Cameron y Merkel impulsan más ajustes pese a las protestas sociales

El gobierno de coalición de Gran Bretaña planea nuevos recortes de hasta un 40% para el sector público. Los laboristas afirman que la medida costará un millón de empleos
El gabinete de coalición de Gran Bretaña defendió ayer su plan de considerar recortes por sobre lo esperado en el gasto público, pese a que sus opositores advirtieron que la medida podría generar una segunda recesión y una ola de protestas.

El partido Laborista, que perdió el poder tras 13 años, dijo que la decisión del gobierno de buscar recortes de hasta un 40 %, en vez del 25% anunciado el mes pasado, podría llevar a una gigantesca pérdida de empleos.

“Los pronósticos del propio gobierno muestran que estas medidas podrían poner la recuperación en riesgo con un menor crecimiento y provocar la pérdida de un millón de empleos,” sentenció el ex-ministro del gobierno laborista Ed Balls.

Además, los ministerios de Defensa y Educación sufrirían recortes hasta el 20%.

Con este plan, queda claro que la principal prioridad del primer ministro británico, David Cameron, es reducir el déficit histórico, que asciende a los u$s 237.000 millones. Sin embargo, deberá lograr un equilibrio entre esa medida y la promesa de proteger algunos servicios públicos, al tiempo que buscará mantener unida a la primera coalición británica en 65 años.

En este marco, analistas observan desde cerca a la alianza entre conservadores y liberales demócratas, en busca de cualquier señal de que los impopulares recortes puedan debilitar a la coalición o provocar disturbios.

Angela Merkel también planea continuar con la política de ajuste. Ahora quiere reducir los nuevos préstamos netos en cerca de u$s 100.000 millones durante cinco años, recortando la oferta de deuda referencial de Europa y agregando presión a otros miembros de la zona euro para que ajusten sus propias finanzas públicas. Además, el borrador de presupuesto para el 2011, que el gabinete planea aprobar este miércoles para ratificarlo en noviembre en el Parlamento, consolidará una reducción de u$s 42.000 millones en nueva emisión durante los próximos dos años, comparado con planes anteriores.

Pero los recortes pueden erosionar su baja popularidad récord y socavar su autoridad, que recientemente recibió un duro golpe cuando miembros disidentes de su coalición de gobierno se negaron inicialmente a respaldar su elección para la presidencia de Alemania, un cargo mayormente simbólico.

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