Carlos Peralta: "Al proyecto Soria lo cuida el peronismo"

El vicegobernador asegura que a eso se suma "el compromiso con el proyecto que tiene establecido Weretilneck. Es un hombre consustanciado con la causa".
–¿Cuánto mundo se le derrumbó al enterarse de la muerte de Carlos Soria?

–Y… afectos, mucho afecto. Una historia en común, una relación también compleja, pero toda la historia juntos. Lealtad. Le debo mi vida… hasta me enseñó a mejorar cómo colgar los pasacalles. Para mí fue un segundo padre...

–En los 20 días que fue gobernador, ¿qué notó usted a modo de un dato particular que lo impactara o que no tenía computado para el ejercicio del poder y de golpe se topaba con él?

–Había algo que le molestaba crecientemente al punto de… no sé… no creer lo que veía o tomaba conocimiento: el desorden en que los radicales habían dejado el gobierno, el aparato estatal. No se trata de que no supiera cuál era la situación, sino de que todos los días, ¡todos!, se enteraba de más y más desorden… Todas las noches o nos veíamos o hablábamos por teléfono y siempre salía el tema. Un día me pidió que me metiera en éste o aquel organismo y preguntara cuánta gente trabajaba ahí, qué hacían. Y me enteraba, por caso, de que en un lugar donde trabajaban 30 personas se pagaban 50 sueldos. Por ejemplo, me daban la lista de la gente y muchos de los que cumplían con su trabajo me marcaban nombres de gente que cobraba pero jamás había puesto los pies en el lugar… Se dio el caso de un organismo donde, al enterarse de que yo había andado pispeando, al día siguiente todo el "ñoquiaje" fue a trabajar, pero no había donde ponerlos ni trabajo para darles… ¡Todo esto lo tenía muy mal a Carlos! ¡Lo ponía furioso!... Hablaba del tema en términos de odio….

–Odio, ¿fuerte?

–Odio, sí. Odio a quienes habían apañado esos métodos, esas prebendas.

–¿Es cierto que desde un espacio del poder nacional le habían sugerido que prescindibilidad era una palabra muy atemorizante, fuerte, para la ley que se sancionó en relación al empleo público y que la cambiara por ley de transparencia?

–No sé si hubo una sugerencia en esa línea. Si sé que, si prescindibilidad podía parecer atemorizante, bueno… el "Gringo" no le hacía asco a lo duro.

–¿Es tanto como lo cuentan que estaba harto de los reclamos de los productores frutícolas?

–En un tema central: los reclamos para que el gobierno les condonara deudas y etcétera, etcétera. ¡Estaba podrido de esa cuestión! Era otra cuestión que lo ponía muy mal. A los pocos días de asumir, estábamos los dos solos hablando en su despacho y el tema lo fue calentando y calentando: "¡Me pasé los 16 años de diputado nacional, muchos de ellos con Miguel Pichetto, gestionando que el Nación esto o aquello, que el gobierno nacional esto o aquello, que la Secretaría de Hacienda esto o aquello… Que cuando estaba el BPRN, esto o aquello en el Central… Me tienen pelotudo". Por eso la última vez que hablé con él estaba muy contento.

–¿Cuándo lo vio por última vez, cuándo habló por última vez con él y por qué estaba contento?

–Lo vi el 30 y hablé por teléfono el 31 al atardecer. Y lo noté muy contento porque los productores habían aceptado las medidas del gobierno para la fruticultura, en materia de deudas, y él a su vez les había dicho todo lo que pensaba sobre esta cosa de pedir y pedir… Lo sentí muy bien: "¡Vamos bien, cabezón! ¡Vamos bien, mierda!".

–Pero la muerte…

–No, no quiero hablar de eso…

–¿Cómo se llevaba usted con la familia de Carlos?

–Y fui… no sé… una prolongación de esa familia. Una vida de 30 años junto a ellos… Vi crecer a todos los pibes. Jugar con ellos. Una intimidad larga, profunda…

–¿Qué le dice desde esa intimidad lo sucedido?

–No, no… dejemos eso.

–No busco frivolidad, menos morbo. Lo que pasa es usted fue lo que Gramajo fue para Julio Roca, o sea su hombre de más extrema confianza, o el Harry Hopkins para Franklin D. Roosevelt, el todoterreno y entonces…

–Comprendo, pero compréndame. Lo sucedido es mucho para mí. Estoy mal. Cuando debido a la muerte de Carlos me tocó ir a la vice y me hice cargo de mi nuevo despacho, estuve más de media hora… no sé… en blanco… No puedo ni siquiera aproximarme a lo que me pasó.

–¿No escribe sobre esta experiencia?

–Y… soy un indio medio duro para ese tipo de cosas. Soy más, más… ¿cómo se dice…?

–No sé…

–Sí, más de procesión por dentro. Capaz que no es bueno, pero qué le vamos a hacer. Así es este indio llamado Peralta. No hablemos más del tema… No lo tome a mal.

–La última vez que hablé con Soria, el 20 o 21, me dijo que en tren de gobernar se estaba creando nuevas obsesiones. "Aquí, en esta puta provincia, es la única forma de hacer y hacer", me dijo en términos literales. En ese marco, ¿había alguna obsesión en particular?

–No sé si en términos así, porque en todo caso el "Gringo" siempre hizo política así, moviéndose desde… no si llamarlo obsesiones, pero algo parecido sí. Pero había algo en su conversación diaria que yo noté que cada vez aparecía más y más: el Invap. Si una estructura rionegrina el quería o admiraba era el Invap. Le encantaba ir a Bariloche , ir al Invap, que le explicaran esto o aquello… Tenía una palabra que expresaba esa admiración: "craneoteca": "¡Estos tipos tienen bocho! ¡Son craneotecas!", me decía… Claro, él desde la Cámara de Diputados nacionales y Miguel Pichetto como legislador provincial habían trabajado mucho para que Cavallo no les quitara ayuda a la Comisión Nacional de Energía Atómica y al Invap. Quería llevar al Invap a un punto… "marca de Río Negro"… Ahora, ante su pregunta, me surge el Invap. Lo quería ver trabajando en tema de la ceniza, del agua… "Un día reemplazo la Legislatura por el Invap", jodía…

– ¿Está seguro de que el proyecto sigue?

–Absolutamente.

–¿Qué lo asegura?

–El poder político del peronismo, tanto en lo que hace al Poder Legislativo –con mayoría terminante– como en la estructura de intendencias: 30 sobre 38. Al proyecto lo cuida el peronismo. Y a esto se suma, claro está, el compromiso con el proyecto que tiene establecido el gobernador Alberto Weretilneck. Es un hombre consustanciado con la causa.

–La categoría "causa" es radical, del "Peludo" Yrigoyen, no peronista.

–Bueno, está bien: Alberto es un hombre nuestro. ¿Está bien?

–¿Qué es Miguel Pichetto en todo esto?

–El equilibrio desde un peronismo que lo reconoce conduciendo y un gobierno provincial expresión de ese peronismo.

–Pero siempre la relación Pichetto-Soria fue difícil. No fue un minué…

–No lo fue. Tipos difíciles, complejos… No los veo trabajando en una mercería.

–Soria, siendo estudiante, vendió escarapelas en los subtes los días patrios…

–Sí, ya sé. ¿Pero qué importan las diferencias que hayan tenido frente a todo lo que hicieron juntos por el peronismo rionegrino?

–¿Se siente muy solo políticamente sin Soria?

–Me siento sin un amigo… Eso siento. Eso me aplasta.

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