Un cantante de voz dulce y potente

Mario Vega - Es un cantante que sintetiza la movida de Santa Rosa de los '70. "Están los que por vocación no se rinden en toda una vida", dice con pasión el cantante melódico popular que se mantuvo dentro del estilo baladista.

Hace poquito, días nomás, alguien me dijo -no sin razón- que está bien que se destaque a nuestros artistas y cada tanto se vuelva al recuerdo de aquellas noches y lugares donde nació el cancionero popular, ese que todos valoramos y que tanto nos enorgullece. Pero la misma persona me advirtió que también sería bueno rescatar que, en otro tiempo, en otra Santa Rosa, había otra noche para ser mencionada y, paralelamente, otros creadores notorios que también son dignos de una consideración especial. ¿Quién se atrevería a negar a Bustriazo Ortiz, Edgar Morisoli, Ricardo Nervi -entre los que escribían las páginas más admirables -, y a Leoncio Ramos, Lalo Molina, Roberto Yacomuzzi, Gury Jaques, Julio Domínguez, Cacho Arena, Delfor Sombra, los hermanos Díaz y tantos otros que le pusieron su música y su voz a tanta bella poesía. ¿Quién?

Nadie. Ellos tienen su lugar muy bien ganado en un virtual pedestal de nuestros poetas e intérpretes más notorios.

Otros músicos, otra noche.

Pero es verdad, sí, claro que sí, que hay otros que no transitaron la misma veta musical, ni los mismos escenarios, ni esas letras que tienen que ver con nuestra llanura, nuestras bardas y nuestras costumbres que alguien podría creer más autóctonas; pero que tienen también un indudable mérito. Cómo negarle a músicos de la talla de "Chispa" López, El Negro y Pocho Roldán, Hugo Miglione, Guillermo Mángano o el querido y perturbado Jorge Satragno, la consideración tan especial que se merecen.

Había otra noche más allá de aquellas peñas -a las que esos que menciono quizás tampoco faltaban-, diferentes a esas de guitarras y bohemia. Otra noche que proponía otra canción, otros grupos que, también, tienen un sitial muy bien ganado. Con otra clase de poesías, letras y melodías, pero que también marcaron toda una época de esa ciudad que ya no existe.

En el repaso de aquella Santa Rosa de fines de los 60 y hasta bien entrado los 80, hubo todo un movimiento que se dio en llamar la música beat, con formaciones que se iban consolidando y protagonizando noches extraordinarias. Como aquellas otras, pero distintas.

Aquellos momentos eran los de los bailes en los clubes, con las orquestas típica y característica al principio que, lentamente, iban a dar paso a otro género musical. Tiempos de los bailes de Fortín, de Atlético Santa Rosa, y el furor de las noches de San Martín, Argentino, Sarmiento, Belgrano y el Deportivo Penales. Hasta el advenimiento de las primeras confiterías -más allá de las "reuniones danzantes", así le decían, en las confiterías El Aguila y La Capital-, como Capri frente a la plaza San Martín -¿donde hoy hay un comercio de venta de chocolates?-. Kascote, 04, La Nuit, Ova, Piedra Azul, Kokeshi y Adlon, entre las que me acuerdo.

Conejo cantante.

En esa movida iba a comenzar a destacarse nuestro personaje de hoy: Rodolfo Oscar Roldán, Conejo, así, sin encomillado, porque a esta altura el apodo ya está indisolublemente fundido a su apellido.

Cantante, integrante de Los Violentos, Clan 5 y Sol Naciente, el Conejo fue -es, en realidad- el cantante más reconocido de aquella movida, de aquel estilo, de aquella forma de sentir la música.

Hace algunos días me lo encontré en la calle, hablamos de otro músico excepcional como "El enano" Satragno, y la charla fue discurriendo sobre aquellos años en que éramos tan jóvenes y pensábamos que podíamos llevarnos el mundo por delante.

Llegué a su casa más o menos a las 7 de la tarde. Conejo regaba la calle (atrás del Casino) con una manguera, y con los auriculares seguía atento alguna melodía de las que matizan todas las horas de su vida.

La familia, la vida.

Junto a su esposa, María Elena, me fueron contando. Tienen tres hijos, los dos mayores viviendo en Chaco, Emanuel y Pablo José; además de Matías, que le sigue los pasos en la música. Los padres de Rodolfo eran Marcial y Trinidad Cesanelli, y son seis hermanos: Luis Ernesto (ex ministro de Educación), Irma, Conejo, Juan Carlos, Mirta y Raúl Alberto (Chidoro). Y además están los nietos, Lorenzo (3) quien ya se prende a una guitarra, y Máximo (1).

"¿Vos sabías que nací en Victorica? Papá trabajaba en la Escuela Agrotécnica y me llevaba, yo todavía chiquito, y ahí me dejaba de cara al monte con una radio a batería escuchando música... así que era una sensación casi bucólica: toda la música que te puedas imaginar, desde los clásicos pasando por el

folklore. Todo...". Y sigue: "Allá, aunque te parezca mentira jugaba al fútbol, con Norberto Nicolás (después sería intendente), con el Tony Pescara, y me las rebuscaba. Cuando llegamos aquí a fines del '63 quise jugar en Santa Rosa, pero el 'Nimbu' Susvielles que era el entrenador no me puso y rompí la ficha: me suspendió 5 años por eso y me cortó la carrera", se ríe con ganas.

Trabajo y música.

Se atropella Conejo con los recuerdos y pasa de un tema a otro. Me dice que terminó la primaria en la Escuela 38, completó el secundario en el Denfo y hoy cursa la carrera de Abogacía en la UNLPam.

"Empecé a trabajar de chiquito, y repartía para una frutería a domicilio; le hacía los mandados al Turco de la Favorita -un quiosco ubicado frente a lo que era el Palacio de Justicia, en calle Pellegrini-, y después empecé a trabajar en Óptica Crespo. Ahí conocí a Pecoso Eyheramono y me ayudaron mucho; al punto que este terreno, donde está mi casa, me la hizo comprar Rogelio Crespo... otros tiempos, ¿no?", deduce.

Conejo se obligaba a escuchar todo lo que pasaba en materia musical. Todo le interesaba porque de esa manera asesoraba a Crespo acerca de qué material debía ofrecer.

¿Y la actuación?

Tenía 14 ó 15 años, cuando fue dónde ensayaban Pocho y Negro Roldán. "Tomate un vinito, pibe, me dijeron. Y yo no tomaba nada... Eran 'Los Violentos', con los dos hermanos, y Beto Urquiza, 'Piojo' Domato en batería y El Negro Braile. Fue de los primeros grupos, pero los primeros de todos fueron 'Los de sueter rojo', con El Negro Mansilla, Hugo Vivona, 'Piche' Pérez, Oscar Landaburu y cantaba 'Chango' Lucero. Ellos fueron los primeros", reconoce.

Después Clan 5 -formado por Juan Roldán y Beto Urquiza en guitarras, Oscar Zorzi en batería, Julio Onco en teclados, Ernesto Mansilla y la voz de Conejo Roldán -, se presentó en un concurso realizado por el sello Odeón en el Club Estudiantes. Con "Amor de septiembre (y de toda mi vida)" ganó y el premio fue la grabación de un disco en Buenos Aires. "Grabamos nuestro primer simple con ese tema y Encontrándonos, de Julio Onco. Ese mismo día estaban en el estudio El Trío Galleta y Tormenta", rememora.

Más tarde pasarían también por el grupo Luis Alberto Rodríguez que reemplazó a Onco, "Chispa" López que reemplazó a Zorzi y Luiggi Corvalán, "que llegó en mi lugar cuando hice Marina en Bahía Blanca. Pero a los 15 días estuve de vuelta con la libreta firmada", afirma.

Sol Naciente.

Pero si Clan 5 sonaba bien, qué no decir de Sol Naciente. Era 1972 cuando se formó la nueva agrupación, que tendría resonante éxito no sólo en escenarios pampeanos, sino también en provincia de Buenos Aires, Bariloche y en Chile. Lo integraban Guillermo Mángano en bajo, Hugo Miglione en teclados, Foretto Chaves en guitarra, Chispa López en batería, Alberto Pérez como primera trompeta, Favio Muñoz segunda trompeta, Osvaldo Attochi en saxo, y la voz de Conejo Roldán.

Después de un período muy exitoso, poco a poco el grupo se fue desarmando, y cada uno fue encontrando su destino por distintos caminos.

Entonces, como tantas veces se lo habían sugerido, Conejo creyó llegado el momento de lanzarse como solista. Y en esa decisión "nació" Rodolfo Sebastián. Con ese nombre se presentaría en distintos escenarios del país. Pero las cosas no serían iguales, porque ya había abierto una librería -llegó a tener tres-, se casó, llegaron los hijos y aún cuando hoy sigue ligado a lo que más le gusta en la vida, empezó a alejarse de los escenarios.

Es verdad, tiene sueños -vaya si los tiene- y fantasea con Matías triunfando; con hacer el gran festival de la música beat con aquellos que marcaron a una generación. Se ilusiona con el gran reencuentro, como el que tuvo con El Turco Dahir -"el Arjona pampeano", lo elogia- y con otros que sellaron toda una época de la música en nuestra provincia. Los protagonistas de otras noches de bohemia, distintas, como decíamos al empezar.

Entre risas y algunas lágrimas.

"¡Esto es buenísimo!", es la muletilla de Conejo: "¡Anotá! Una vez vino un mexicano, Joaquín, que me convenció que iba a ser famoso en todo Latinoamérica, que preparara el repertorio. Ensayé como loco y salía a correr todos los días para tener más aire... ¡Bajé 10 kilos! Y querés creer, cuando estaba listo el tipo desapareció. Nunca más lo vi... Pero me dio más fuerzas para seguir, y por eso digo que le agradezco a todos los joaquines de mi vida, que me dieron más ganas", razona.

Recuerda cuando a visitar al Flaco Spinetta. "Lo llamé y me dijo venite a mi departamento. Él fue quien me recomendó esta viola", -una "Ovation"-; y destaca también la grandeza de León Giecco, y la de Víctor Heredia. "Es increíble que siendo tan grandes tengan tanta humildad", se asombra.

Tiene anécdotas para regalar. "Una vez con Sol Naciente a Ramonda se le ocurrió que el cantante tenía que entrar en moto, así que consiguió una Honda, grande, y en el Teatro Español, cuando estaban preparados todos los músicos hice mi ingreso, siempre de smoking: ¡Querés creer que no pude frenarla y me tuve que tirar! La moto fue a dar contra la pared y después tuvimos que pagar los arreglos. Pero la gente se reía como loca y así arrancamos en ganadores", disfruta del recuerdo.

En el final menciona las tres veces que lloró en su vida: "Cuando murió Elvis; también el día que el Zorro Campanino perdió por el título del mundo, que no quería subir a cantar y nadie entendía nada. Pero yo lo quería mucho y además salíamos a correr juntos cuando él se estaba preparando; y la última cuando murió Néstor Kirchner".

Conejo "cleptómano".

Situación insólita: "Hola, por favor con Mario...". Y la respuesta que llega del otro lado: "No, yo soy Conejo Roldán". Y de vuelta: "Sí, ya sé, pero ese es mi celular...", dije casi enojado. Es que Conejo vino por unos minutos a LA ARENA y en un descuido -mío y suyo- se llevó mi celular. Lo que pasa es que el cantante habla tanto -hasta por los codos- que se distrae seguido. La cuestión es que me dejó 2 horas incomunicado. Lo bueno fue que, por un rato, hasta que me lo restituyó, él no me pudo llamar para aportarme algo nuevo que se le había ocurrido para la nota periodística. Algo es algo.

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