Crecen las acusaciones entre los dirigentes oficialistas mientras la Liga Norte debate si le retira su decisivo apoyo al mandatario
ROMA.- El día después de la debacle electoral que el oficialismo sufrió en las elecciones municipales, el premier italiano, Silvio Berlusconi, aseguró que su gobierno sigue adelante y mostró tranquilidad, y hasta sentido del humor. Pero el caos se había apoderado ya de la derecha, en el poder desde 2008.
A la vez que se abocaba a buscar culpables de su derrota más humillante de los últimos tiempos, el oficialismo, en plena ebullición, se planteaba qué estrategia seguir para no hundirse y relanzar la acción de gobierno.
En la segunda vuelta de las elecciones municipales parciales celebradas este fin de semana, la oposición arrasó en todo el país, de Norte a Sur y el Partido del Pueblo de la Libertad (PDL), en el gobierno, perdió en varias ciudades claves.
La reconquista de Milán por parte de la centroizquierda -de la mano del abogado Giuliano Pisapia, que con el 55,1% de los votos derrotó a la alcaldesa saliente del PDL, Letizia Moratti- representó un golpe terrible para el premier. Ocurre que, además de capital financiera de Italia, Milán es la cuna de Berlusconi y de su movimiento.
Esta pérdida se sumó a la victoria de la oposición en muchísimas otras ciudades importantes, como Nápoles, Cagliari, Trieste, Novara, Pordenone, y, en la primera vuelta, en Bologna y en Turín, algo que, según destacaban distintos analistas en la prensa italiana, marca el comienzo de una nueva etapa en Italia.
"El voto de ayer [por anteayer] señala un viento fortísimo de cambio que, en modo mucho más incisivo que en el primer turno, superó el significado administrativo de estas elecciones", escribió el director de La Stampa, Mario Calabresi, que añadió: "El Cavaliere perdió la magia".
Los porcentajes "búlgaros" que obtuvo el ex juez Luigi De Magistris, que en Nápoles arrolló a su rival del PDL, Gianni Lettieri, con el 65,4% de los votos, para muchos, reflejan a las claras esa "vuelta de página" dada por gran parte de la opinión pública italiana, desencantada con Berlusconi. El premier no sólo ha perdido consenso por sus escándalos judiciales y problemas con la justicia -que lo ha procesado por corrupción, por prostitución de menores y por abuso de poder-, sino porque no cumplió con muchas de sus promesas electorales. Entre ellas, la mejora de la calidad de vida de los italianos, la de bajar impuestos, la de generar empleos y atacar la desocupación y la de hacer crecer la economía, estancada desde hace una década.
Ajeno a todos estos análisis, el premier, de 74 años, se mostró ayer en óptima forma. Más allá de que muchos creen que este "mayo milanés" le puede costar el pellejo, porque la Liga Norte, su principal socia, podría decidir abandonarlo a su suerte, reafirmó que su gobierno seguirá adelante y hasta se atrevió a bromear con el derrumbe de la derecha.
"Tranquilos, no nos rendimos... Nos metieron un gol, es cierto, pero todavía estamos cuatro a uno porque habíamos ganado las elecciones nacionales, las regionales, las europeas y las administrativas, y todavía tenemos dos años de juego", dijo el premier, también dueño del club Milan, al llegar a los jardines del Palacio del Quirinal para el festejo del 2 de junio, Día de la República.
Estilo burlón
Fiel a su estilo, el jefe de gobierno italiano ya se había mostrado burlón por la mañana, cuando aún estando en Bucarest, Rumania, ante las cámaras, hizo otro chiste: "Hice una reunión y quería fijar la fecha de mi funeral, pero en los próximos días tengo demasiados compromisos, por lo que lo vamos a postergar".
El premier es, sin embargo, consciente de que para muchos es el único culpable de la paliza y de que ha comenzado una rendición de cuentas en el seno de su partido, que ya se replantea su liderazgo. Por eso, ayer buscó retomar la iniciativa para relanzar la acción de gobierno con medidas fuertes, como una disminución de los impuestos.
"En el primer lugar de la agenda política está la reforma del fisco", aseguró el Cavaliere , que comenzó a presionar al ministro de Economía, Giulio Tremonti, en ese sentido.
Cuando un cronista le preguntó si había hablado con él, Berlusconi respondió tajantemente. "No es Tremonti quien decide. Ahora deberá abrir el monedero", disparó.
La de ayer fue una jornada revuelta, en la que se hablaba de que el actual ministro de Justicia, Angelino Alfano, pasaría a ser el nuevo coordinador del PDL después de la dimisión, anteayer, de Sandro Bondi en ese cargo. Además, el Cavaliere también tuvo que desmentir que sus hijos podrían pasar a ser sus delfines.
"Si uno de mis hijos estuviera pensando en entrar en política, lo desheredaría", bromeó.
Mientras tanto, comandada por Pierluigi Bersani, la oposición seguía festejando "la liberación" de Milán, Nápoles y demás ciudades del país y exigiéndole a Berlusconi un paso al costado, el gobierno puso en su agenda la denominada verifica para la semana entre el 20 y el 27 de junio.
Se trata de una votación para ver si el gobierno tiene aún los sufragios suficientes como para seguir adelante en el Parlamento.
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