En 1995 comenzaron los primeros intentos del municipio por ordenar una actividad que, más allá de sus aristas sociales, genera graves problemas, de diferente tipo. Tras varias idas y vueltas, sólo una firme decisión oficial, dispuesta a pagar el costo político necesario, podrá revertir la situación.
La actividad, que comenzó a desvelar a las autoridades municipales a mediados de los años '90, creció exponencialmente en 2001, cuando no pocas familias se volcaron a la recolección informal de residuos como la única salida económica posible.
Hoy más de 800 hogares viven del cirujeo y de nada sirvieron los intentos oficiales destinados a regular su funcionamiento, ya que a simple vista aún hoy pueden advertirse con crudeza sus aristas más conflictivas: utilización de mano de obra infantil, deficientes condiciones sanitarias, maltrato animal e inseguridad vial.
Ya en 1995 la comuna determinaba que los vehículos de tracción a sangre y los carros de mano no podrían circular dentro de un radio delimitado por las calles Güemes-Saavedra, 19 de Mayo-Gorriti, Lamadrid-Alvarado y Fitz Roy-Las Heras, excepto en el horario de 22 a 6. La medida apuntaba a ordenar la actividad de los recolectores informales, cuyo número venía creciendo de manera ostensible.
Poco más tarde, en enero de 1996, el Departamento Ejecutivo anunciaba que en el transcurso de ese año se dictaría directamente la prohibición para el paso de vehículos tirados por caballos.
Sin embargo, pese a las decisiones adoptadas en Alsina 65, los años transcurrieron y todo siguió igual. En 2007 no sólo se intentó volver sobre aquellos pasos, sino incluso ir más lejos, cuando tras un censo de cartoneros se insistió con el horario de 22 a 6, todo esto apelando a la buena voluntad de los comerciantes para sacar a la vía pública los desechos que luego podrían ser comercializados.
Si bien nunca se aceptó oficialmente, una nutrida marcha de cartoneros con sus carros y posterior acampe frente a la comuna, en mayo de ese año, terminó de poner fin a las ansias regulatorias.
En 2010 se lanzó un esquema que pretendía, luego de ocho etapas, a lo largo de cuatro años, hacer que los cartoneros abandonaran el centro para realizar su labor de manera diferente, trabajando en plantas de acopio, adonde la empresa de recolección de residuos Covelia iba a llevar el material.
Fue el principio de un proceso destinado a brindarle a este castigado segmento de la población un trabajo formal. No obstante, según puede advertirse a simple vista, la propuesta no alcanzó a fructificar de la manera esperada.
En la actualidad recrudecieron las quejas de los automovilistas por la congestión que supone en horarios pico la presencia de carros, cuyo número se estima en poco más de un centenar, ya que la mayoría son unidades movidas a mano.
A esto debe sumarse la falta de cobertura de seguros en caso de accidentes y la ausencia de un esquema operativo mediante el cual los desechos aprovechables puedan ser movidos a mano hacia sectores alejados unas cuadras del radio céntrico, donde vehículos de mayor tamaño puedan llevarlos a los centros de clasificación.
Todo esto hace que, pese a las regulaciones del Ejecutivo municipal y a varios proyectos en el Concejo Deliberante, el tema esté como hace 20 años y sin miras de cambiar.
Cuál es la norma que aún está vigente
Cuando se le preguntó ayer qué norma regula la presencia y tránsito de carros en el área céntrica de la ciudad, el titular del Juzgado de Faltas Nº 1, doctor Ricardo Germani, dijo que existe un decreto que sólo permite la labor de los recolectores informales de residuos entre las 22 y las 6.
"Esa norma está vigente y nunca se modificó. Ahora, que se cumpla, son dos pesos aparte, pero insisto, no estoy notificado de que haya sido desactivada", expresó.
El juez aclaró que al Tribunal de Faltas no han ingresaron cuestiones controvertidas por los carros cartoneros, aunque recordó que en varias oportunidades se procedió al secuestro de carros y caballos por infracciones a la ley de protección animal, aplicándose la Ley Sarmiento.
"Tampoco hubo ninguna actuación por casos donde esos carros hayan estado conducidos por menores y, si hubiese sido así, sería dudosa la competencia del municipio", concluyó.
Fallo judicial. En 2009 un cartonero que había dejado suelto un caballo, que se escapó y puso en riesgo el tránsito en la avenida Colón y el camino de acceso sur a puertos, fue condenado por la contravención, aunque no debió pagar la multa porque la Justicia la consideró inconstitucional, teniendo en cuenta su extrema pobreza.
El fallo, dictado por el doctor José Luis Ares, titular del Juzgado en lo Correccional Nº 1, recayó en el expediente seguido contra Horacio Gaitán, domiciliado en Ricchieri 660, que fue acusado de cometer una infracción al artículo 47, inciso "A", de la ley de Faltas 8.031.
Ejemplo cordobés
Desde hace dos años, y con buenos resultados iniciales, en la ciudad cordobesa de Río Cuarto se inició el cambio de carros tirados a caballos por unidades motorizadas, con tres ruedas, cúpula y caja contenedora para trasladar hasta media tonelada.
Cuestión de pesos
Si bien existe amplio consenso en la necesidad de eliminar la tracción a sangre, cada motocarro como los lanzados en Córdoba tiene un costo mínimo de 10.000 pesos, lo que torna, por el momento, inviable toda propuesta de este tipo.
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