Los principales atractivos estuvieron apostados sobre las parrillas. Una jornada no apta para vegetarianos.
La plaza Manuel Zalazar fue el primer punto de encuentro, donde encendieron una antorcha para dar vida a un monumento y poner en marcha la caravana estival. Con la llegada masiva de turistas de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, San Juan, Santa Fe, Entre Ríos, Tierra del Fuego, Mar del Plata y Merlo, entre otras localidades, la agenda amplió su oferta con una feria de artesanos y un staff de músicos locales que calentaron el ambiente para la entrada de los ponchos al club Juventud Unida de Carpintería.
Las nubes y lluvias aisladas, si bien atrasaron el inicio del show central del sábado a la noche, no lograron alejar a los espectadores de sus sillas. Y pasadas las 23:50, “La Sole” subió al escenario para saludar a sus invitados con canciones nuevas, clásicos y covers históricos del folclore nacional.
A la manera del “Íntimo Interactivo” del canal MTV, los niños se agolparon frente a las tablas para charlar con la reconocida artista y pedirle, en más de una ocasión, que toque “A don ata”, a lo que ella respondió: “No la podemos tocar ahora, porque si no todos se van a ir. Cuando sean más grandes lo van a entender, pero lo mejor siempre se deja para lo último”, dijo con tono de madre adulta, La Sole.
Tonada tras tonada, el repertorio levantaba las palmas del público y llamaba al set a Natalia Pastorutti, quien con movimientos más enérgicos contagiaba a una tribuna que, en su gran mayoría, ya había dejado el mate a un costado para combatir el frío con un “chop” de fernet o cerveza.
El encargado de la cantina, y miembro de la comisión del club, Alejandro Leiva, contó que a la hora de comprar, la gente prefirió el choripán (a diez pesos) o la porción de locro (por veinte pesos); y para tomar un vaso de litro de fernet (a treinta) o cerveza (a dieciocho).
“Pasa que hay muchas personas grandes que vinieron sin sus hijos, entonces por ahí aprovechan para tomar algo. Nosotros tenemos 4.500 ‘choris’ para vender. Vienen saliendo muy bien por suerte”, dijo Leiva.
Las últimas canciones de las Pastorutti le pusieron el moño a la segunda jornada que continuaba al día siguiente en la plaza central.
Como mejor homenaje a los asados familiares del domingo, un centenar de parrillas levantaron la temperatura de Carpintería con más de 400 cabritos dorados, jugosos y tiernos, a punto de ser el almuerzo de la visita. Un difícil desafío para vegetarianos.
Uno de los asadores, Rodolfo Sandoval indicó que la paciencia es uno de los requisitos básicos a la hora de pensar en carne a la parrilla: “Empezamos con el fuego a las 3:30 (del domingo) y recién a las 7 pusimos los chivitos. Pero tuvimos un problema: tipo 9 se largó a llover suave y tuvimos que tapar todo. Igual salieron muy ricos. El gran secreto es hacerlo despacio, con más de cinco horas de cocción y condimentarlos con salmuera (agua, sal, ajo y pimienta)”, afirmó el vecino que se considera un experto de la parrilla.
El encuentro contó con exposición de carrozas, nuevos shows artísticos (entre danzas y recitales), además de los puestos de artesanos y de gastronomía complementaria.
La intendenta anfitriona, Mónica Fernández destacó la participación de los vecinos que trabajaron en la organización de un festival que ya forma parte de la agenda turística: “El desfile de carrozas hace alusión a los arreglos que nuestros carpinteros le hacían a las personas que pasaban por acá con destino a Buenos Aires. Y la otra parte de la fiesta la heredamos de una institución. Antes habíamos hecho 100 chivitos, y ahora 400. Eso quiere decir que estamos haciendo las cosas bien”, explicó con satisfacción la jefa comunal.
Con las panzas llenas y los corazones más que contentos, los turistas subieron a sus vehículos para comenzar la retirada, prometiendo que el próximo año volverán a Carpintería, una villa natural que invita a pasar un fin de semana largo entre música, baile, artesanías y mucha comida.

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