Si no es por cantidad, es por precio

Tomás Bulat

Resulta evidente que la medida para contener la fuga de divisas controlando la compra de dólares hasta el momento ha generado muchos mas problemas que soluciones. También es claro que si alguien estaba posponiendo la compra de dólares le ha dedicado un tiempo ahora a ver si compra aunque sea un poco.

Como ya comentamos hace varios artículos publicados en El Cronista, el principal problema son los desequilibrios financieros que tiene la economía y que ha llevado que la Argentina tenga ya dos años de inflación superando el 25% con un dólar subiendo 7% anual.

Esto ha llevado que el dólar, un bien que se ha vuelto más escaso, termine teniendo un valor que en términos sociales está barato. El problema es que se requieren dólares para mantener las reservas, para pagar la deuda, para cubrir el déficit energético, para importar insumos para el sector automotor y para cubrir parte de los ahorros de los argentinos y, ahora estacionalmente, para las vacaciones en el exterior y su demanda ha crecido este año de manera importante. Por supuesto, a pesar de todo esto, el superávit que genera la soja aguanta, pero no tanto. Ante este exceso de demanda, la oferta comenzó a escasear y por lo tanto el precio debería subir. De hecho lo hizo, pero muy lentamente y por lo tanto quedó barato.

Teoría del racionamiento

Muchas veces los bienes en la economía son escasos. Esto quiere decir que la gente quiere adquirir más unidades que las ofrecidas. Una de las preguntas de la economía es cómo se distribuyen esos bienes que faltan. Supongamos que en una pollería hay dos pollo y vienen al mismo tiempo tres clientes que cada uno quiere un pollo y a ninguno no le sirve llevarse menos porque tienen invitados a comer. Quienes serán los dos que se lleven su pollo y quien no.

Aquí uno analiza el método para racionar. El primero puede ser el precio, es decir, los dos que paguen más se lo llevan. El otro puede ser por amistad con el pollero. Los dos más amigos se lo llevan. Otro puede ser por orden alfabético, etc.

Siempre ante una escasez hay un criterio para racionar. La historia económica muestra que en la mayoría de las veces el criterio más racional es el precio, porque si el pollero cobra más y tiene más plata, puede comprar después tres pollos y venderle a todos un pollo la siguiente vez.

El gobierno decidió un criterio de racionamiento que no es el precio, sino por cantidad y selecciona a partir de la Afip. Claro que este criterio no queda muy claro y genera temor de dos tipos. El primero es que, si no sé si voy a poder comprar en el futuro busco a ver si alguien tiene pollo, aunque sea más caro. Segundo, si tengo alguno ya en mi poder, quiero asegurarme que se quede conmigo.

Esto quiere decir que cuando el criterio de acceso no es por precio, sino cualquier otro, y no es transparente, genera automáticamente una mayor demanda del bien. En economía, no se puede restringir precio y cantidad de ningún bien sin crear al mismo tiempo un mercado alternativo.

Restringir las cantidades.

Ante estas múltiples demandas, el gobierno desencadenó una incipiente corrida bancaria contra los depósitos en dólares, no por temor al sistema financiero, que está muy sólido, sino a que los dólares que la gente posee sean las próximas víctimas en esta puja.

Es evidente que esta medida no funciona, y es también obvio que no es una medida que llegó para quedarse. No se puede trabar tanto la compra de dólares porque en algún momento la angustia va a ir creciendo.

Pero si entonces la medida de restringir la cantidad no funciona, ¿que hacer?

Una de las alternativas es claramente subir el precio. No tiene que ser de golpe, no tiene que ser continuo, pero tiene que ser. Esto se debe a que la inflación mes a mes sube, aunque sea al 0,6% mensual y el dólar esta casi quieto, quitándole competitividad a todos los sectores de la economía. Por supuesto que esa suba tiene también efectos negativos, como un empuje a la inflación y la baja de salarios medidos en dólares, pero no se discute que haya que hacerlo, sólo cómo. La historia argentina muestra que las restricciones de cantidad de acceso al dólar siempre terminó mal. Mientras más se tarde en corregir el esquema más costo tendrá la solución.

El problema es la inflación

Arribamos siempre a la misma conclusión. El problema de la macroeconomía argentina es la inflación y como no la combatimos a tiempo es ya como un cáncer, que ignorado, ya generó metástasis. Ya ataca al dólar, a los subsidios, a la rentabilidad e incrementa la incertidumbre. El promedio de inflación de América del Sur, sin incluir a Venezuela y Argentina es 6% anual. Ese debería ser el objetivo de política económica. Mientras ese tema no se resuelva, cada medida sólo traerá más problemas que soluciones.

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