carne fresca vaya a saber dónde”, alertó.
“Y pidamos también por los chicos que son usados para cualquier fin. Son arrancados del seno de sus familias para ser usados. Somos la familia de Dios, seamos solidarios con los padres y las
familias de estos chicos usados”, concluyó.
Randazzo admitió que “no es sencillo” combatir la trata
El ministro del Interior, Florencio Randazzo, admitió ayer que “no es sencillo” combatir la trata de personas y la prostitución infantil, aunque advirtió que el Gobierno “está trabajando mucho” para enfrentar esos delitos.
Todas las opiniones acerca de la trata de menores surgieron a partir de lo que se presumía en un principio: que una red de trata era la responsable de Candela Rodríguez. Esto disparó el debate, y si bien la investigación ahora apunta hacia otro lado, el tema de la trata sigue vigente.
Cuando consultaron al ministro del Interior “si se puede hacer algo” para eliminar estas redes que fomentan la prostitución infantil, Randazzo afirmó que es “un tema en el cual el Gobierno está trabajando mucho”. Y añadió que “hay que trabajar y mucho, no es sencillo”, y sostuvo que “si hay voluntad política, no hay dudas de que se pueden hacer muchísimas cosas”. En ese sentido, Randazzo recordó que la presidenta Cristina Fernández, a través de un decreto, anunció la “prohibición del rubro 59”. “Hay cosas que podemos hacer y tenemos que seguir trabajando”, mencionó.
Scioli informó a Cristina
El gobernador Daniel Scioli se encargó de comunicarle la terrible novedad a la presidenta Cristina Fernández, pero desde la Casa Rosada no hubo ningún comunicado oficial.




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