El dicho popular tiene un dejo de egoísmo, pero se lo toma a chanza. Distinto es cuando en la práctica efectiva no se hace caridad, se ofrece trabajo hipotéticamente rentado y, a la hora de cobrar, una parte de los ingresos queda en casa. Pero del empleador.
Algo así estaría sucediendo en la sociedad de fomento Jorge Newbery, si es cierta la versión que a nuestras manos llega de Esther Perdomo, una mujer necesitada de trabajo y a la que le quitan sin consultarle una parte de su magro sueldo.
Este es el cuadro de situación: el Movimiento Social Atahualpa, presente en el mencionado barrio -Luro y 212 y alrededores-, festejó no hace mucho los diez años de su creación y de lo que su conductor, Mario Pucce, definió como “una historia de lucha y construcción popular”; feria, kermesse, fotos del pasado, chocolate, música y shows locales, para un movimiento que “nació con el hambre y a través del tiempo pudimos, mediante la cooperativización, poner como eje al trabajo y la producción” (Pucce dixit). De resultas de ello, y siempre en boca de su máximo dirigente, “hoy contamos con 150 compañeros trabajando en diversos emprendimientos”.
Hasta aquí, todo muy lindo. Sólo que no cierra del todo con lo que nos cuenta una de esas 150 personas que sí trabajan –mejor dicho trabajaban- y a las que, según sus dichos que le costaron el puesto, les retenían parte de su sueldo quizás parafraseando aquello de que la caridad bien entendida empieza… por el Movimiento. Este es su testimonio.
Noticias & Protagonistas: Esther, cuéntenos cómo es la situación en la sociedad de fomento manejada por el señor Mario Pucce.
Esther Perdomo: Yo empecé a trabajar en abril, ellos tienen un contrato con la Municipalidad para cuidar los baños en las plazas. Vinieron y me dijeron que yo iba a cobrar de bolsillo $874; pero al mes de estar trabajando, escucho al aire por una emisora que una de las personas de la sociedad de fomento estaba trabajando para lograr un aumento a las personas que cuidamos esos baños. Le preguntan cuánto cobran, y dijo $975, y el seguro lo pagamos de nuestro bolsillo. Ahí viene el asunto, porque yo nunca cobré esos $ 975.
N&P: ¿Entonces cómo es eso?
EP: Y, resulta que dicen que hacen una quita de lo que cobramos para “el movimiento”, pero a mí ni siquiera me preguntaron si estaba de acuerdo. Si yo hago un arreglo y me pagan algo menos, está bien, lo acepté y listo. Pero acá no es así: la Municipalidad les da a ellos $1.000 por cada trabajador, y nosotros cobramos $874, porque el resto se lo quedan en la agrupación.
N&P: Suena a abuso si además ni siquiera hay consenso con el que trabaja…
EP: Y eso no es todo: se me obligó a ir a las marchas, yo tenía que pagarme los viáticos, y si no lo hacía me dijeron que me olvidara del trabajo. Y te lo dicen bien clarito: “o militás o te vas”. Y me hicieron una guerra tremenda, hasta que tuve que dar un paso al costado, porque yo no iba a ir a la Municipalidad a hacer desmanes como pretendían, a romper la Comuna, porque eso no beneficia a nadie. Yo necesito un trabajo con un ingreso mínimo que me sirva para llegar a fin de mes, subsistiendo. No estoy para estas cosas, me dan miedo, tengo temor. Llevarme a militar y romper cosas no es justo y menos a cambio de un trabajo. Creo que no debería ser así.
N&P: Por supuesto que no, y venimos denunciado estas cosas permanentemente, donde los dirigentes políticos son cómplices. ¿Durante cuánto tiempo usted realizó estas tareas?
EP: Desde abril a junio. En abril no firmé ningún papel, nada de nada; en mayo me muestran una planilla donde yo ni siquiera figuraba en el lugar de trabajo, el parque Primavesi. Era un listado en que están otras dos personas, aunque en realidad una de las que figura que trabaja no lo hace porque no le da la edad, entonces el nombre registrado es el de la hija. Hay muchos casos así.
N&P: ¿Y la Municipalidad no lleva el control? ¿Ni siquiera por una cuestión de seguro? ¿Quién se hace cargo si le pasa algo? Es bastante irregular todo lo que nos está contando…
EP: Pero es así. Es más: en la lista que le presentan a la Municipalidad, hay 5 ó 6 personas que trabajan pero en la planilla figuran otros. Yo trabajo necesito, alquilo, los dueños de donde vivo a mí me piden que trabaje porque no tengo cómo pagar. Soy una persona mayor, trabajé siempre.
N&P: ¿Planteó todo esto ante las autoridades?
EP: Fui a Desarrollo Social a hablar con el Sr. Gauna, me atendió una secretaria, Gabriela, y me trató como si fuera una discapacitada mental. Fue horrible. Primero me dijo “venga cuando esté él”, y yo le decía “¿cómo voy a saber cuándo está?” Entonces me dijo: “Usted tendría que saber que le sacan plata para la militancia”. ¿Y yo por qué tengo que saberlo? Pero por lo visto ellos están al tanto de cómo son las cosas…
N&P: Claro que lo saben. Por eso decimos que hay responsabilidades.
EP: Entonces es toda una mafia. La Municipalidad le da dinero a Mario Pucce, que lo usufructúa para su propio bien, y los que ponemos el lomo para trabajar, perdemos. No entiendo. Estoy desesperada, porque me recorrí todo Mar del Plata dejando mi currículum, no encuentro nada, se me viene todo encima y necesito trabajar.
N&P: ¿Qué tipo de trabajo puede hacer?
EP: Siempre fui administrativa contable, pero si tengo que cuidar baños o chicos, o un comercio, o telefónica, un lavadero, hago cualquier cosa, honradamente por un sueldo. Ahora me quedo en la calle y no tengo adónde ir. Pero no trabajo en estas condiciones: tengo que militar o romper la Municipalidad.
N&P: Es que usted evidentemente “no sirve” para un sistema corrupto…
EP: Claro, pero no estoy dispuesta a hacer cualquier cosa que me pidan.
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