Candela sigue sin Justicia

POR RICARDO ROA

Hace un año asesinaron a Candela Rodríguez, una niña que apenas había comenzado a vivir. Su cuerpo desnudo fue hallado por cartoneras, a un costado de la Autopista del Oeste.

El crimen causó tal conmoción que el manejo del caso escaló hasta la cima del poder : todos los recursos del Estado se enfocaron en su esclarecimiento. Pero en un punto, hasta ahora lo que hay es lo mismo que hace doce meses: una chica asesinada y ningún asesino .

Candela fue víctima de una trama mafiosa que salpica a su propia familia. No es una familia común: el padre está preso y una ex pareja de su madre, también. La nena estuvo nueve días secuestrada y los investigadores no acertaron con ninguna pista, pese a que se involucraron la propia Presidente y todo el gobierno de Scioli.

Ninguno pudo hacer nada para salvarla .

Se cree que alguien la convenció de abandonar la casa. Lo que pasó después sigue siendo un misterio . Se manejaron mil hipótesis, en las que se entrecruzaban bandas de narcos, policías corruptos, buchones y supuestas conductas sexuales perversas en torno de la nena.

Investigaron siete legajos reservados de policías, con escuchas y seguimientos incluidos.

Nada . Y hubo ocho detenidos, aunque todos están hoy en libertad . Dos son clave. Uno, Hugo Bermúdez, acusado de haber sido el autor material y también de haber abusado de la nena. El otro es Héctor “El Topo” Moreyra, supuesto autor intelectual y a la vez informante policial.

Pero en abril pasado, una Cámara de Morón dejó a todos en libertad. Cuesta entender el motivo: errores procesales en las indagatorias. Por eso, el Tribunal apartó del caso al fiscal que las tomó y al juez que convalidó las preventivas. Sin embargo, mantuvo intactas las pruebas reunidas. Nulidad rara: la investigación quedó a fojas cero en materia de acusados pero no de evidencias .

Es un muestrario de la ineficacia del aparato judicial. También hay otro, del uso político del crimen y es la Comisión Investigadora que el kirchnerismo armó en el senado provincial. La preside Jorge Donofrio, un legislador que llegó de la mano de De Narváez y ahora reporta a Mariotto.

Borocotó ha hecho escuela.

Ha reunido testimonios de irregularidades policiales (ver pág.3). Algunas o muchas tienen que ver con la desesperada necesidad de mostrar resultados: funcionarios que toman micrófonos y atrapan cámaras para anunciar avances desmentidos después por los hechos .

Pero además parece un esfuerzo por complicar la política de seguridad de Scioli antes que para contribuir a alcanzar la verdad.

El de Candela fue un crimen con huellas por todas partes. La ineficacia policial y judicial o la explotación política agigantan la impunidad , que es una constante que atraviesa la médula de la inseguridad en la Argentina.

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