Un caso cada vez con más claroscuros

La investigación por la desaparición de Sofía Viale (12) sumó en las últimas horas más allanamientos, nuevos rastrillajes, rastreos con perros pero la menor no aparece. La búsqueda de la adolescente se ha extendido por zonas con la ayuda de voluntarios, que en camiones del Ejército se desplazan a diversos sectores y suburbanos de General Pico, sin los resultados esperados.
Altas fuentes policiales reconocieron ayer que el nivel de probabilidades donde puede estar Sofía se ha reducido por la cantidad de procedimientos realizados por los uniformados, junto a bomberos, organizaciones civiles, integrantes de la Justicia y vecinos, que de manera conmovedora se han volcado a las calles para tratar de obtener pistas, que conduzcan al dar el paradero de Sofía.

En la noche del sábado, autoridades policiales y judiciales, junto con integrantes del Grupo Especial se desplazaron hacia el barrio El Molino. Allí, en las inmediaciones de las calles 31 entre 102 y 104, y con la ayuda de los perros rescatistas se realizó un operativo.

La tarea no fue sencilla, en medio de hostilidades de personas, que mantienen actitudes agresivas hacia la policía y la Justicia. Los encargados de llevar adelante el procedimiento pasaron por momentos de tensión hasta que se dio por finalizado el allanamiento, cuyos resultados no habrían conformado.

En medio de la multiplicidad de medidas, los ocultamientos de ciertos datos familiares, la memoria selectiva en declaraciones y el retardo en mencionar aspectos del comportamiento intrafamiliar han obligado a los investigadores a reiterar testimonios y entrevistas, para obtener mayores certezas. Por eso, el aporte de los especialistas en entender la psiquis humana se ha tornado imprescindible.

Muchas dudas.

Según una fuente ligada a la investigación, las palabras amordazadas de un entorno íntimo que no termina de sincerarse pueden estar generando un clima de retraso de medidas de acciones, que posterga la aparición de Sofía y ponen en dudas sus posibles destinos.

El vocero indicó que la menor no habría sido víctima de un delito relacionado con trata de personas. Una de las hipótesis que más firme se mantiene es una fuga propia o inducida de la menor, para eyectarse de un atmósfera familiar que la ahogaba. Allí entra en juego el rol de los adultos.

Se sabe que la menor era una chica de escasa vida social fuera de la habitual que genera el colegio o el barrio. No asistía a clubes, iglesias ni a actividades recreativas. Pero los viernes asumía un papel más adulto para ofrecer productos panificados y poder obtener dinero. La fuente explicó que esa exigencia familiar no era del agrado de Sofía, que tomaba contacto con personas conocidas pero otras ocasionales.

A pesar de los 10 días sin noticias de Sofía, que se cumplieron ayer, una línea de investigación mantiene bajo la lupa los pasos dados el viernes, en que la adolescente fue vista por última vez. Esa tarde noche un bisabuelo estuvo con ella y parece ser la última persona que la vio. Sofía debía regresar a su casa del barrio Indios Ranqueles cerca de las 19 pero no lo hizo. Su madre la llamó al celular y no respondió. Tampoco contestó los mensajes de texto. Luego sobrevino una búsqueda familiar por el barrio y sobre las 22 la denuncia en sede policial.

Sin rastros.

Ayer, un grupo de policía y patrullas con perros regresó al barrio en busca de rastros que puedan generar otras pistas. Pero se insiste en que una total franqueza de la cuestiones hogareña podrían dar claridad a las zonas sombrías donde apunta otra línea de investigación. Los vericuetos en los relatos, que dejan casilleros vacíos en el tablero de la búsqueda, dejan expuestas resistencias incompresibles para llegar a la verdad, ante una comunidad movilizada y angustiada por la niña que no volvió a su casa. Como parte de la labor de investigación, ayer se completó un procedimiento fuera de la provincia, en un pueblo ubicado a 170 kilómetros de General Pico, donde los perros no encontraron rastros de Sofía en el interior de un campo. Pero eso no significa que la menor no haya estado allí por algunas horas con rumbo a otro destino de monte.

Ninguna de las hipótesis termina por cerrar por completo, y la conducta de la abuela materna, una mujer de 53 años, y la de su pareja, por ahora deja claroscuros en sus testimonios. Injustificables olvidos en un caso tan sensible; con coartadas contradictorias sobre sus movimientos, y hasta elementos físicos hallados en la casa de ambos y el automóvil, que los coloca en una posición incómoda. ¿Qué incidente provocó la ausencia de Sofía?, es uno de los grandes interrogantes por ahora sin respuesta.

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