Una de dos campanas

La desaceleración del crecimiento ya no es tema de debate. Sí lo es, en todo caso, establecer las causas. Por un lado están los que la explican desde la crisis sistémica que arrasó con las economías europeas como ejemplo más visible. Del otro, los que dicen que son problemas propios que se quieren disimular con el ejemplo anterior.
Uno de los mecanismos a los que apeló el Gobierno argentino para enfrentar la crisis en 2009, sin hacer valoración cualitativa, fue el uso de prácticas fiscales proactivas entre las que ha destacado la Asignación Universal por Hijo (AUH), que garantiza un ingreso a más de 3,5 millones de niños y adolescentes, hijos de trabajadores desocupados o informales.

En la actualidad, el camino elegido va en la misma dirección si tomamos en cuenta el Plan de Viviendas o la línea de créditos para jubilados como potenciales incentivos al consumo interno. La cuestión sería entonces ver cómo se financia una estrategia expansiva y distributiva en un marco de desaceleración de la actividad, que implica, entre otras cosas, un menor dinamismo en la recaudación.

Esto desde el punto de vista de la planificación interna; el otro tema es la administración de la crisis internacional, habida cuenta de las profundas modificaciones que ha generado fronteras afuera. Como bien resaltan algunos analistas, al término “ajuste” se le ha cercenado el concepto originario de la Real Academia Española, que lo define como “acomodar algo a una cosa”, para limitarlo según el criterio de la ortodoxia económica que le asigna un único e inapelable sentido: “achicar”.

De todo esto hablamos con Gustavo Ludmer, economista de la UBA e investigador de la Sociedad Internacional para el Desarrollo, y autor de un artículo junto con su colega Ariel Lieutier sobre la "profundización del sistema".

Noticias & Protagonistas: Cuando la Argentina crecía a tasas chinas, se hablaba de viento de cola. Ahora el mundo se nos viene encima. Si tomamos en cuenta los dos escenarios, ¿cómo quedamos parados y de qué manera mejorar nuestra situación?

Gustavo Ludmer: En principio, lo que quisimos mostrar en el artículo es que hay economistas que adjudican al crecimiento del mundo y los precios favorables de la soja el crecimiento propio, pero cuando hay un período recesivo, la culpa es por los problemas internos o las medidas del Gobierno. Nos parece muy injusto y, además, deja pendientes muchas cosas.

N&P: ¿Por ejemplo?

GL: A partir de los últimos meses entraron en recesión no sólo los “PIGS” europeos, sino también el Reino Unido y muchos otros países. El euro entró en zona recesiva impactando con fuerza. Durante el primer trimestre de 2012, el PBI de Brasil tuvo un crecimiento interanual de sólo 0,8 %, valor que contrasta con el incremento de 4,2 % que tuvo en igual trimestre del año anterior. Eso termina afectando a la economía nacional por menos demanda de exportaciones, lo que lleva a una guerra por los mercados y la limitación de las exportaciones. Ellos nos quieren usar para que abramos nuestra economía, pero a su vez mantienen cerradas las propias. Argentina, además, tuvo que soportar la sequía, una cosecha menor, restricciones a la compra de dólares afectando un poco el sector inmobiliario. Entonces, si bien esto es cierto, no hay que olvidar todo lo anterior.

N&P: ¿Y a nivel industria?

GL: En mayo, el mercado de automotores cayó un 46,7% porque las compras de Brasil disminuyeron muchísimo. La industria está muy vinculada con la de ellos, el 50% va a ese mercado. Este marco de desaceleración brasileña impacta en la producción argentina, que cayó un 20%; no es casual que las primeras suspensiones de personal fueron en esa industria. Lo mismo pasa con Nucete, que exportaba sus aceitunas a Brasil, que por problemas entre las Secretarías de Comercio Exterior frenaron la producción, aunque ya reabrieron.

N&P: El mundo está complicado. Estados Unidos no sale de su laberinto, es cierto lo de Brasil. ¿Pero no hay mucha desprolijidad en la Argentina? Está bien proteger el saldo de la balanza, no descapitalizarse, pagar la deuda, pero no parar cualquier cosa como las máquinas-robot frenadas en el puerto, ¿no cree usted?

GL: Estoy de acuerdo en que hay problemas puntuales de trabas, pero me parece que eso se relaciona con una redefinición del Gobierno para ver qué entra por Aduana, para defender la producción nacional. En los ´90 entraba cualquier cosa, aunque se destruyera a los productores locales. Vamos a tener que ver qué medicamentos entran, cómo afectan los puestos de trabajo argentino. Esto puede generar dificultades, exige una estrategia operacional. Hay problemas, es verdad, pero lo interesante es que responde a que el Gobierno quiere defender nuestra fuente de trabajo. Hay que verlo así, creo que ése es el por qué.

N&P: Preocupa la microeconomía por su desprolijidad. No podemos tener problemas para conseguir parches de morfina para enfermos de cáncer. Eso no debería ser un problema…

GL: No lo dudo. Pero también es cierto, porque lo hablé con titulares de hospitales, que esto de los remedios es por la actitud de ciertos laboratorios que frenan los medicamentos locales para aumentar el precio interno, aprovechando el freno en la Aduana. En realidad no falta morfina sólo porque no entran los parches, sino también por una especulación muy perversa.

N&P: Un colega suyo de la UBA que trabaja en fármacos nos decía que el 70% de lo que se consume en Argentina se puede producir acá, pero que no hay una resolución ministerial que obligue al compre nacional de esos medicamentos. ¿Cómo ve el panorama? Un economista del justicialismo afirma que no se sale sin una devaluación…

GL: El tema es que, en un contexto inflacionario, la devaluación se puede trasladar a precios, y eso anula el efecto. No sé si la desaceleración viene por la apreciación cambiaria. El Gobierno esta monitoreando el comercio exterior, y lo cierto es que no hay una avalancha de importación; viene más porque también cuesta cada vez más colocar producción afuera y la situación fiscal de las provincias es complicada; no tenemos la holgura del 2008 en las cuentas del Estado, hay menos margen para la expansión. Pero me parece bien que el Gobierno siga estimulando la demanda en sectores desprotegidos, dando fuerte aumento al salario mínimo, a la asignación por hijo, a las jubilaciones, superando la inflación, y que genere expansión de la demanda para motorizar el consumo, que es la base del crecimiento.

El “canal Brasil”

La crisis económica internacional es un dato insoslayable que genera un impacto decisivo en la actual coyuntura económica, sobre todo (aunque no únicamente) a través del denominado “canal Brasil”: nuestro principal socio comercial ha sufrido una fortísima desaceleración de su economía.

Esto no debe llevar a un reduccionismo acerca de que la suerte de nuestra economía se encuentra determinada por la de Brasil, pero sí es importante señalar que ambas economías se encuentran estrechamente vinculadas. Si observamos el efecto arrastre que puede generarle la consolidación del mercado con sus nuevos socios (China, India, Rusia), el efecto negativo de coyuntura puede transformarse en positivo a mediano plazo.

Al revés

Para la heterodoxia económica, lo peor que puede hacerse ante episodios recesivos es realizar “ajustes” (en el sentido “ortodoxo”) tales como los que se les está imponiendo día a día a Portugal, Irlanda, Grecia y España desde la troika conformada por el FMI, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo.

En dirección contraria irían los aumentos en el monto de la Asignación Universal por Hijo y de las jubilaciones, que “generan importantes efectos distributivos, en particular para los sectores más vulnerables” analiza el Ludmer, y agrega: “Es en este contexto que debe enmarcarse la discusión sobre el mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias. Pero también lo positivo es que abre el debate sobre la necesidad de que el Estado capte parte de las diferentes rentas oligopólicas de nuestra economía”.

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