Los candidatos franceses buscan ganar votos entre los más pobres

El socialista Hollande entiende que eligieron a la ultraderechista como una forma de protesta. Quiere convencerlos de que sólo la izquierda piensa en ellos. Sarkozy, en cambio, apunta a potenciar los sentimientos antiextranjeros.

Los pobres de Francia tendrán el poder de decisión en las elecciones presidenciales francesas. Al menos eso es lo que entrevén los dos candidatos que se mantienen en pie en la disputa por el sillón del Palacio del Elíseo: el socialista Francois Hollande y el conservador Nicolás Sarkozy, que aprovecharon sus apariciones públicas tras la primera ronda para hablarle a esos votantes que, según indican las encuestadoras galas, se inclinaron en una buena proporción por la candidata Marine Le Pen, del partido de extrema derecha Frente Nacional. El actual presidente aseguró que los votos de Le Pen fueron “una forma de decir a los otros: ‘Tengan en cuenta nuestra situación’”, algo que Sarkozy se encargó de asegurar que él sí había hecho. Hollande, por su parte, resumió su estrategia en una frase: “Me toca convencerlos de que es la izquierda quien los defiende.”

“Lo siento, lo veo, lo quiero y espero”, expresó ayer Hollande en referencia al triunfo en la segunda vuelta el 6 de mayo. Sin embargo, aclaró, la última palabra dependerá de los votantes. La arenga del candidato socialista para que sus seguidores vayan a convencer al resto la realizó en un acto electoral en el departamento de Aisne, sección donde obtuvo el 27,1% de los votos, menos de un punto por arriba de Le Pen (26,33%).

Hollande también explicó en una entrevista con el diario francés Liberation que los 6,5 millones de personas que votaron por la candidata de derecha (17,9% de los votos válidos) corresponden a un “electorado de sufrimiento, compuesto de asalariados, artesanos y obreros que viene en un verdadero sentimiento de abandono”. “Es mi responsabilidad –agregó– dirigirme rápidamente a esos electores que no se adhieren necesariamente a las ideas del Frente Nacional, la obsesión de la inmigración, en particular, pero que expresan, sobre todo, una cólera social”. A pesar de ello, mencionó en otra entrevista para el canal de televisión TF1, su intención no es “seducir ni hacer concesiones” porque “los franceses quieren un presidente que mantiene su postura, no uno que cambia cada vez de propuestas”.

Sarkozy, por su parte, lanzó mensajes que parecen pensados especialmente para atraer a los seguidores de Le Pen. “No podemos seguir recibiendo tantos extranjeros”, aseguró en declaraciones a la televisión pública France 2. Allí también explicó que su intención es reducir a la mitad el número de foráneos llegados cada año y aprovechó para recalcar que la intención de su contrincante es “regularizar a todo el mundo”. <

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