La campaña sucia llega a la Justicia

Adrián Ventura

En una campaña electoral, el río siempre baja turbio y la Justicia sólo puede quedar salpicada.

La semana última, el juez porteño Roberto Gallardo allanó el Ministerio de Desarrollo Social , lo cual obviamente podría perjudicar la gestión de Mauricio Macri. El jefe de gobierno porteño, raudo, denunció una conspiración .

Quienes critican a Gallardo explican que es profesor de la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo, una agrupación cercana al kirchnerismo.

Quizás sean injustos o maliciosos. Pero ¿es Gallardo realmente libre? Tuvo un juicio político en su contra, del que se salvó sobre el segundo final cuando el Tribunal de Enjuiciamiento declaró que había vencido el plazo máximo de sesenta días sin que se le formularan las acusaciones. En ese desenlace tuvo un peso decisivo el abogado Juan Manuel Olmos, un apoderado del FPV. Pero Gallardo también está bajo investigación de un juez federal, imputado de haber realizado procedimientos supuestamente irregulares.

Gallardo no es el peor de los jueces. Pero en Tribunales dicen que es el equivalente porteño del juez federal Norberto Oyarbide, que instruye el caso Schoklender, entre otras causas polémicas.

Tal vez el kirchnerismo se haya apropiado de amplios sectores de la Justicia, a pesar de los propios jueces.

Olmos, el citado apoderado del Frente para la Victoria, acaba de denunciar ante la justicia federal que el candidato Daniel Filmus es víctima de una campaña sucia, con carteles y llamadas telefónicas que lo vinculan con el caso Schoklender y con el escándalo que protagonizó María Rachid en el Inadi.

Es absolutamente injusto sugerir que Filmus pueda tener alguna relación con esos hechos de corrupción. Pero también es indudable que es candidato del mismo gobierno cuyos funcionarios -Guillermo Moreno o Amado Boudou, entre otros- aceptaron tener a su lado, en actos políticos, a Schoklender. Y también es incuestionable que en su lista de candidatos lleva a Rachid.

Ni la lentitud en la que ingresó el caso Schoklender, ni el procedimiento de Gallardo, ni las compañías que rodean a Filmus o a su entorno pueden pasar inadvertidos.

Tal vez cabe recordar lo que respondió Pablo Picasso cuando los nazis allanaron su casa de París y le preguntaron por el cuadro Guernica , donde el genial artista retrató los horrores de un bombardeo durante la Guerra Civil española: "Esto no lo hice yo, lo hicieron ustedes", respondió sobre las atrocidades que representaba su pintura.

Pero si faltaba algo para enturbiar el agua, hay otro dato desconcertante: la jueza federal María Servini de Cubría está empeñada en declararse competente para instruir la denuncia de Filmus, un caso que, en realidad, tiene relación con las elecciones porteñas y que debería tramitarse en los tribunales de la ciudad.

Anteayer, en tanto, la Policía Metropolitana y los fiscales porteños hicieron varios procedimientos sobre los "manteros de la calle Florida", vendedores ambulantes que tienen protección. Eso no pasaría de ser un simple hecho policial, salvo por una circunstancia: en una de las cuevas allanadas se encontraron pruebas de que los "manteros" son protegidos por comisarios de la Policía Federal y, también, encuestas laborales del Ministerio de Trabajo.

También la Corte sumó una buena nota: el martes último, invalidó una resolución del Consejo de la Magistratura que, hace un año, había autorizado a los funcionarios judiciales a afiliarse. Es bueno para preservar la independencia. También muestra que el liderazgo de Hugo Moyano en la CGT y su adlátere judicial, Julio Piutamo, están más débiles que hace un año.

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