Por Nelson Castro.La renuncia del ministro de Relaciones Exteriores fortalece a De Vido y condena a los Kirchner a rodearse de fanáticos.
“Tenés que ser leal como Boudou”, fue la frase con la cual Cristina Fernández de Kirchner lapidó a Taiana. Esta fue la gota que rebasó el vaso de su paciencia. Para un hombre de una larga militancia en el peronismo, atravesada por la crueldad de la cárcel con la que injustamente se lo castigó en los negros años de la última dictadura militar, el que se lo comparara con un converso de reciente arribo a las orillas del justicialismo fue demasiado. La renuncia fue cuestión de minutos. Y el dar a conocer a la opinión pública sus causales –“falta de apoyo y diferencias” con la Presidenta–, también.
Se sabe que todo el episodio relacionado con la embajada paralela en Venezuela montada por el Ministerio de Planificación, tolerada a todas luces por el matrimonio presidencial, venía molestando desde siempre a Taiana. En realidad, en la Cancillería éste es un tema que perturba tanto a la línea profesional como a la política. Todos tienen claro lo turbio del asunto que aún produce roces con el área que maneja el ministro Julio De Vido. “La salida de Taiana conlleva el fortalecimiento de De Vido”, reconocía una fuente de la Cancillería.
Taiana no veía razones para impedir la declaración ante la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados del embajador Sadous, hecho que, en cambio, sí preocupa al matrimonio presidencial. Ese fue el origen de la orden que recibió el ex canciller para bloquear ese testimonio. Eso lo molestó. Prueba de ello fue que, en lo que tal vez haya sido su último acto como funcionario, el ministro renunciante les hizo saber a los legisladores que no había ningún impedimento para la comparencia del diplomático. El tema sigue generando inquietud en el Gobierno. Prueba de ello fue el comunicado del Ministerio de Planificación del martes pasado, en el que se decía que el famoso fideicomiso con Venezuela nunca se había materializado. Esta afirmación está contundentemente desmentida por las evidencias documentales existentes, de las que esta columna dio cuenta en la edición de PERFIL del domingo 9 de mayo pasado.
Al respecto, y como muestra de la inexactitud de la afirmación del Gobierno, baste recordar el cable confidencial 0101952004 del 2 de diciembre de 2004, enviado a las 10.54 de ese día desde la Cancillería argentina a la embajada en Caracas. Dicho cable decía, en su parte esencial, que “se solicita al señor embajador (Sadous) realice las gestiones pertinentes al más alto nivel posible en el gobierno venezolano, manifestando preocupación por lo sucedido y solicitando la restitución de los fondos al fideicomiso y su aplicación a los fines previstos en el acuerdo integral de cooperación suscripto el 6 de abril pasado.”
Los acuerdos firmados expresaron la voluntad manifestada oportunamente por el presidente Hugo Chávez en el sentido de alcanzar una mayor cooperación e integración entre ambos países.
Conocedor de los vericuetos de la diplomacia, había muchas cosas que Taiana no compartía en relación con la metodología del matrimonio presidencial: las decisiones intempestivas que afectaron las relaciones con China, desde la suspensión del viaje de la Presidenta, en febrero último, hasta el cierre de importaciones que trajo represalias que aún hoy se mantienen para las exportaciones de aceite de soja; no compartía las incomprensibles limitaciones a las importaciones de productos alimentarios que la Presidenta niega y la realidad confirma. Consideraba, además, poco efectiva toda la estrategia seguida con el Reino Unido por el tema Malvinas.
La relación entre Jorge Taiana y Héctor Timerman nunca fue de las mejores. Ultimamente era malísima. Era un secreto a voces que Timerman, otro converso al kirchnerismo, anhelaba el cargo de canciller. Su afán de protagonismo complicó mucho las cosas en la relación con los Estados Unidos. Quienes tienen contactos dentro del gabinete del presidente Obama afirman que al flamante canciller allí se lo quiere poco y nada.
Taiana sabía que sus días al frente del ministerio estaban contados. Sabía, también, que más que un ministro era un secretario sin mayor participación en la elaboración de la política exterior del Gobierno, dictada directa y verticalmente por el matrimonio presidencial. Con esta renuncia, el Gobierno se va vaciando de aquellos funcionarios que tienen la temeridad de hacer el necesario aporte de voces críticas. “Encontró la oportunidad justa; se fue casi como un héroe”, reconoce alguien que supo ser parte del gabinete de Cristina Fernández de Kirchner.
Habrá que ver si el nuevo canciller encara su tarea a la manera de un reflexivo o de un cruzado. Su conversión al kirchnerismo –en las elecciones de 2003 había apoyado a Elisa Carrió– lo expuso, como no podía ser de otra manera, a contradicciones de forma y fondo. Los memoriosos lo recuerdan sosteniendo posturas fuertemente críticas al gobierno de los Kirchner, al que hoy defiende con singular virulencia: un kirchnerista puro.










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