Rusia es el principal aliado de Al-Assad
LONDRES (AFP).- La guerra civil en Siria volvió ayer a dejar en evidencia las diferencias entre las potencias occidentales y Rusia, cuando el primer ministro británico, David Cameron, fracasó en intentar convencer al presidente ruso, Vladimir Putin, de abandonar su política conciliadora hacia el régimen sirio.
Putin y Cameron constataron ayer sus desacuerdos sobre Siria durante una comida en la residencia del líder británico y antes de que ambos asistieran a las finales de judo -deporte predilecto del presidente ruso- de los Juegos Olímpicos, que se desarrollan en la capital británica.
"Ha habido algunas diferencias en las posiciones que hemos tomado sobre el conflicto en Siria. Ambos deseamos el fin del conflicto y una Siria estable y continuaremos conversando para seguir adelante", dijo Cameron.
Putin, en tanto, destacó que había puntos de convergencia respecto del conflicto que desangra a Siria desde hace 17 meses. "Nos pusimos de acuerdo para seguir trabajando con el fin de encontrar una solución viable", afirmó el líder ruso.
Rusia, aliado de Damasco, bloqueó en tres ocasiones resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que amenazaban a Siria con sanciones. Además, Moscú no suspendió la entrega de armas al régimen del presidente Bashar al-Assad.
Gran Bretaña y sus socios occidentales de la OTAN exigen la salida de Al-Assad del poder para terminar con la violencia e iniciar la transición política..



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