Esta semana el mercado de la carne demostró un comportamiento alterado, de acuerdo al ritmo que venía sosteniendo.
En los últimos días las medias reses que llegaron a las carnicerías pasaron de 14,50 el kilo, a dos pesos más, con lo cual el impacto es notorio en los mostradores. Este es el motivo por el cual algunos cortes están mucho más caros; y en algunos comercios la remarcación de precios se hizo hasta dos veces en pocos días, para obedecer a la gimnasia argentina del "por las dudas" de una inflación en el sector que se prevé será marcadísima en las próximas semanas y más dura aún hasta fin de año.
Mientras los cortes más económicos se mantienen en el rango de los 20 pesos, como la paleta, la aguja o la falda, porque no tienen mucha salida, el recargo de precios se da en los más especiales. Es en la pulpa y en el asado donde se nota la escalada, llegando a los 32,50 por kilo, mientras que en el caso del lomo, el precio es de 35 pesos.
Es así que el consumo de 70 kilos per cápita anuales, se fue al rango de los 50, sólo tuvo en agosto un repunte de 61 kilos. Los consumidores ven resentida la estructura básica de la dieta por precios que hacen imposible el ritmo habitual. La carne es suplantada por alternativas como el pollo y el cerdo, pero ninguno de los dos logra capturar los paladares de la misma manera que la carne bovina, por lo tanto, los comerciantes sienten la baja tan marcada en las ventas y sólo los fines de semana las carnicerías pueden repuntar un poco sus balances, con los inamovibles asados en familia o con amigos, que por suerte pueden seguir sin resignarse, como un gran lujo en el que fuera el país de la carne, en tiempos de políticas más activas para el sector.
En las ferias no hay animales listos para faenar, por lo tanto, los minoristas deben comprar a corredores de carne, mientras que los frigoríficos tienen un oscilante caudal de carne, debido a los altos costos que se dan en los remates, donde los animales a terminar en unos tres meses, hoy se venden por kilo a precios similares a los que se están cotizando ya faenados, por lo tanto se estima que de aquí a fin de año la escalada siga en ascenso, sin alternativas de solución aparentes.
Son diez millones de cabezas las que se perdieron en tres años, con una suba al consumo de 65 por ciento en los precios de septiembre de 2009 al mismo mes de este año, mientras que la cotización del kilo vivo tuvo un incremento del 110 por ciento, en el mismo período.
La ganadería está pidiendo auxilio, de reaccionar ahora, recién en unos años se verá alguna mejora.
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