El MPN y los caminos del oficialismo

Las razones de Sapag las sabe él. Pero hay distintas traducciones de ese presunto pensamiento íntimo. Los que están a favor, y los que no. La otra versión: ley de lemas. El pueblo y sus senderos misteriosos no son siempre previsibles.

Los sentimientos del pueblo suelen circular por caminos misteriosos para la acotada visión que tiene una superestructura cultural integrada por políticos, empresarios, sindicalistas, periodistas. Así es como muchas veces, es cierto, se construye un “relato” (Cristina dixit) que está compuesto por falsedades, preconceptos, estadísticas tramposas, consultorías fraudulentas. Entonces, lo que sale en los diarios, en la TV, lo que se dice en las radios, se convierte en relativo. No es la realidad, sino una opción posible de la realidad.

En el precipitado proceso político en Neuquén que deviene de la interna del MPN, se está jugando culposamente con las realidades posibles, los universos opcionales. Es un divertimento interesante, y hasta puede entenderse –para algunas situaciones- como estrategias conscientes apuntadas al 2011. Todo vale, pero siempre y cuando no se olvide que la realidad del pueblo existe con independencia de estas especulaciones lúdicas.

En el empeño por analizar la coyuntura de la manera más objetiva posible, hay que admitir que no es posible saber qué pensó, ni qué piensa, en la intimidad, el gobernador Jorge Sapag. Ha sido, en estos dos años y medio de mandato, un mandatario muy hablador frente a una inexorablemente pequeña cantidad de periodistas en conferencias de prensa generalmente realizadas al paso de algún acto público. Pero renuente a la entrevista personal, a la que necesariamente indaga a niveles más profundos, la que siempre tiene un “on” y un “off”.

La única posibilidad, por ende, es evaluar sus hechos políticos, a través de los que sin duda se expresa. Y atender también a las frases que eventualmente sueltan –siempre con intención- quienes presuntamente sí acceden a un mayor nivel de intimidad con este hombre que tiene la enorme responsabilidad de gobernar una provincia en pleno tránsito de un modelo productivo extractivo y no renovable, hacia otro que garantice el sustento del futuro.

En la semana, se pudo detectar dos comportamientos básicos frente a la decisión de no presentarse como candidato a presidir el MPN y retirar (en realidad, no alcanzó a presentarse) de la competencia a la Lista Azul.

El primero, de quienes están de acuerdo con esta estrategia. Dicen que Sapag corría el peligro de jugar al todo o nada antes de tiempo en la interna del 15. Que no valía la pena, porque ante una eventual derrota ponía en riesgo un año y medio de gestión que le queda para este período, porque le dificultaría gobernar el peso de una derrota (y del triunfo de su eventual oponente). Que por lo tanto más inteligente era jugar el año que viene el todo o nada directamente a la reelección. Que la conducción del partido no será un obstáculo, menos si se obtiene al menos 50% de la Convención mediante la representación de los intendentes oficialistas, a través de la Lista Naranja, más la que puedan agregar los Violetas.

El segundo comportamiento es el que puede traer problemas para el oficialismo. Es el de quienes no estuvieron ni están de acuerdo con el “renunciamiento”. Dicen que no presentar la Lista Azul es una virtual traición a quienes la componían más allá del propio Sapag. Que ahora quedan sin representación cuando hubieran querido jugar. Que era necesario ocupar el espacio y competir como único modo de frenar a Sobisch, e incluso, de ponerle un techo más cercano a Brillo, que se erige como una opción peligrosa también para los planes oficialistas. Que, en definitiva, se diluye la construcción que habían soñado, que era la de un MPN sin Sobisch, o con Sobisch muy acotado, casi reducido a una mínima expresión.

En este mundo de las especulaciones y la laboriosidad del ingenio antes que la práctica desembozada de la política, también se hizo correr la versión sobre una eventual ley de lemas. Se entiende que es otra posibilidad, la de patear directamente el tablero haciendo lo que el peronismo hizo con Duhalde, cuando hizo jugar la interna directamente en la general, método que le permitió anular a Menem, aunque a costa de sufrir a Kirchner.

Según se coincide entre quienes gustan de afirmar pese a que no haya pruebas tangibles, hubo filtraciones intencionadas y otras involuntarias sobre esta posibilidad. Las dos versiones apuntan al gobierno de Sapag como el laboratorio del que surgió el tema. Este diario recogió dos versiones. Una, reservada, fue una confesión que un funcionario del Gabinete hizo, con unas copas de más, en una mesa que era compartida con un ex diputado, que después salió a contar a diestra y siniestra. La otra, pública, fue comentada por un periodista de los que sí generalmente hablan con el Gobernador –círculo áulico restringido- en una charla entre colegas, por radio CALF. Esto fue lo más llamativo, ya que después otro miembro del Gabinete “operó” directamente sobre el clipping de medios para borrar la parte del diálogo en el que se había mencionado la ley de lemas.

En realidad, lo que suena y a la vez molesta en el MPN, y que puede y es utilizado por quienes son actualmente opositores desde la interna al actual gobierno, es la posibilidad que se abre de una eventual “abierta” en donde todos compitan, a que el kirchnerismo pueda directamente respaldar la reelección de Jorge Sapag, en el caso de que una eventual coalición con Martín Farizano u otro referente que la encabece, no aparezca con posibilidades de ganar claramente para desplazar al MPN.

¿Es en realidad esto posible? Hay una certeza: no puede descartarse como posibilidad, por ahora, tal como están las cosas. Hay que tener en cuenta que en el MPN no hay nada definido, y en la oposición, todavía poco y resta mucho por definir.

Y hay que considerar lo que se dijo al principio de esta nota: los sentimientos del pueblo suelen transitar por caminos misteriosos. Resta, ni más ni menos, que esperar qué camino elige el pueblo.

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