La interna de la Unión Cívica Radical de Necochea deparó un resultado absolutamente favorable para el intendente Daniel Molina. No resultó sorpresa, pero fue una dosis de aire fresco para aliviar el peso de la gestión, y a la vez posicionar a su delfín, Juan Carlos Barrera, como futuro presidente del Comité Emiliano Abásolo.
De todos modos también ingresaron al comité representantes de otras tres agrupaciones, Mario Ferrari, Sergio Sampayo, Analía Lauga y Esteban Martínez Sanchez por ERA-CON y Confluencia; Roberto Taurian y Raúl Ferrario por la línea Umberto Illia y Juan Pablo Villarreal y Antonio Corona de Rapaca.
Rápido de reflejos, Molina, a poco de conocerse el resultado, se comunicó telefónicamente con Ricardo Alfonsín para transmitirle la victoria conseguida en Necochea y felicitarlo por su triunfo.
Molina tomó el triunfo de Proyecto Radical como un “espaldarazo” a su administración resaltando que era el apoyo que “necesitábamos de parte de nuestros afiliados”, admitiendo que la derrota del 28 de junio frente a Unión Pro los había marcado fuertemente para buscar la renovación dentro del partido, y que ahora se había dado el primer paso.
Siempre opuesto a la autocrítica, al menos pública, el jefe comunal direccionó la derrota del 28 J hacia el comité, sin intentar, por una vez, reconocer errores propios de conducción en el municipio y en su proyecto electoral para aquella elección general donde sufrió un duro revés.
En materia de renovación, el intendente, tras aquella estrepitosa derrota, no efectuó un recambio de hombres en su equipo de gobierno, desprendiéndose sólo del secretario de Obras y Servicios Públicos, Roberto Taurian, como si este funcionario hubiese sido el arquitecto de su fracaso en las urnas.
Luis Alberto Spinetta, el reconocido músico y autor de rock nacional, dijo alguna vez “debemos evolucionar a partir de la realidad que propone el momento actual”.
Molina parece haber recordado esas palabras y, saboreando el néctar de la victoria, no dudó en catapultar a Juan Carlos Barrera como su delfín en la sucesión para el sillón de Murga.
A escasos minutos de confirmarse el triunfo en la interna, alcanzada con el respaldo del 30% de los afiliados que concurrieron a sufragar, Molina se encargó de impulsar la candidatura de Barrera para 2011.
Quizás para no cargar toda la presión sobre el flamante ganador del domingo último, el intendente deslizó “ésta es una decisión que debe tomar él”, para aclarar que “el radicalismo tiene otros mecanismos que se deben respetar”, para la designación de candidatos.Sin embargo, y como subraya la realidad, hoy, el cirujano Juan Carlos Barrera, asoma como el precandidato más sólido dentro de las filas del centenario partido.
No obstante él mismo se mostró cauteloso cuando se supo ganador. Con la capacidad de análisis que lo caracteriza sostuvo que el radicalismo “está vivo y nuestro objetivo es darle aún más vitalidad”.
Desistió de hablar de su posible precandidatura a intendente municipal, considerando que sería apresurado, marcando la primera diferencia con Molina.
Barrera, hablando ya como futuro presidente del comité, resaltó la necesidad de trabajar en el comité para respaldar al gobierno municipal porque es “indispensable estar en consonancia”.
Pero aclaró que no se trataba de darle un cheque en blanco a la administración de Molina, indicando que se tendrá una mirada crítica.
En caso de ejercer el rol enunciado, habrá que ver entonces si resulta compatible que Barrera continúe integrando el Departamento Ejecutivo. De seguir en el cargo como secretario de Salud, es probable que pierda la objetividad hacia la gestión, simplemente porque permanecerá inmerso en ella.
En tanto Daniel Molina, además de un triunfo que revitaliza su gestión y le da aire, logró instalar a su delfín en la pole. Pero esto significa el 50% del éxito en la interna.
La otra mitad tiene que ver con su futuro político. De haber resultado derrotado el pasado domingo, bien podría haberse pensado que el jefe comunal estaría en las postrimerías de su carrera y a las puertas de su pase a retiro.
Ahora, con este aventón, Molina puede pretender posicionarse con solidez para aspirar a una diputación provincial por la quinta sección. Máxime con la certeza de que formó parte del proyecto de Ricardo Alfonsín. Esto no es poca cosa para quien dejará ocho años de conducción de un municipio y que, por momentos, pareció estar al borde de un precipicio y en absoluta orfandad política.
Las pretensiones de Molina de ocupar una banca en la Cámara Baja de la provincia, ahora no son desmedidas. Todo lo contrario, su acercamiento en los últimos tiempos a Alfonsín y el triunfo en la interna le abren perspectivas favorables como para sentar las bases de una disputa seccional. Claro está que ese camino no será sencillo de transitar, porque con el resurgimiento del radicalismo, de la mano de Ricardo, brotarán los interesados para integrar la futura lista de legisladores.
Habrá que ver cómo sigue fomentando su incipiente relación con Alfonsín, y si puede empezar a trabajar en la sección para reunir amigos que sustenten su candidatura, o le despejen el camino hacia una banca.
Con relación a los delegados al Comité Nacional, la lista de Alfonsín obtuvo en nuestro distrito 987 votos (el 61%) y Pedro Azcoiti 430 sufragios (26%).
Sin duda uno de los grandes derrotados en esta contienda electoral fue precisamente el ex diputado nacional necochense, que fue arrastrado por la caída de Storani-Moreau, binomio al que siempre estuvo alineado Azcoiti.
Con mucho para perder -tenía un sólo representante en la junta electoral que controlaban Leopoldo Moreau y Federico Storani-, Alfonsín salió a desafiar mucho más que la titularidad de la UCR bonaerense, enfrentó al establishment del partido que llevó al radicalismo al borde de la extinción y que ahora apostaba a reciclarse detrás de la popularidad de Cobos.
La lealtad y convicción de Azcoiti con el storanismo lo arrastró a una de las más dolorosas derrotas experimentadas dentro del radicalismo.
El triunfo de Ricardito (como lo llamaban desde el storanismo) vale doble, porque se impuso a un aparato que no controlaba, sumándose a la historia de grandes batacazos como el que protagonizó Carlos Menem cuando le ganó la interna del PJ a Antonio Cafiero, por ese entonces al frente del partido.
El radicalismo también se dio el lujo de enviar un potente mensaje al resto de las fuerzas políticas, es la única estructura nacional que realiza internas como para definir sus autoridades, frente a los dedazos que imperan en los otros grandes partidos.
Un gesto muy positivo de normalización de la vida partidaria que por si mismo valió el esfuerzo y que engarzado con las primarias obligatorias -si es que finalmente se concretan- alientan la esperanza de una lenta recomposición del sistema político luego de la implosión de 2001.






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