Carta abierta a la comunidad educativa del Chaco

El desafío de nuestra escuela pública argentina es garantizar inclusión con aprendizajes significativos (calidad y excelencia educativa), porque somos el Estado que sale a buscar a quienes nos faltan y a reconstruir los sentidos de la educación pública se pide y pedimos ahora buenos y mejores aprendizajes.
Escribo esta carta en mi doble condición de ministro y de docente, particularmente desde el marco teórico disciplinar, pedagógico y las

dimensiones sociales y éticas que aprendí y enseñe en Educación Superior, desde el espacio curricular de Lengua y Literatura Infantil,

y desde las enseñanzas que tres generaciones de docentes me legaron desde mí formación familiar (bisabuelo, abuela y madre).

Lo hago para fundamentar, con argumentos sólidos, con fuentes calificadas, con estadísticas serias, los por qué profundos que sustentan las decisiones nacional y provincial, de que en la escuela primaria, la promoción empiece en segundo grado, o bien, de que desde el 2013 a nivel general de todo el país, y que desde este mismo año, en el Chaco, esto se empiece a realizar.

En primer lugar, es necesario restituir lo que el periodismo casi en su totalidad ha reducido a una sola medida. Me refiero a una resolución del Consejo Federal, N°174/12, aprobada por unanimidad por los ministros de Educación de toda la Argentina, al cabo de un proceso de debate y producción de consenso que demandó un año y medio.

Hablo de un conjunto coherente de 40 parágrafos, enmarcado en el título y concepto: pautas federales para el mejoramiento de la enseñanza primaria en las trayectorias escolares en el nivel Inicial, nivel Primario y modalidades y su regulación.

Dicha resolución tiene como contexto época, histórico-político y pedagógico, una serie muy coherente de definiciones que representan una recuperación real de mayores niveles de exigencia en un sistema educativo que venía de la total desestructuración, desnacionalización

y desfinanciación ostensibles, Ley Federal de Educación mediante, fragmentación del conocimiento, y cuyo origen fue el saqueo de

conocimientos y de los sentidos, identidad y misiones de la escuela pública, con la última dictadura militar.

Tal exigencia se plasma en más años de enseñanza, más días de clases, más horas de clases, más y mejores condiciones materiales de enseñanza, más y mejores diseños curriculares, para un mejoramiento sustantivo del proceso de enseñanza y aprendizaje en nuestras aulas.

Más años de enseñanza: con un nivel Inicial que ahora cuenta con sala de 5 y de 4, a universalizarse al 2015, y con creciente apertura de salas de 3, desde la valorización del rol de la estimulación temprana; con una primaria que recupera el 7 grado y cantidad y calidad de

contenidos; con una secundaria que después del Polimodal, recupera sus 5 años, cantidad y calidad de contenidos (un 50 por ciento de

contenidos de matemática, lengua y literatura, ciencias sociales y ciencias naturales y tecnologías de la información y la comunicación),

con una escuela técnica, puesta en valor desde la inversión histórica y su fuerte vinculación con los mundos del desarrollo local, el trabajo y la producción, con una Educación Superior, que ahora para los profesorados de Inicial y Primaria, destina 4 y no 3 años para la formación de maestros, con 900 horas más de clases respecto a la Ley Federal de la Educación.

Más días de clases: luego de la gran discontinuidad pedagógica de una década y media, primero restablecimos una base de 180 días de clases, ahora 190 días de clases, y en el Chaco, desde 2010, la Escuela de Verano, agrega más de 30 días de clases para unos 30 mil alumnos.

Más horas de clases: la jornada extendida en escuelas primarias, con aportes nacionales para la infraestructura escolar y equipamiento

informático, de laboratorio y bibliotecas por parte de Nación, tiene en el Chaco, un aumento de 31 a 100 escuelas y en el 2016 llegaremos a 500, con una progresión de 100 más por año. Y desde mayo pusimos en marcha la TV Aula Abierta, jornada extendida, para los alumnos de 4 a 7 grados y de primer año de la secundaria, una hora más, con módulos de Matemáticas, Lengua y Literatura, Ciencias Sociales y Ciencias Naturales.

En cuanto a las nuevas condiciones materiales de enseñanza y de aprendizajes, hablamos por un lado, de la creciente dignificación del

salario docente (en tanto en los países del primer mundo, a la misma crisis financiera mundial que padecemos, la enfrentan con restricción de los presupuestos de salud y educación y despidos a docentes y empleados públicos). Pero también, y sobre todo, del programa Conectar igualdad que entre 2012 y 2013 terminará de entregar netbooks para todas las escuelas secundarias del país, escuelas especiales e institutos de formación docente, en la experiencia de democratización de la educación más importante que se haya experimentado en nuestro planeta, con 3 millones 600 mil netbooks; a lo que debemos sumar los 45 millones de libros que la CONABIP distribuyó en el país entre 2003 y 2011, y lo que entregamos en el Chaco, en el marco, además de haber creado 183 bibliotecas en 4 años y medio de gestión, porque concebimos a la lectura y los libros como razones de Estado. Por eso, vamos por el 4 año de libro a mitad de precio.

Explicitado dicho contexto, argumentaré ahora los porqué del parágrafo 22 de la resolución de referencia, aquel que plantea que la

promoción en la escuela primaria rige a partir de 2 grado y que por lo tanto, no se repite primer grado: En cuanto a la perspectiva teórica de la lectoescritura y su pedagogía, desde la gran tradición argentina, siguiendo a autoras

prestigiosas como Emilia Ferreiro y Berta Brailavsky, y a todos los informes que desde hace 4 décadas elabora UNICEF, sabemos que un niño aprende a leer y escribir en dos años, en su proceso de alfabetización inicial, porque concebimos a 1 y 2 grado como una unidad o bloque pedagógico, perspectiva ciclada, sin que esto represente reducción alguna de contenidos en los diseños curriculares de 1 grado, ni de 2.

Por eso, tanto en Reino Unido, como en Dinamarca, Suecia y Noruega, como en Corea del Norte y Japón, no sólo que no hay repitencia en primer grado, sino que no la hay en toda la primaria, porque han elegido una promoción no graduada; y en Finlandia empiezan la primaria a los 7 años. Y hablamos de países que privilegiando la estimulación temprana de los 3 a los 5 años, han mejorado la educación primaria, con continuidad de inversión educativa y con la unidad virtuosa de concepción y acción entre inclusión y excelencia educativas.

Nosotros, en cambio, decimos que si en segundo grado no cumplen los niños los objetivos de lectoescritura, el año siguiente lo volverán a

hacer. Y que rige desde el 2013 el régimen de promoción asistida de las trayectorias escolares.

Es más, no existe en la actualidad ninguna teoría ni disciplinar ni pedagógica que sostenga que los niños pueden aprender lectoescritura en un solo año. En tal sentido, y a los efectos de debatir desde teorías e idas fundadas, pido a quienes cuestionan esta decisión, que las expliciten, así discutiremos desde razones fundadas.

En cuanto a la perspectiva de la Psicología Evolutiva, en términos del proceso de cómo aprenden los niños la lectoescritura, se plantea que los tiempos de aprendizajes son distintos porque son diferentes los tiempos de maduración, porque en un primer grado conviven niños de 6 con otros que tienen entre 6 y 11 meses menos, y eso constituye una diferencia importante a esa edad.

Por eso, UNICEF, justifica también desde este campo disciplinar la unidad pedagógica de 1 y 2 grados.

En cuanto al flagelo del abandono escolar, las dos principales causas son: la repitencia y la sobreedad (la primera es uno de los principales factores que la generan). En lo que concierne a la

primaria, la media nacional es de 4,2 pero en el primer grado asciende a 7,5. En el Chaco era de 14, 5 en el 2007, de 10,7 en el 2010, y de

8, 2 en el 2011, pero nos duele profundamente la realidad de esos niños y niñas que aún repiten primer grado en el Chaco.

UNICEF sostiene, y numerosos estudios promovidos por Emlia Ferreiro también, en especial, sobre las huellas traumáticas y el estigma con el que carga, en muchos casos para todas su vida, quien repite primer grado, dado que un 70 por ciento también repetirá otros grados hasta, por fin, abandonar la escuela, convencido de que la escuela no es para él o para ella, porque no es inteligente, "porque no le da la cabeza".

Quienes sostienen que la escuela de ayer fue mejor, y que el traspié forma parte de la vida, debemos contestar, que no fue antojadizo, por

ejemplo, la existencia del primero grado inferior y el superior, concebido como unidad pedagógica para la enseñanza aprendizaje de la lectoescritura, y por otro lado, que la matriz selectiva de una escuela que hacía la selección natural de los que podían estudiar y quienes

no, especialmente en la secundaria, tornaba natural que no todos podían, que no todos debían estudiar, porque la ley 1420 demandó más de 70 años para convertir a la escuela primaria obligatoria, pero con índices importantes de abandono y repitencia, que es bueno decirlo, jamás estuvieron en estos índices de inclusión socioeducativa, históricamente los mejores.

Ahora bien, si no existe un marco conceptual teórico disciplinar-pedagógico y psicológico, que sostenga que un niño o niña deba repetir primer grado, nos quedaremos atados a un marco

regulatorio-administrativo, por el que 66 mil niños en la argentina repiten y empiezan su trayectoria escolar con el estigma del fracaso

escolar?

Y si no es así, si estoy y estamos equivocados, debatamos, como docentes que somos, sobre teorías e ideas fundadas, más allá del campo anecdotario o de la casuística.

Como ministro de Educación del Chaco, uno de los impulsores de esta resolución, asumo toda la responsabilidad de esta resolución, que en

la provincia instalamos desde los foros pedagógico del 2011 y el Congreso Pedagógico puesto en marcha desde el 30 de mayo de este año.

No es una medida aislada, como espero haberlo demostrado en esta carta y en nuestras políticas públicas desde el 10 de diciembre de 2008.

Sabemos de qué clase de Estado y de políticas de gobierno venimos en el país y en el Chaco.

Somos los Estados nacional y provincial que por convicción política y educativa, salen a buscar a quienes nos faltan, a quienes se quedaron

en el camino, a quienes una escuela no inclusiva dejó y todavía deja en el camino.

No compramos los espejitos de colores de una escuela empresa eficaz, que tal como la chilena nos quiso hacer creer que en nombre de cierta concepción de la calidad educativa (con un 30 por ciento de secundaria estatal y un 30 privada y un 50 y 50 en primaria) podía y debía sacrificar la inclusión para exhibir el resultado de los elegidos, porque allí los derechos sociales a la educación son cuestión de privilegios.

Nuestro mandato es inclusión y calidad educativa. Allí está nuestra épica de la transformación: cómo pueden hablar de facilismo, desde

dónde lo hacen y justifican, si pasamos del 26 al 34,5 por ciento de presupuesto, si creamos 119 secundarias de las 340 que hoy hay, si

construimos escuelas en los lugares más alejados del Chaco, si debatimos tanto una nueva ley como sus diseños curriculares, y restituimos cantidad y calidad de contenidos, y por sobre todas las

cosas, horizontes de nuevos sentidos para la escuela pública.

Claro que no hay magia en los cambios, y los resultados se ven a mediano y largo plazo.

Por qué se habla hace unos pocos años de calidad y excelencia educativas, y por qué no se hacía antes eso. Porque hoy hay un piso de derechos (otrora privilegios) que una vez conseguido, nos hacen desear y creer que podemos y debemos exigirnos y lograr saltos cualitativos.

Somos la generación de los bicentenarios. Desde esa narrativa, lógica y ética, asumo y asumimos la decisión que desde el 2012, no haya niño ni niña chaqueños que repitan primer grado.

No quiero ni queremos seguir siendo responsables, desde el Estado, de trayectorias escolares que desde los 6 años lleven la etiqueta de que la escuela pública chaqueña no cree en ellos.

Creo, fervientemente en el corazón y cerebro de las y los maestros chaqueños.

A ellos dedico esta carta. Sé que me entienden.

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