"La acusación no está clara. No entiendo cuál fue mi participación concreta en las privaciones ilegítimas y en los supuestos tormentos", dijo Omar Aguilera, e insistió en ligar al gobierno constitucional de José Aquiles Regazzoli con el primer jefe de la Subzona 14, el torturador Ramón Camps.
Los dos represores declararon ayer durante la mañana, en el juicio que se le sigue a nueve integrantes de la Subzona 14. Fueron extensos monólogos donde no aceptaron preguntas. Eso impidió las repreguntas para completar "huecos" que ellos mismos, con sus versiones parcializadas, dejaron abiertos. El primero está imputado por 19 casos de privaciones ilegales de la libertad, agravadas por mediar violencia o amenazas, y en 9 de aplicaciones de tormentos; y el segundo en 25 y 15, respectivamente.
"La causa tiene como base un sumario instruido por (el entonces asesor letrado de Gobierno, Juan) Tierno. Hubo maniobras para conseguir los testimonios de subalternos analfabetos, a los que apretaron de todas maneras. Algunos firmaron sin leer", expresó Aguilera, apoyándose en unos apuntes manuscritos. Dijo que "me han hecho un daño irreparable, pero no tengo rencor", que en 1974 recibió "el premio a la sagacidad policial" y que su conducta fue "intachable, porque siempre serví a la sociedad y nunca me serví de ella".
Recordó que en 2003 un oficial le avisó sobre "una reunión en General Pico entre (Rubén) Marín, (Carlos) Aragonés (y los policías) Morello, Campagno, Blanco y Scheffer, en donde se incluyó a (Oscar) Yorio, (Hugo) Marenchino y (Roberto) Escalada (fallecido en 2008). Ahí fue que la lista de imputados pasó de seis a nueve. No lo creí, pero después supe que era cierto porque el 3 de noviembre me detuvieron".
En la misma línea de lo que había manifestado el martes el ex jefe de la Unidad Regional I, Roberto Constantino, indicó que Héctor Zolecio, una de las 28 víctimas de la causa, integró la Comunidad Informativa (un organismo que practicaba espionaje) y enfatizó que le llamó la atención que "el gobierno cons-ti-tu-cio-nal (silabeó así la palabra) le diera un despacho a Camps, en la Jefatura, donde recibía a políticos, entre ellos a (Antonio) Pacheco Berhongaray. Todo esto me hace afirmar que en La Pampa no hubo un golpe de Estado, sino que hubo una entrega de gobierno. Incluso una semana antes del golpe el jefe de Policía, (José) Silva Garracini, nos presentó a (Luis) Baraldini como el nuevo jefe".
Uno por uno.
Después Aguilera trató de refutar cada uno de los casos en que está involucrado. De las víctimas Clemente Bedis y Justo Roma indicó que no tuvo participación en sus detenciones y que en sus domicilios "se secuestraron cosas importantes". Como para él las detenciones fueron por delitos comunes, le dijo a Baraldini que no debían estar a disposición de la Subzona 14 sino de la justicia provincial, pero el militar prófugo respondió que había recibido una orden del jefe de la S14 (el militar Fabio Iriart, quien eludió el juicio por razones de salud).
Sobre Rodolfo De Diego afirmó que "le probaron que tenía materiales sustraídos", de Ana María Martínez directamente sostuvo que "no sé de quién se trata", de Héctor Zolecio que "no sé porqué lo detuvieron" y de Avelino Cisneros que "lo conozco, sé que estuvo a disposición de la Subzona".
Acerca de Nery Sanders de Trucchi aseveró que no la conocía, pero que supo que "se le hizo un proceso porque cobraba coimas a las empresas, en Obras Públicas, junto a Larragaña. Un cinco por ciento por adelantado. Fue una denuncia de Bassa, de Castex".
"Julián Flores me acusó de arrestarlo y torturarlo. Miente. En 1975 le pusieron una vigilancia camuflada en Equipos y Talleres. A las 20 mandaba al sereno a cenar y se quedaba hasta las 22. Fue sorprendido cargando cosas", justificó.
Sobre Zelmira Regazzoli, el imputado expresó que "jamás hablé con ella, no la ví detenida", de Raquel Barabaschi que "no tuve el gusto de conocerla" y de Dolly Girard que "hasta hoy no sé quién es". Finalmente reconoció que estuvo en Jacinto Arauz el 14 de junio de 1976, cuando el pueblo fue copado por militares y policías para aprehender a profesores del Instituto José Ingenieros, aunque adujo que "no hice ninguna detención porque ésa no era mi misión".
Tres largas horas.
Cenizo leyó durante tres horas un escrito de más de 150 páginas que le terminó entregando al tribunal. El también detalló caso por caso y se declaró inocente en todos ellos. Más allá de ciertos matices, el argumento defensivo se basó en un núcleo central de ideas: que las declaraciones administrativas de varios policías fueron "armadas", que con el paso del tiempo hubo contradicciones y/o modificaciones en los relatos de víctimas y testigos y que varios testigos ofrecieron falsos testimonios (nombró a las celadoras Nilda Stork, Dolly de Toldo, Edda Vilma Stemphelet de Barreix y Hermelinda Gándara y a los policías Ramón Crisanto Lastre, Carlos Sotelo, Juan Angel Bustos, Mauricio Diego Gaitán y Julio Díaz).
A la víctima que más tiempo le dedicó fue a Barabaschi, la única presente en la sala porque es querellante particular. "Me voy a defender de sus infamias", enfatizó. Enumeró las supuestas contradicciones en que cayó, calificó de "fábula" sus versiones, dijo que las fue "corrigiendo" con el paso del tiempo y se preguntó "por qué tiene tanto odio". Ella, en el juicio, detalló los tormentos y aplicaciones de picana sufridas en la planta alta de la Seccional Primera e involucró a Cenizo al expresar que las celadoras Stork y Toldo le confirmaron que él, Fiorucci, Reinhart y Constantino eran los torturadores.
Cenizo expresó que siempre cumplió funciones administrativas en la Policía y que fue incluido "por pura formalidad" en la "tristemente célebre" orden del día 129 por la cual fueron designados los integrantes de la fuerza que formaron parte de la Subzona 14. Adujo que apareció en ese listado porque era el ayudante de Constantino y no porque "era un joven selecto".
Tierno y Trouilh.
En otro tramo de su declaración, le apuntó con dureza a Tierno ("conocido públicamente por sus tropelías") por su papel en las actuaciones preliminares, y al instructor del sumario policial, Timoteo Trouilh ("nos perjudicó miserablemente a quienes estábamos con Constantino").
Acerca del primero afirmó que "armó una trama artera y miserable con Bernardo Contreras, Victorio Girotti y Primo Acosta, con cartas presuntamente espontáneas de supuestas víctimas, pero escritas con la misma máquina y los mismos errores de ortografía". Sobre el segundo señaló que "hubo una interna policial" por su enemistad manifiesta con Constantino. "Con el vapuleo mediático, aprietes y prepotencias (hubo policías que) terminaron firmando declaraciones que ya estaban redactadas y con nombres digitados".
Al final, Cenizo hizo un descargo más íntimo. Es injusto que porque estaba arriba (en la planta alta) digan que cometí los hechos que me imputan. A los 21 años ignoraba totalmente lo que pasaba en el país, aunque las órdenes que cumplí fueron legales. Era un oficial, con apenas dos años en la fuerza, en el momento y el lugar equivocado. Quizá debí irme, pero quizá la empatía con el uniforme no me dejó verlo. No acepté volver y pedí la baja. Por eso no cobro una jubilación. Dependo de mi familia y de algún amigo que cree en mí. Soy totalmente honesto y sincero".
Yorio: "Todo el sumario fue digitado"
"Por mi inocencia, por mi familia... por mis hijos y nietos, a quienes nunca tuve que dejar de mirar a los ojos, con el mayor respeto, les pido nada más que Justicia para mí". Así terminó ayer su indagatoria Oscar Antonio Yorio, cuya estrategia defensiva fue la enumeración de elementos que lo muestran como un ex policía que, si bien figuraba en una resolución de la Policía como miembro de la Subzona 14, nunca perteneció al grupo de tareas cuyos delitos de lesa humanidad se investigan.
Su declaración concluyó a las 22, luego de dos horas y media de intercalar la lectura de un escrito que entregó al Tribunal con comentarios y las respuestas a unas pocas preguntas que, en todos los casos, fueron realizadas por el presidente del Tribunal Oral Federal, José Mario Triputti.
El comisario retirado llegó a describirse como el "chico de los mandados de Baraldini". Su argumento contra las imputaciones fue que el 23 de marzo de 1976 pasó a revistar en la Jefatura de Policía como "ayudante" del jefe policial, el militar Luis Baraldini, quien permanece prófugo de la Justicia.
Al final de la indagatoria, Triputti dejó entrever que no creyó esa descripción sobre la relevancia de su función. "Su cargo era importante, no creo que eligieran a cualquiera para ocupar ese lugar. No me parece que usted fuera un "chico de los mandados" como dijo antes", le espetó el magistrado. "No en este caso. Baraldini era un hombre muy cerrado", respondió.
Antes había dicho que era "lógico" que por ser ayudante de Baraldini se considerara que había participado en muchas cosas, pero afirmó que el militar no lo comprometió en ningún tipo de procedimiento. Dijo que en los años de la dictadura su trayectoria policial lo puso de ayudante entre 1976 y 1977; jefe de Relaciones Públicas entre el '78 y el '79 y director de la Escuela de Policía desde el '80 hasta 1984 cuando fue trasladado a Realicó a instancias del gobierno de Rubén Marín.
Justicia.
El ex policía inició su declaración agradeciendo que, después de 7 años, pudo ser escuchado por un Tribunal. Dijo que hasta el inicio del juicio no pudo ejercer su derecho a defensa. Sobre todo apuntó contra el juez Rodolfo Canicoba Corral porque nunca lo recibió. "No soy delincuente, menos un represor y mucho menos torturador. Jamás en mi vida lo hice y jamás lo haría. En mis 26 años de servicio que tengo en la Policía de la Pampa, (...) no conozco una picana, jamás en mi vida vi una", dijo.
Reiteró en varios pasajes que fue privado de su libertad durante 2 años y 3 meses sin tener "nada que ver". Sobre los testigos y víctimas que lo acusaron dijo que mentían. Apuntó contra el sumario, al que el ex asesor letrado del Gobierno, Juan Carlos Tierno, quien declaró el lunes, calificó como una recopilación. Para Yorio fue una causa armada por un "psicópata" y "perverso", "un loco como todos los conocen".
Se quebró, como lo haría al final al pedir Justicia, al recordar que en 1984, ni bien comenzó la investigación sumaria, le dijo a su familia que se quedaran tranquilos porque no tenía nada que ver. Algunos de sus familiares estaban en el recinto. A diferencia del resto de los ex policías acusados, destacó que él salió airoso del sumario y que nunca fue exonerado de la fuerza. En ese sentido, dejó en claro que no fue beneficiado por las Leyes de Punto Final y Obediencia Debida, de modo que nunca entendió por qué lo detuvieron, bajo los mismos cargos por los que la Justicia lo había absuelto, cuando en 2003 fueron derogadas las leyes dictadas por el alfonsinismo.
Mintiendo.
Luego dio paso a un extenso repaso por los testimonios que lo implicaron. Dijo que la resolución del sumario administrativo es prueba de la "digitación", puesto que hubo policías que quedaron fuera de la instrucción aun cuando había acusaciones en su contra. Luego habló de su caso: "De las 35 víctimas no había una sola que me nombrara. De las 28 que quedaron para este juicio, sólo dos personas me nombran y voy a detallar cómo llegan a ello y con qué mentiras. Nadie me señala como partícipe de su detención, ninguna me señala interrogando. Jamás interrogué a una persona con los ojos vendados. Nunca torturé a nadie", afirmó.
Lo "medular" de su defensa fue que no trabajó en ninguno de los centros clandestinos de detención de esos años. Sólo en Jefatura. Incluso presentó certificados del colegio Ajax Guiñazú, porque aseguró que salía de su trabajo e iba a cursar entre las 20.20 y las 0.40. Sostuvo que su intensa actividad como ayudante de Baraldini en cuestiones administrativas le impedían pensar en otra cosa que el trabajo, algo queluego se reprocharía por poner a su familia en un segundo plano.
Acusó de mentir a los ex policías y testigos de la causa, Toldo, Stork, Lastre, Sotelo, Julio Díaz y Elsa Ester Flach y a los ex detenidos Mireya Regazzoli, Raquel Barabaschi, Luis Barotto, Erberto Cuevas y Alberto Larrañaga. A todos los acusó por decir que estuvo en los lugares de detención o participando en torturas o interrogatorios, algo que negó enfáticamente. Luego enumeró los nombres de los testigos que dijeron no haberlo visto, a los que citó uno por uno, pero sólo los mencionó para no extenderse más.
Sobre Mireya Regazzoli dijo que prestó tantas declaraciones como las veces en que cambió su testimonio. "Conformó un verdadero cachivache de cargos" dijo y recordó que Marín la llamó fabuladora. De Barabaschi, quien estaba presente, como querellante, dijo que no la vio en su vida. Dijo que mintió a sabiendas cuando contó que Atilio Navarro, hoy fallecido, le confió que él (Yorio) la había torturado. "Esa mentira se la atribuyo a ella, no a Atilio", dijo.
Reinhart.
Carlos Daniel Reinhart fue el primero en declarar en la jornada vespertina. Su indagatoria, que no permitió preguntas, rondó las tres horas. Dijo que trabajé en la Seccional Primera hasta el 26 ó 27 de marzo del '76, cuando ingresó a la Escuela de Policía a realizar el curso de oficial, de donde egresó el 23 de septiembre del mismo año, aunque continuó destacado en ese destinoí hasta diciembre, colaborando con el director.
Admitió que en el receso de julio volvió a la Primera y participó del operativo en Jacinto Arauz, pero con un rol menor, al punto que nunca ingresó ni a la comisaría del pueblo ni al Puesto Caminero. Dijo que sólo se ocupó de un retén en una ruta y de patrullar el pueblo. De regreso, estuvo encargado de trasladar un grupo de detenidos que fue, dijo, entregado en la Colonia Penal.
Atacó al sumario administrativo con el argumento de que sólo declararon policías subalternos que actuaron bajo presión y en muchos casos ni siquiera leyeron lo que firmaron. Incluso aseguró que los testimonios de los ex funcionarios de Regazzoli en esa instrucción fueron escritos por una persona, con una misma máquina de escribir, con el mismo léxico y formato, sin fecha y sin destinatario.
Lo extenso de su indagatoria se debió al repaso-lectura de todos los hechos que se le imputan, lo que declararon, quiénes lo incriminaron y su refutación a cada uno. El argumento principal fue su estadía en la Escuela de Policía desde los últimos días de marzo del 76 hasta diciembre de ese año, lo que, consideró, lo dejaba exento de toda imputación.
Sobre los hechos que se le imputan ocurridos antes o después de esos meses, como el de Ana Martínez, quien llegó en 1975 a La Pampa, trasladada desde Buenos Aires, donde la secuestró un grupo de la Policía Federal, dijo que ella misma declaró que no fue torturada en su estadía en Santa Rosa. Lo mismo dijo de María Zulema Arizo, la docente de Paso de los Algarrobos, detenida en 1978. Negó haber participado en el operativo y mucho menos en las torturas, dado que la propia docente declaró, según apuntó, en el juicio que no padeció tormentos.
Dedicó mucho tiempo a acusar a Tierno y a los ex policías Trouilh y Beigel, que instruyeron el sumario, de haber digitado las declaraciones de los subalternos y de acomodar la escena en el Puesto Caminero de Catriló, un día antes de que el juez Baglieto concurriera a realizar una inspección ocular en el año 1984.
Sobre el caso de Elba Edith Juárez, una mujer detenida en Intendente Alvear acusada de un homicidio, en abril de 1978, dijo que no participó de interrogatorio alguno y agregó que según los testimonios ella fue ingresada a la Primera a las 2 de la madrugada y torturada. El aseguró que por la noche cursaba el Colegio Secundario Nocturno y salía a las 0.40. "Nunca pude torturarla a la noche, porque el colegio estaba en la otra punta de la ciudad", dijo. Entregó al TOF los certificados escolares.
Negó, con el argumento de su dedicación exclusiva a la Escuela de Policía, las acusaciones sobre torturas a Barabaschi y a Regazzoli. A la primera la acusó de mentir en función de buscar una retribución económica.



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