Chávez y Capriles se descalifican sin piedad
Ayer, el flamante candidato opositor Henrique Capriles afirmó que los insultos que le dedicó el presidente Hugo Chávez muestran que es un “boxeador agotado, grandote, peso pesado, que está viendo de dónde saca un golpe” para noquear.
En una entrevista publicada por el diario El Universal, Capriles consideró que la pelea por la presidencia en las elecciones del 7 octubre es una de “David contra Goliat”.
Fue ésa la primera respuesta oficial a los ataques del mandatario, que la semana pasada “pinchó” a su rival en varias oportunidades, llamándolo “burgués, majunche (copia defectuosa), cochino y candidato del imperio”.
El mandatario advirtió a Capriles que deberá entrar en una confrontación proselitista con él, pues planea “desmontarle su discurso lleno de mentiras”.
También Chávez acusó a su contrincante de querer imitarlo, y no está tan alejado de la realidad.
No es extraño que la oposición eligiera a Capriles como su representante porque es la última carta que le queda jugar, luego de 13 años de haber intentado sin éxito diversos métodos de desalojar al presidente del poder.
El líder opositor muestra una imagen conciliadora, de hombre sencillo, atento a los problemas sociales, despolitizado, joven y enérgico.
De esta manera, evita que se lo asocie con las medidas neoliberales implementadas por la desprestigiada clase política venezolana, principalmente en el último gobierno de Carlos Andrés Pérez.
Su discurso apunta a una propuesta de construir sobre las bases sociales que sentó el chavismo pero, según él, para profundizarlas y que “lleguen a todos los venezolanos”, deslizando una crítica al oficialismo de que supuestamente tiene cooptadas a millones de personas con planes de asistencia.
Así, intenta alejar el miedo de muchos ciudadanos a perder los innegables avances sociales con los que se benefician y además captar a los indecisos, clases media y baja y a los desencantados con el oficialismo.
No solamente 13 años de gobierno desgastan a cualquier líder sino que además la violencia urbana, la alta inflación, la corrupción y en algunos casos el abuso de poder han alejado a varios votantes, aunque diversas encuestas sitúan a Chávez con un 65% de imagen positiva.
Intentos de vencer a Chávez. La oposición reunida en la Mesa de Unidad Democrática (MUD) desenvolvió diferentes estrategias para derrotar al chavismo, utilizando métodos violentos y también democráticos.
El abandono masivo de las campañas electorales, apoyo al golpe de mercado petrolero en 2002 y 2003, participación activa en el intento de derrocamiento de Chávez en abril de 2002 y las falsas denuncias de fraude fueron intentos fallidos.
Además, las fracturas internas que han sufrido los opositores demostraron que no existía el candidato que pudiese competir con Chávez.
Cuando más se radicalizaba la MUD, más fortalecido salía el presidente. Sin embargo, haber apostado por Capriles es el nuevo disfraz que adoptó la oposición, ya que en sus alocuciones se muestra alejado de la derecha y de la izquierda y de los partidos tradicionales, pero con una conciencia social.
Ese discurso para captar a los indecisos es falaz porque no existe un plan de gobierno desideologizado. Para gobernar hay que tener posturas definidas sobre temas básicos, como por ejemplo el alcance de los mercados y el control del Estado.
Moderado y ambiguo. La carrera de Capriles comenzó en 1999 cuando fue elegido diputado a los 26 años. En esa época se declaraba admirador de Chávez, pero cuando fue alcalde de Baruta (2000-2008) se lo acusó de haber acompañado la violenta embestida de los antichavistas contra la embajada de Cuba durante el intento de derrocamiento del presidente en abril de 2002, aunque un tribunal lo absolvió.
Luego, en 2004, la policía denunció que unos 80 paramilitares colombianos se movían libremente por Baruta, hecho en el que quedó implicado Capriles.
Más allá de la imagen moderada que pretende exhibir y en la que llega a mostrarse preocupado por los más débiles, sus propuestas de campaña son ambiguas y caen en el lugar común. Aseguró que para terminar con la violencia hará una inversión en los sectores de salud y sobre todo en educación.
Sus permanentes referencias al ex presidente brasileño Lula da Silva son un táctica ya usada con éxito por Pepe Mujica en Uruguay y por Ollanta Humala en Perú. Pero esto demuestra que el candidato de la derecha aspira a limpiar la imagen desestabilizadora de la oposición.
Asimismo, intenta conformar a todos los sectores con su citas a Lula, ya que el brasileño implementó medidas que redujeron la pobreza y el hambre, pero también tuvo que ceder ante las presiones de las multinacionales por la implementación de semillas transgénicas y la privatización de una gran parte del Amazonas.
Ésta es la primera vez que la oposición se encolumna detrás de un candidato carismático para los antichavistas, a pesar de las enormes diferencias internas, que intentará ocultar hasta octubre.
Su perfil dialoguista, su lenguaje sencillo y sus referencias a los problemas cotidianos encarnan en Capriles una nueva estrategia opositora, nunca antes utilizada contra Chávez. ¿Dará resultado?




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